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Para toda la muerte (*1/2)

30 enero 2020

Del diván a la bañera

José Vicente lleva ocho años opositando con la idea de ser funcionario y tener un puesto de trabajo para toda la vida. Tras recibir la noticia de que por fin lo ha conseguido le comunican que ha habido un error informático, lo que le lleva a tomar una drástica decisión para no defraudar a su novia ni al resto de la familia.

En 2012 Los compadres, o lo que es lo mismo El Cabesa y El Culebra irrumpieron con un soplo de aire fresco en el panorama del cine cómico español. El mundo es nuestro fue la primera producción nacional que se financió en parte gracias al crowfunding. Después de ella y de las actuaciones de Alfonso Sánchez y Alberto López en diferentes series televisivos fueron reclutados por Emilio Martínez Lázaro para hacernos reír en Ocho apellidos vascos. Tras una segunda película dirigida por Sánchez, regresa para dirigir un guion de Ana Graciani junto a su inseparable colega.

Dejan atrás la comicidad típicamente andaluza y, sin abandonar los equívocos que los encumbraron, se decantan por un humor más social. Un moderno sainete que engarza su propuesta con el cine español de los sesenta. Pierden frescura y el recurso de situaciones trilladas no consiguen que la película sorprenda como lo hicieron sus trabajos anteriores. La crítica costumbrista del inicio da paso a una comedia negra con tintes teatrales y reminiscencias de un amplio abanico de propuestas que abarcan desde Usted puede ser un asesino a Este muerto está muy vivo.

José Vicente -Alberto López- lleva ocho años opositando, y por fin consigue un puesto fijo en la Administración, lo que desemboca en una fiesta familiar por todo lo alto dentro de sus posibilidades. Todos ganan con ese paso trascendental que significa un trabajo para toda la vida. Junto a su novia -Marta Tomasa-, puede dejar la habitación que comparten en casa de los padres de ella y mudarse a un piso cuya entrada han entregado ellos a costa de su plan de pensiones. El abuelo del protagonista no queda atrás y piensa en un retiro dorado en Marbella con el dinero que le adeuda su nieto.

No nos olvidemos del cuñado, que representa ese personaje pesado cuyo estereotipo se agranda cada vez más. Aparte de su pesadez como individuo se une el ansia por conseguir la habitación que dejarán libre sus familiares para instalarse con su esposa y sus hijos. No podían prever que en medio de la fiesta se produjera un importante contratiempo. Una funcionaria al otro lado del teléfono -Fernanda Orazi- le informa a José Vicente que se ha producido un error informático y que, en realidad, él es el primer suplente. No tendría plaza fija a no ser que el anterior admitido falleciese.

Sin atreverse a contar la verdad a su familia, José Vicente pretende asesinar a Hugo -Joaquín Ortega- para que corra el escalafón. La misma idea tiene Pepa -Estefanía de la Fuente-, la segunda suplente en las posiciones, que necesita eliminar a los dos anteriores para hacerse con el puesto. No son los únicos con intereses quienes se dan cita en el exclusivo piso con vistas a la Torre del Oro y a la catedral sevillana. También aparecen la funcionaria, amante de Hugo, y su esposo -Alfonso Sánchez-, que también está en terapia por su adicción al juego.

La mayor parte de la cinta, de solamente setenta y cinco minutos, tiene lugar en el salón de la víctima, cono incursiones en su cuarto de baño. Se dan cita los vecinos de arriba, una mujer entrada en años y su sobrino de pocas luces -Fina Rius y Josep María Riera-. También el propietario del piso de enfrente, que se acaba de quedar viudo y aguarda a que los empleados de la funeraria se lleven el cadáver de su esposa.

Uno por uno, los personajes dan juego. En menor grado la tía y su sobrina y la espera insoportable de la novia de la protagonista en una tienda de muebles cuya empleada –María Cabrera– no deja de calentarle la cabeza. De tomas maneras, todos tienen su momento de gloria en clave de humor, ya que si no es a causa de sus personajes lo consiguen por alguna frase o una situación determinada.

El mayor problema de este trabajo es su escasa cohesión entre las situaciones y los roles que presenta. Si uno por uno da la talla, el conjunto suena ha visto con anterioridad. Su apuesta por la comedia negra debía de haber subido un par de escalones cuando menos y no haberse quedado en la escasa complejidad que planea. Esboza lo que pudo haber sido y se echa de menos en lo que se ha quedado, una representación estirada debido a la escasez de recursos del guion y un entremés que no puede contarse entre las obras más representativas del género.

From → Cine

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