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Richard Jewell (***1/2)

4 enero 2020

La reivindicación de un  héroe

Un guardia de seguridad descubrió una mochila sospechosa colocada en una zona céntrica de los Juegos Olímpicos de Atlanta. Al término de un concierto la bomba provocó dos muertos y más de un centenar de heridos. Aclamado como héroe, el vigilante se convirtió en sospechoso tras una información periodística.

Con la historia de Richard Jewell, que cobró notoriedad el 27 de julio de 1966, Clint Eastwood lleva a la pantalla dos de sus cuestiones recurrentes. Por una parte, la reivindicación del héroe caído en desgracia, y por otra el poder del periodismo y la posibilidad de que una noticia no documentada suficientemente puede alterar la inercia social. No arremete implícitamente contra la Primera Enmienda de la Constitución, en el apartado que protege la libertad de prensa, pero invita a una reflexión profunda sobre ella.

Richard Jewell –Paul Walter Hauser- estaba contratado temporalmente como guardia de seguridad durante los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1966. Como otros compañeros, trabajaba codo con codo con agentes profesionales. Fue durante un concierto de Jack Mack and The Heart Attack en el Centennial Olympic Park cuando descubrió una mochila sospechosa debajo de un banco. Una llamada anónima denunció la colocación de un artefacto explosivo y gracias al hallazgo de Jewell y a su intervención desviando a la multitud, la detonación solo causó una muerte directa, otra más en la persona de un camarógrafo turco que sufrió un infarto, y más de un centenar de heridos.

El guardia de seguridad fue aclamado como un héroe al haber salvado la vida de muchos de sus conciudadanos. Los Juegos habían comenzado una semana antes y prácticamente se encontraban su epicentro. Previamente, el filme había contado su pasado como miembro de limpieza y reparto de un bufete de abogados y su paso como vigilante en el Piedmont College. En ambos casos, se excedió en sus responsabilidades, lo que desembocó en su despido. Finalmente se trasladó a Atlanta Junto a su madre Bobi, interpretada por una magnífica Kathy Bates, la auténtica reina de una función que muestra un reparto bastante medido y eficiente.

La situación se complicó para Jewell con la aparición de Kathy Scruggs –Olivia Wilde-, una periodista del Centennial Olympic Park, The Atlanta Jounal-Constitution. A base de coqueteos y sin evitar insinuaciones sexuales, consiguió que Tom Shaw –Jon Hamm-, el agente del FBI encargado del caso, le revelase que Jewell figuraba entre los sospechosos al responder al perfil de un hombre blanco, supremacista y lobo solitario. Sus antecedentes también jugaban en su contra. Pudo haber sido él quien quisiera gozar de protagonismo el que colocase el artefacto explosivo e hiciese la llamada telefónica a la policía. De la noticia, publicada en primera página, se hicieron eco noticiarios nacionales y la credibilidad del vigilante se vio socavada. Por ello, recurrió a Watson Bryant –Sam Rockwell-, un abogado que había conocido en su primer puesto de trabajo y que ahora se había establecido por cuenta propia.

Eastwood utiliza una narración directa, con imágenes certeras, como los clavos consecuencia de la detonación, que fueron los que realmente causaron las heridas de más de cien personas al obrar como proyectiles. La masacre pudo haber sido mayor si no se hubiera movido la mochila, ya que una plaza de acero podría haber ejercido de amplificador. También por la actuación de Jewell y sus compañeros, que alentaron a los asistentes del concierto para que evitaran la zona del posible impacto.

Una vez más, el ex alcalde de Carmel utiliza al héroe anónimo caído en desgracia cuya figura reivindica. Sucedió con Sully. Un ejemplo más de la intervención de los medios informativos, al estilo de Ejecución inminente. Alcanza su cénit en este sentido cuando Boby y Bryant solicitan a Scruggs que se retracte. La historia tiene fuerza y Eastwood sabe contarla, de forma que se revindica como cineasta, aunque no tuviera necesidad de elolo, después de unas películas en las que ciertamente había bajado el nivel. Lo que no puede evitar es su autocomplacencia con el sentimentalismo. A medida que se ha hecho mayor, y ya está bordeando los noventa, esa característica se ha ido acusando.

Richard Jewell, un verso suelto en muchos aspectos, tendente al supremacismo y poseedor de diversas armas, no ha vivido lo suficiente para ver la reivindicación que de su figura ha hecho el séptimo arte. En una secuencia final, bastante alejada de la realidad, la película incide en la ternura y desnivela en cierto modo la narración firme de los hechos. Así se hace desde el principio en torno a una figura que físicamente recuerda a Oliver Hardy y que nos ha dejado una nueva actuación para enmarcar de Kathy Bates.

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