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Fantasy Island (**)

16 febrero 2020

Allí donde todo es posible

Adaptación del programa televisivo de los años setenta que se desarrollaba en una isla donde se hacían realidad las fantasías de sus visitantes. El hotel de acogida está regentado por Roarke y, en el caso de la propuesta cinematográfica, las ansias de sus protagonistas se convertirán en auténticas pesadillas.

Cualquiera con posibles pagaría por ello. Un lugar donde se hacen realidad las fantasías más recónditas o en el que se pueden restañar errores del pasado. Era la propuesta de una serie televisiva protagonizada por un enigmático Mr. Roarke, al que daba vida Ricardo Montalbán, y que estaba secundado por un personaje llamado Tattoo. El lugar, un resort situado en una isla perdida en el océano Pacífico a la que en cada episodio llegaban nuevos huéspedes. Solo se permite una fantasía por cada persona y se debe llevar hasta su consecuencia lógica.

El largometraje no oculta los guiños al espacio televisivo. Lo hace desde el primer momento, cuando el grito de ¡El avión! avisaba de la llegada de nuevos huéspedes. Las referencias llegan hasta el desenlace, cuando se ofrece una explicación de la presencia de Tattoo. El cineasta Jeff Wadlow deja los ventieañeros de Verdad o reto para centrarse en tipos más adultos dispuestos a dar rienda suelta a sus fantasías. De aquel reparto queda su protagonista, Lucy Hale, que encarna a Melanie Cole, una muchacha que sufrió bullying en el instituto por parte de una compañera, Sloane Maddison -Portia Doubleday-. Como el resto de los viajeros, ha resultado ganadora de diversos concursos para desplazarse a la isla.

Gwen Olsen -Maggie Q- quiere dar marcha atrás en el momento que le dijo no a la propuesta de matrimonio de su pareja. A Patrick Sullivan -Austin Stowell- le guía su ausencia de valor en los momentos clave; todo lo contrario que su padre, un héroe del ejército que dio la vida por proteger a sus hombres. Están acompañan por dos hermanos, JD Weaver -Ryan Hansen- y Brax Weaver -Jimmy O. Yang-, que desean divertirse por todo lo alto. Son recibidos por Roarke -Michael Peña-, que tiene como principal ayudante a Julia -Parisa Fitz-Henley-, quien como todos los empleados del resort viste de blanco.

La presentación de los personajes y la iniciación a sus deseos resultan atractivos. Las imágenes pasan de unos a otros con sentido del ritmo. Únicamente cuando alguno de los trabajadores destila una sangre negra por nariz u ojos comenzamos a sospechar. En la serie si se producía alguna muerte era por alguna situación accidental. Incluso, Roarke tuvo que intervenir en algunas ocasiones para evitar la correspondiente tragedia. No sucede lo mismo en el largometraje, puesto que la fantasía de Melanie se aproxima al survival horror. Las sospechas se incrementan con la presencia de Damon -Michael Rooker-, un investigador privado que quiere desenmascarar los secretos de la isla.

La producción por parte de Blumhouse, que basó su ascenso meteórico en Paranomal Activity, y toca en oro todo lo que presenta, ya nos anuncia que habrá sustos y miembros ampuados. Llega un momento en que aparecen unos militares encabezados por Devil Face -Kim Coates- y todo lo sensato que había desfilado ante nuestros ojos se desmorona como un castillo de naipes castigado por un vendaval. El guion va de sorpresa en sorpresa. Tanto que hasta es posible que sus propios responsables sigan dando vueltas a nuevas situaciones o como concluir definitivamente su propuesta. Los subgéneros se agolpan y asistimos a una extraña mezcolanza de terror psicológico, gore, zombis, acción y otras lindezas por el estilo.

Sin duda, es la película ideal para todos aquellos que suelen ir una secuencia por delante en cada visionado. Aquí es imposible aventurar lo que sucede porque a una vuelta de tuerca inesperada le sigue otra todavía más sorprendente. Desde la mitad de la proyección en adelante todo es imprevisible y hasta empieza a cansar tanta imaginación prendida con alfileres y en un intento exagerado de ser original. Engancha bastante al principio para dejarse llevar después por todo un torbellino de situaciones que conlleva dar la vuelta a la tortilla una y otra vez. Cuando esto sucede, lo normal es que te acabes quemando.

Esta isla, que parece tener vida propia, puede emparentarse con Perdidos, otra serie televisiva de éxito, incluso de culto. Todo lo que imaginemos se puede encontrar sin que se escatime lo más mínimo. Se recrean lugares y situaciones. Ocurre que el puzle de cara a la resolución de la intriga lleva a tal batiburrillo lo que lleva a provocar alguna sonrisa de incredulidad. Por ejemplo, pasar de una acción armada en Venezuela a otra en el propio resort con solo cruzar una línea imaginaria. Se deja la puerta abierta a posibles secuelas. Para entonces, esperemos que los guionistas hayan curado su empanada mental y sean capaces de continuar por la línea habilitada al comienzo de este film. Seguro que el éxito sería similar y todos saldríamos ganando.

From → Cine

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