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El amor está en el agua (Kimi to, Nami ni Noretara – Ride your Wave) (**1/2)

14 febrero 2020

Una canción para recordar

Haniko se muda a un pueblo de la costa donde tendrá la oportunidad de practicar surf. No tarda en conocer a Minato, un joven bombero, al que le enseña los trucos de su deporte preferido. Ambos tienen en común su predisposición a ayudar a los demás hasta que una tragedia llama a su puerta.

Buena fecha la elegida, el 14 de febrero, para estrenar este drama romántico que nos muestra cómo cada uno debemos buscar nuestro camino. Masaaki Yuasa se ha encargado de llevar a término guion escrito por Reiko Yoshida, responsable de A Silent Voice, bajo el respaldo de Fuji Studio Animation. En la propuesta se advierten las claves más importantes de su director, como una cuidada animación, movimientos exageradamente repetitivos y un modo eficiente de contar sus historias.

El romanticismo se adueña del celuloide hasta el punto de caer en brazos de lo cursi después de una puesta en escena inicial atractiva. La conclusión salva bastantes momentos valle de un contenido que, por su naturaleza, está cerca de un público bastante más entrado en años del que va dirigido. Sin embargo, su naturaleza anime les deja fuera de las salas de exhibición y tenemos muchas dudas de que los jóvenes a los que invita se sientan realmente atraídos por esta propuesta más allá de sus dibujos y del género al que pertenece.

Minato Hinageshi se ha independizado después de ser admitida en la Universidad. Se instala en una localidad de la costa donde da rienda suelta a su afición favorita, el surf. Desde una terraza observan sus evoluciones dos muchachos, principalmente Hinako Mukaimizu, quien se queda prendado de la chica. En una puesta en escena que elude muchos tópicos del anime, especialmente la silueta de sus protagonistas, no se escapa de otros tópicos, como las líneas geométricas y mucho menos de los fuegos artificiales.

En una exhibición colorista de cohetes, que no sabemos por qué razón se lleva a cabo con gran peligro para los edificios colindantes, se provoca un fuego en el inmueble donde vive Minato. Refugiada en la terraza, donde sobrevuelan las llamas como los disparos en el desembarco de Normandía, Hinako, que en realidad es bombero, se apresta al rescate. Así surge el idilio y la pantalla destila más azúcar que una actuación de la malograda Celia Cruz. Si las imágenes cabalgando el agua son escasamente realistas en cuanto a las olas se refiere, Misaaki Yuasa se luce con el romance y con los diseños de la ciudad, que resultan bastante más complejos que los decorados del paseo marítimo y la práctica del surf por los dos protagonistas,

No reventamos nada, porque aparece en todas las sinopsis, que los dos adolescentes se esfuerzan por ayudar a los demás y en una de esas Hinako fallece cuando trataba de salvar a un chaval de la voracidad del mar. Si la historia se hubiese rodado con personajes reales se humedecían los pañuelos, aunque parece que en dibujos el trago es menos fuerte. La película gira hacia el realismo fantástico cuando Minato descubre que si canta una canción determinada, su enamorado aparece envuelto en agua, ya sea en un vaso de líquido elemento, en un río, en gotas de lluvia o en el océano.

La pareja no puede concretar su amor, pero está ahí el uno para el otro mientras suena hasta la saciedad Brand New Story, de Exile. La escuchamos tantas veces que se mete en nuestra cabeza como si fura una canción del verano que odiamos tanto como la cantamos sin cesar. Se destila almíbar en este argumento de Ghost con agua y sin asesino a quien culpar de la tragedia de los enamorados. Lo mejor es prestar mayor atención a los dibujos, irregulares por momentos en cuanto a su elaboración, y a los personajes secundarios.

Afortunadamente, y ese es un acierto importante del film, hay subtramas que nos permiten olvidar por un momento la insistente línea principal. Destaca la hermana de la protagonista femenina y su ilusión por montar una cafetería después del fracaso que significó hacer la competencia a una multinacional de comida rápida con la venta de nuggets. Tampoco se queda atrás el amigo de Hinako y la entrega a su profesión. Con ellos, y sus inquietudes, se consigue redondear un argumento que de otra forma hubiera quedado bastante cojo.

Según evoluciona la película, y en especial cuando tiene lugar el desenlace, se nos propone que cada uno debemos seguir nuestro camino. De ahí el título en inglés, cabalga tu ola. Las emociones salen a flor de piel y se hacen más sensible por tratarse del primer amor al que sigue una pérdida irreparable. La parte final es la que intenta transmitir al espectador las distintas formas en las que un ser humano puede afrontar el dolor que significa la muerte de un allegado. Merece la pena llegar hasta ahí, aunque por el camino tengamos que superar la cursilería de un love story irreal y tramposo.

From → Cine

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