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El oficial y el espía (J’accusse) (***)

3 enero 2020

Germen antisemita

A finales del siglo XIX el caso Dreyfus sacudió y dividió a la sociedad francesa. Un oficial judío fue degradado y encarcelado por supuesta revelación de secretos de estado. El comandante Picqart, que posteriormente llegó a ser ministro de la Guerra, intentó rehabilitarlo y fue expulsado por ello.

A finales del siglo XIX toda Francia se conmocionó por un asunto de espionaje que derivó en un consejo de guerra que dictaminó la degradación y encarcelamiento del capitán Alfred Dreyfus por revelar secretos oficiales a un país extranjero. El asunto ha vertido ríos de tinta y fue llevado al cine en varias ocasiones. Incluso, la última novela de Émile Zola se refería a él. El escritor, así como editores de periódicos y otras personalidades fueron condenados por la defensa del oficial. En el caso del autor de La bestia humana, recibió el castigo de un año de cárcel tras el artículo titulaso J’accusse, publicado en el rotativo L’Aurore.

Roman Polanski, polémico en su vida privada, ha utilizado esta historia de modo egoísta. No hay paralelismo entre su existencia y la de Alfred Dreyfus -Louis Garrel-, pero él se ha centrado en la narración de una condena injusta, avivada por el antisemitismo en la cúpula militar. De esa misma condición era el comandante Georges Picquart -Jean Dujardin-, profesor en su día de Dreyfus. Estaba, como cientos de soldados en el acto de degradación, reflejado ampulosamente en la primera secuencia del film y llegó a decir a un compañero que era como si les hubieran liberado de la peste.

Poco después, cuando se convierte en el coronel más joven del ejército galo, es nombrado jefe del servicio de la inteligencia militar. Desconfiando de su subalterno, Henri -Grégory Gadebois-, asume los detalles más comprometidos y llega a la conclusión de que el máximo argumento contra Dreyfus, un trozo de papel desgarrado que la historia ha popularizado con el nombre de petit blue era una falsificación. Sus pesquisas evidenciaban el error cometido por su antecesor y ponía en jaque a la cúpula militar en un momento histórico comprometido. Realmente, el máximo implicado era el comandante Ferdinand Walsin Estherházy, quien estaba en connivencia con el agregado militar alemán.

No tardaron en acosar a Picquart, haciendo públicos sus amores incestuosos con Pauline Monnier -Emmanuelle Seigner-. Fue encarcelado tras el segundo consejo de guerra a Dreyfus y el artículo de Zola. Hasta aquí llega la propuesta de Polanski, que resume escasamente el futuro con apenas unas líneas y una secuencia en la que se ven frente a frente los dos militares protagonistas. El parisino, que se basa en una novela de Robert Harris, acota su propuesta en claro beneficio a su reivindicación. Insiste en su evidente racismo y la condena a un inocente.

Nos obliga a que asumamos la trampa de una prolija exposición y un apresurado remate por interés personal. En ese aspecto, el León de Plata en Venecia parece exagerado. Todo lo contrario que el trabajo del cineasta detrás de las cámaras. Cada uno de sus planos es magnífico, relatando lo que sucede en escena y completándola siempre por acciones que se llevan a cabo de forma paralela en cada uno de ellos. Su puesta en escena es admirable, al igual que la dirección artística y el vestuario. Algunos pasajes, aunque cortos, son memorables, como la visión de soledad y aislamiento que ofrece la isla Diablo, donde es desterrado Dreyfus.

El conjunto se resiente de un guion en el que se mira demasiado al ombligo. Las bellísimas imágenes y la composición de cada una de ellas resultan irrefutables. La mirada de un maestro que, sin embargo, se queda por debajo de sus mejores obras, desde La semilla del diablo a El pianista, pasando por Chinatown. Enfoca a sus personajes dentro del más puro estilo castrense y ninguno de los actores alcanzan su mayor altura. Jean Dujardin, el más valorado, se muestra mucho más convincente cuando abandona el hieratismo al que le somete el autor.

La actuación de los personajes más destacados da la sensación de que se reducen a monosílabos. La película es minimalista en este sentido, como también la partitura compuesta por Alexandre Desplat. Contrasta con la ampulosidad de los exteriores y de las salas donde tienen lugar los juicios. Por eso se resienten principalmente las actuaciones. Los componentes del elenco, en su mayoría, están demasiado constreñidos y lucen bastante menos que los apartados técnicos.

From → Cine

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