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Dios es mujer y se llama Petrunya (Gospod postoi, imeto i’ e Petrunija) (***)

23 enero 2020

La mujer que abrazó la cruz

En una pequeña localidad de Macedonia cada invierno tiene lugar una acto festivo y religioso cuando un sacerdote lanza al río una cruz que proporcionará un año de buena suerte al que consiga atraparla. En 2014 se hace con ella una mujer entrada en kilos, lo que supone una afrenta a la tradición.

Paulatinamente, las mujeres han ido ganando terreno en pos de la lógica igualdad. Queda mucho por hacer, aunque los pasos no se detienen. En Stip, una pequeña localidad de Macedonia tiene lugar cada año el mismo ritual. El sacerdote de mayor rango, después de un responso, lanza al agua una cruz que los jóvenes del pueblo pugnan por hacerse con ella cuanto antes. La tradición reserva esa hazaña a los hombres y señala que aquel que consiga atraparla tendrá un año de buena suerte.

Sorprendentemente, quien se muestra como más rápida esta vez es una mujer entrada en kilos llamada Petrunya -Zorica Nusheva-, que se marcha a su casa con su botín antes de que la policía la conduzca a comisaría. La duda estriba en los cargos que se pueden aplicar contra ella porque no hay ninguna ley que reserve exclusivamente a los varones la iniciativa de arrojarse al río para hacerse con la cruz. Claro que tampoco se puede permitir que una intrusa rompa una tradición ancestral porque se resquebrajarían muchas de las normas sociales no escritas por las que rigen los convecinos. El acusador tendrá que hilar muy fino.

Esta propuesta rodada en Macedonia por Teona Strugar Mitevska ha sorprendido en los distintos festivales en los que se ha proyectado, incluida la Berlinale donde se alzó con el Premio al Jurado Ecuménico. Está claro que la protagonista decide enfrentarse al patriarcado y no devolver el trofeo. Lo ha ganado en buena lid y, sin pretenderlo, tiene una defensora inestimable en la figura de una reportera televisiva llamada Slavica -Labina Mitevska- que ha ido a cubrir la festividad con su cámara habitual, Boykan -Xhevdet Jashari-.

Antes de llegar a la zozobra de los eclesiásticos, el alcalde y la policía ante la situación que se les plantea, el filme efectúa una radiografía de su protagonista. Petrunya tiene 32 años, es historiadora, pero sus únicas posibilidades de trabajo se reducen a ser camarera. No muestra aspiraciones y le encantaría andar desnuda en todo momento. Una forma de sentirse libre. Su madre está siempre encima de ella, muy al contrario que un padre prácticamente ausente. Se sabe entrada en kilos y poco agraciada.

Cuando se presenta la posibilidad de tener un empleo seguro se presenta ante el gerente de una empresa manufacturera. Petrunya no sabe coser, puede encargarse de los números y de llevar café a su jefe, pero debido a sus años y a su oronda figura, al hombre no le despierta deseo sexual y no la considera válida para el puesto. Y eso que se había puesto un atractivo vestido que le había prestado su mejor amiga, Blagica -Andrijana Kolevska- quien regenta una boutique propiedad de su amante, casado y con hijos. De camino a la entrevista de trabajo se cruza con jóvenes en bañador, a pesar de la gélida mañana y con la procesión encabezada por el prelado Kosta -Suad Begovski-camino del puente el río. A continuación, tienen lugar los hechos que desencadenan la acción

Petrunya no es muy religiosa, pero se aferra a la cruz y es capaz de enfrentarse violentamente con su madre para conservarla. Se la coloca sobre sus pechos y la esconde, pero termina en comisaría. Más de la mitad del film se desarrolla en sus dependencias, lo que nos ofrece una versión original dentro del género de los juicios. La protagonista es vituperada, insultada y hasta definida como endemoniada. Únicamente uno de los agentes se acerque a ella, el joven Marko -Stefan Vujisic-, quien parece sentir por la mujer algo especial. La iglesia, las fuerzas vivas, comenzando por el alcalde, y los representantes de la ley, encabezados por el inspector Milan -Simeon Moni Damevski- intentan que desista de su triunfo al tiempo que Slavica sigue hurgando en la herida esperando que ese reportaje le promocione definitiva mente, al igual que a su compañero gráfico.

El personaje central había pasado desapercibido hasta entonces. Cuando se hizo con la cruz era una perfecta desconocida. Su hazaña le posibilitó salir a la luz. Al menos, ser considerada por mucho que no fuese como a ella le gustaría. Que hablen de uno, aunque sea mal. Tampoco se trata de alguien afín a la religión. Antes de los acontecimientos, su amiga le hace notar que se ha referido a Dios por primera vez desde hace mucho tiempo. Sus actos no son ni tan siquiera por feminismo. Su sonrisa es una mezcla de satisfacción e ironía cuando se sabe el centro de atención. ¿Es esa la felicidad durante un año que propugna su trofeo?

From → Cine

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