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El lago del Ganso Salvaje (Nan Fang Che Zhan De Ju Hui) (***)

24 enero 2020

Los bajos fondos de China

Un gánster se encuentra con una mujer en los aledaños de una estación de ferrocarril. Ha huido tras salir de la cárcel y enfrascarse en una pelea de bandas que tuvo su culmen en el asesinato de un policía. Ahora han puesto precio a su cabeza y quiere que su esposa le denuncie para cobrar su recompensa.

En un año de briosas películas centradas en la mafia, encabezadas por El irlandés de Martin Scorsese, y perfectamente escoltadas por The Gentlemen y la italiana El traidor, nos llega una propuesta del género made in China. Su autor es uno de los cineastas jóvenes más prometedores de su país, Diao Yinan, quien firma, desde nuestro punto de vista, su película más interesante hasta el momento.

Combina secuencias de acción con otras en las que lo narrado se desenvuelve con un aspecto lánguido. Con una propuesta fotográfica coherente, se podrá estar de acuerdo o no con su planificación, aunque hemos de convenir que en todo momento sitúa la cámara donde más le convence. Es una apuesta muy personal sobre el submundo de la mafia en Chica, introduciéndose en sus bajos fondos y presentando una historia de manera muy particular, alejada de los cánones más convencionales.

Zenong Zhou -Hu Ge- aguarda en las afueras de una estación. Espera a su esposa, pero en su lugar aparece Alai Liu -Gwei Lun-Mei-, una prostituta cuyo objetivo es confuso. Puede venir a ayudarle o a servir de cebo para que consiga atraparlo el Capitán de la Unidad del Crimen -Liao Fan-. Mediante unos colores realistas en los que el rojo es preponderante, se sientan en la cafetería de la terminal, allí donde las cámaras no puedan detectarlos. Desde ese momento conocemos su historia, relatada a través de flashbacks mientras la policía estrecha el cerco, peinando toda la ciudad y considerando como clave el Lago del Ganso Salvaje, un lugar óptimo para esconderse gracias a sus diez kilómetros de perímetro.

Tras salir de la cárcel, Zenong, líder de una banda de ladrones, acude a una reunión en el salón de un hotel. El Hermano Me ejerce de líder y da un curso acelerado acerca de como se roban las motos. Una especie de cofradía de amigos de los ajeno al estilo de Rinconete y Cortadillo que rápidamente salta por los aires como el rosario de la aurora. Primero, hay quien discute que otros tengan una zona considerada más atractiva, y después porque uno de los hombres del personaje central saca un arma y hiere a uno de los cabecillas rivales.

El incidente quedaría zanjado con la advertencia al violento y el pago de los costes del hospital asumidos por Zenong. No es así. Una vez que Me propone una especie de Juegos olímpicos del robo para que el ganador se quede con la parte de la ciudad más apetecible. El hermano del herido mata al agresor y pretende hacer lo mismo con el protagonista quien, en su huida, acribilla a dos policías. Ahora es un fugitivo por el que se ofrece una recompensa de 300.000 yenes. Desea que su mujer lo denuncie para que pueda cobrar dicha cantidad, lo que le permitiría vivir un tiempo sin agobios, pero en su lugar aparece Alai Liu.

La acción prácticamente se detiene ahí, aunque se retomará más tarde en uno de los momentos más significativos, cuando un paraguas hace las veces de una espada de samurai y la sangre corre a borbotones. Zenong está prácticamente acorralado, con sus enemigos aproximándose a lo alto del edificio en el que se encuentra y la policía esperando abajo. No obstante, abundan los momentos en los que sale a relucir el cine de autor. En ellos brilla la propuesta de Diao Yinan, combinando colores, espacios abiertos o cerrados y una planificación tan personal como agradecida.

En el cine de hoy, lleno de una oferta pródiga e insultantemente aplastante por la cantidad, es difícil recordar buenos momentos salvo que nos enfrentemos a una obra de arte. El lago del ganso salvaje no puede catalogarse como una obra maestra, aunque deje pasajes evocadores. Cuando sales del cine vuelve a tu memoria esa playa en la que las mujeres de compañía, no reconocidas como tales, se pasean con un impoluto sombrero blanco, o la tensión erótica que se transmite durante un paseo en barca.

En esta aproximación al cine negro triunfa la noche y la lluvia está presenta casi de continuo. Dos elementos que ayudan a comprender mejor la intromisión en un género que se refresca intencionadamente con estilo narrativo tan propio. Su arquitectura es sinuosa, aunque comprensible y apoya la originalidad. Quienes piensen en una cinta de acción, se equivocan. Su propuesta se aleja de esos cánones sin que evite recurrir a ellos cuando son necesarios. Por eso tiene un carácter plomizo del que se evade a causa de sus hallazgos visuales. Poco a poco te va atrapando, aunque lo haga a oleadas, sin que seas consciente de ello.

From → Cine

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