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Cerca del horizonte (Dem Horizont so nah) (**)

21 enero 2020

Cerca del horizonte – El dolor de la felicidad

Jessica parece totalmente enfocada hacia a una vida sin complicaciones. El día que conoce a Danny todo dará un vuelco. Tras una serie de malentendidos se enamora de un joven apuesto, modelo, practicante de kicboxing y sin problemas económicos. Sin embargo, guarda un secreto que incidirá directamente en su relación.

Si tuviera que elegir lo que más aprecio de esta película escogería sin duda la conexión en la pantalla de la joven pareja protagonista. Realmente, parecen hechos el uno para el otro y logran transmitir su fuerza conjunta más allá de la pantalla. Asumen los roles de dos personajes reales, ya que los hechos están basados en un acontecimiento verídico que Jessica Koch relató en un best seller siete años después de los acontecimientos. La novela, primera de una trilogía, resultó un éxito de ventas que se ha convertido en esta película dirigida por Tim Trachte, cuyo único presente es una comedia de corte fantástico, la tercera de una saga con escasa acogida fuera de Alemania.

Jessica -Luna Wedler- trabaja en una empresa familiar de catering. No tiene más aspiraciones que seguir adelante con una vida sin sobresaltos. Así se lo confiesa a su mejor amiga, Vanessa -Kristin Hunold-, quien se marcha a Berlín para trabajar como asistente de moda. La protagonista acaba de cumplir dieciocho años, ya tiene carné de conducir y una furgoneta cedida por su padre. Para celebrarlo junto a otras muchachas de su generación visitan el parque de atracciones. Allí conoce a Danny -Jannik Schümann-, un joven atractivo, y ambos se sienten mutuamente atraídos.

Después de una serie de desencuentros, comienza el idilio. Danny es un atractivo modelo, practica kickboxing, conduce un mercedes deportivo y vive en una casa de lujo. En ella se encuentra con Tina -Luise Befort-, quien no la recibe de la manera más amigable. Previamente, Danny le había advertido que no se acercara demasiado a él porque le traería complicaciones. Se trata de un adonis que, según la protagonista, le basta con chasquear los dedos para tener detrás de él a un montón de chicas. Sin embargo, Tina advierte que él nunca lleva a cabo esa acción.

Hasta ese momento, la cinta apenas tiene desperdicio. Asistimos embobados al acercamiento entre los protagonistas y a la existencia cómoda de Jessica, tanto con sus amigas como con sus comprensivos padres, Rufus y Johanna -Stephan Kampwirth y Victoria Mayer-. El idilio transcurre de forma creíble y la química de los acores lo favorece. Todo apunta a un romance almibarado con distintos altibajos. En ese momento se produce el mazazo. Danny es seropositivo. Sufrió abusos por su padre durante un par de años hasta que terminó en una casa de acogida y se encontró con Jörg -Denis Moschitto- como tutor. Fue su tabla de salvación.

En cuanto a Tina, sufrió experiencias similares y se refugió en la droga. Ambos se reconfortan mutuamente, se protegen uno al otro y mantienen una amistad reforzada con lazos de confianza. Ese deseo de protección los lleva a crear un escudo preventivo ante cualquier persona que se acerque. Desde que se desvela el secreto la película se vuelve previsible. Hay que desdoblar los pañuelos y revivir una especie de Love story a la alemana. Hay tres cuartos de hora por delante. Demasiado tiempo para describir un desenlace previsto que se vive con emoción gracias a los pilares que sustenta el amor incondicional entre la pareja.

Es cierto que hay altibajos en su relación, aunque provienen de su entorno exterior. Sin ir más lejos, los padres de Jessica no están de acuerdo en que su hija se vaya a vivir con un novio que, en 1999, parece condenado a una muerte próxima. También Vanesa se convierte en un foco de dramatismo cuando advierte en público la enfermedad de Danny. De una forma u otra, se puede ir anticipando cada situación. De camino al desenlace sufre de los mismos problemas que cualquier historia de este tipo. La agonía se prolonga demasiado. Ha fórmulas para concretarla y no tener que recurrir a un segundo pañuelo a causa de la emotividad que despierta.

El resultado es desigual, aunque nos deja una actriz, Luna Wedler, a la que deseamos ver pronto en la pantalla con otros papeles exigentes. Otros aspectos son discutibles, como el vestuario de la protagonista, especialmente cuando acude al kickboxing, o que no se extraiga más partido a los escenarios naturales. El director de fotografía, Fabian Rösler, consigue pasajes muy valiosos gracias a una buena iluminación, aunque no consigue dar con los contrastes que valorarían mucho más su aportación.

From → Cine

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