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Casanova, ültimo amor (Dernier amour) (*1/2)

15 febrero 2020

El ansia de la posesión

En el siglo XVIII, obligado a exiliarse, Casanova llega a Londres. El libertino personaje, amigo del juego y conquistador por excelencia, se cruza varias veces con una prostituta por la que se siente tan atraído que llega a olvidar al resto de las mujeres. Cuanto más la desea, ella parece más inalcanzable.

El personaje de Giacomo Casanova ha vertido ríos de tinta con sus consiguientes adaptaciones cinematográficas cuando no se han escrito guiones originales como el que llevó Federico Fellini a la pantalla con Donald Sutherland en el papel del seductor. No fue célebre solamente por su relación con las mujeres. También hay que consignar su carácter aventurero y su experiencia como historiador, jurista, diplomático, literato, filósofo, matemático, músico y hasta agente secreto. Por si fuera poco, era natural de Venecia, lo que le aporta un plus significativo en el arte del amor.

Benoït Jacquot es el responsable de la última aventura cinematográfica del amante italiano por excelencia. El guion, extraído de su propia autobiografía, nos presenta a un Casanova crepuscular en la Bohemia de 1793 -Vincent Lindon-. Moriría un lustro después en la localidad checa de Duchcov, pero había tiempo suficiente como para que contase sus experiencias como amante a una joven que le tenía por tutor. Advierte que la protagonista de cada una de sus conquistas era para él siempre la primera y la última. Añade que siempre fue amiga de todas menos de una y ese pasaje es lo que se recoge fundamentalmente en esta película.

Lo narra en Historia de mi vida, y el suceso tuvo lugar treinta años antes, cuando se vio obligado a exiliarse en Londres, aun a pesar de desconocer el idioma de Shakespeare. En la capital británica tiene varios encuentros con una mujer de moral disipada, Marian de Charpillon -Stacy Martin-, hasta que termina sintiendo una pasión desatada por ella. Comienza entonces una variante del juego del gato y el ratón. Cuanto más cerca está el aventurero de consumar su propósito más le aleja ella. Incluso, llega a proponerle que le acompañe durante un par de semanas como si fuera su prometido. Ni siquiera así consigue su propósito.

Es el ansia de la posesión lo que le consume, pero Marian insiste en que solo podrá tenerla cuando deje de desearla. Un auténtico desafío entre dos personajes que se conocieron mucho tiempo atrás. Entonces, ella tenía once años y esa niña pequeña, transformada en mujer con amplia experiencia le hará conocer al amante por excelencia la atracción y el rechazo. Su interés le consumirá durante meses y hasta conocerá la desesperanza. Una relación difícilmente explicable por tratarse del veneciano, lo que demuestra que también los grandes amantes tienen sus puntos flacos-

La puesta en escena es irreprochable en lo que se refiere al aspecto técnico. El vestuario propone una sinfonía de imaginación y colorido. No le anda a la zaga la reconstrucción de Londres a comienzos del siglo XVIII, si bien se muestra demasiada pulcritud en sus calles. Hasta los lugares más recónditos parece que acaban de ser saneados para narrar las aventuras de Casanova. Sin embargo, su propuesta como director y la propia historia resultan lánguidas y hasta plomizas. La florida partitura de Bruno Colais encaja perfectamente con lo que se muestra en la pantalla.

Es prácticamente una constante en el cine de Jacquot. Se desenvuelve mucho más a gusta en argumentos de época, y especialmente en la tragedia. Tosca y Adiós a la reina, centrada en la figura de María Antonieta, son claros ejemplos. En ese caso muestra al libertino veneciano con dos mujeres, y no duda en detenerse en sus amores con La Cornelys -Valeria Golino-, con la que tuvo dos hijos. Visto desde el exterior, el retrato formal de su protagonista resulta perfectamente válido.

Todos esos detalles, con ser importantes, no son decisivos. Los actores se aplican más con profesionalidad que con pasión y cada secuencia, por su planificación y su contenido, pesa en el ánimo del espectador. El conjunto es aburrido muy a pesar de sus sensaciones visuales y del carisma de su personaje central. Hay pasajes menos tediosos, aunque no logran remontar el interés que despierta el conjunto ni adquieren ese nivel pictórico capaz de subyugar por mucho que en la pantalla sucedan menos cosas de las esperadas.

From → Cine

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