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Adú (***)

29 enero 2020

Hasta la frontera

Dos muchachos del África profunda quieren encontrar una oportunidad en España. El benefactor de una ONG tiene problemas de relación con su hija y en la valla fronteriza de Melilla unos guardias civiles que intentan detener el avance de decenas de migrantes ven como uno de ellos fallece al caer desde una concertina.

El responsable de esta película, Salvador Calvo, relató que el proyecto nació durante el rodaje de Los últimos de Filipinas. En las Islas Canarias conocieron de primera mano varios casos estremecedores que quisieron plasmar en el celuloide. Entre ellos, el de un chaval que sufrió abusos en su localidad natal y que luego se prostituyó para obtener el dinero necesario para el viaje. El caso de Adú, bastante más suavizado en el filme, atañe a un crío de ocho años que cruzó el Sahara hasta acabar con una mujer, que le pedía que le llamara mamá. En realidad, le aguardaba un final trágico porque ella formaba parte de una red de trasplante de órganos.

En el guion ha reunificado a los dos personajes y ha añadido otras tantas historias relativas a la situación de la Guardia Civil en la frontera de Melilla y el distanciamiento existente entre un intransigente mecenas de una ONG y su problemática hija. Las tres vertientes tienden a converger, aunque no terminan de rematarse al final. Una película que impacta por su dramatismo deja a la mayoría de los espectadores un tanto desencantados porque se cierra de una manera desconcertante.

Adú es un encanto de chico. Sus gestos resultan convincentes y después de que su madre fuese abatida por unos negreros, huye con su hermana. Se embarcan como polizones en un el tren de aterrizaje de un avión que debe conducirlos a París, pero terminan en Dakar, donde un muchacho que conoce algunos trucos de magia se convierte en inseparable del protagonista. Pasarán diversas vicisitudes hasta llegar a Alhucemas, desde donde piensan cruzar a nado hasta Melilla.

En la misma ciudad española tres guardias civiles -Miquel Fernández, Álvaro Cervantes y Jesús Carroza- intentan contener el salto de la valla de una oleada de migrantes. Uno de ellos se enreda en las concertinas hiriéndose gravemente. Cuando intentan desengancharlo, cae y se muere. La opinión pública arremete contra los números de la Benemérita, que tendrán que demostrar su inocencia en un juicio. Si las imágenes de los dos muchachos que intentan llegar a España son duras no lo son menos las que atañen a este episodio. La crudeza de las concertinas y el daño que provocan resultan impactantes. No le anda a la zaga la indefensión de las fuerzas del orden ante la avalancha de decenas de subsaharianos que intentan acceder a suelo europeo.

En el corazón de África un español -Luis Tosar- es el principal benefactor de una ONG que intenta preservar los elefantes. Su carácter irascible choca con los lugareños, que manipulan para que no le renueven su visado. Paralelamente, los furtivos matan a otro paquidermo para hacerse con sus colmillos y llega para pasar con él unos días su hija -Anna del Castillo-, que no parece haberse recuperado de su adicción a las drogas. Critica a su adinerado padre, que posee una gran mansión en Marruecos, de no poder regresar a España por sus problemas con Hacienda.

Salvador Calvo mueve las tres partes de su argumento con efectividad. No rehúye unos escenarios naturales poderosos y cuenta con un reparto sólido en el que también tienen cabida Ana Wagener y Nora Navas. Exceptuando la parte que afecta a los elefantes, lo referente al colaboracionista y su hija se presenta como el aspecto más endeble. Comienza fuerte y, como sucede con la presencia de los guardias civiles, va a menos a media que avanza. De cualquier manera, la propuesta es tan enérgica que llega directamente al interior de los espectadores.

Tampoco se pueden encontrar defectos acusados en el apartado técnico. El montaje es eficiente, aunque se podían haber aligerado algunas secuencias. Hay fundidos a negro que dan la impresión de remate y sólo se presenta como un paréntesis. La fotografía de Sergi Vilanova saca partido a la diversidad de lugares, tanto africanos como españoles, incluida la región murciana, y la partitura de Roque Baños es impecable. Una película incómoda que invita a la reflexión y a no permanecer impasibles ante unas situaciones sociales que debieran solucionarse cuanto antes.

From → Cine

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