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Especiales (Hors normes) (***)

25 febrero 2020

Otra educación

Narra la historia de dos personajes reales que hace más de dos décadas crearon sendas asociaciones para ayudar a las personas autistas en un estadio avanzado. Sus iniciativas fueron puestas en entredicho por la Administración francesa hasta que se dictaminó que sin ellas la vida de estos seres humanos sería más difícil.

Silence des justes –Silencio de los justos– es el nombre de la asociación sin ánimo de lucro creada en su día por Stéphane Benhamou, un judío francés, para conseguir una mejor integración de personas autistas en un estadio avanzado. Eric Toledano y Olivier Nakache, responsables de Intocable, han llevado a la pantalla la actividad de este benefactor judío con el nombre ficticio de Bruno Haroche, a quien da vida Vincent Cassel.

Su caso no es el único, puesto que también se recurre a la figura de Daoud Tatou, que en la ficción recibe el nombre de Malik –Reda Kateb. Ambos actores han sido nominados para los Cesar del cine francés en una película que acumula un total de ocho candidaturas, incluidas las de mejor película y director. La acción se desarrolla en París, aunque la capital gala no tiene ningún protagonismo salvo en una de las secuencias finales en las que vemos de fondo la Torre Eiffel.

Cuentas sus responsables que se inspiraron cuando trabajaron en organizaciones sin ánimo de lucro, pero no disponían de la financiación suficiente para acometer el proyecto. Fue a raíz de su éxito comercial cuando por fin pudieron ponerlo en pie. Este tipo de iniciativas fue puesto en tela de juicio por parte de la Administración del país vecino puesto que la mayor parte de los educadores carecían de la cualificación necesaria para desarrollar su labor. Finalmente, en 2017 se decidió que resultaban de suma importancia para atender e integrar un espectro de la población que de otra forma se vería confinada de por vida.

El guion nos muestra a dos responsables que, aun perteneciendo a asociaciones distintas, trabajan en muchos aspectos de forma coordinada. Propugnan que las personas con las que tratan deben de ser tratadas con cariño e integrarlas en las actividades del resto de la población. Cuando dos representantes del IGAS, Institución General de Asuntos Sociales, -Frédéric Pierrot y Suliane Brahim- investigan y pone en duda el trabajo de Bruno, éste les entrega una foto de cada una de las personas bajo su control, acompañándose de sus problemas más usuales, generalmente agresivos. Es entonces cuando dice a los funcionarios que se los lleven, aunque no cabe en su cabeza que trate a cuarenta personas, casi todas ellas desviadas por la Administración, y tenga medio centenar más en lista de espera.

Aparte de los dos responsables de estas iniciativas, el film se centra principalmente en otros tres personajes. Joseph –Benjamin Leiseur- se empeña en accionar la alarma del metro antes de cruzar un puente sobre el Sena, mientras que Valentin –Marco Locatelli- insiste en autolesionarse, no mantiene ninguna conversación y se ve obligado a llevar un casco como los boxeadores aficionados. Por su parte, Dylan –Bryan Mialoundama- se ha incorporado recientemente a Silence des justes y se encarga personalmente de Valentin al tiempo que se siente atraído por una profesional de enfermería llamada Ludivine –Lyna Khoudri-.

Los autores se entregan a la causa, desde luego muy loable, y consiguen completar una historia que llega al gran público y cumple sus objetivos con creces. Pone en valor la contribución de estas asociaciones sin ánimo de lucro y lo hace aligerando el exceso de dramatismo y de forma que consiga todo lo contrario a molestar. La propuesta tiende hacia un documental dramatizado, pues se basa en hechos reales, suponemos que tratados con el máximo rigor. Como documental, no conseguiría llegar a tantos espectadores como a través de un trabajo de ficción que, además, cuenta con la participación de un actor tan carismático como Vincent Cassel.

Tanto para Bruno como para Malik la vida es un perfecto caos. No tienen tiempo para ellos mismos y siempre están ocupados por los quehaceres de sus iniciativas. Se dedican en tiempo total a los suyos, saliendo con ellos al aire libre, patinando o montando a caballo. El personaje central ni siquiera consigue rematar una cita a ciegas. Casi siempre habrá de salir corriendo. Sin embargo, por mucho que el conjunto funcione, los árboles no permiten que se vea el bosque. En ningún momento está explicada la convivencia entre judíos y árabes, se focaliza demasiado en dos pacientes dejando marginados al resto y tampoco hay una explicación coherente para que se recurra a la comida de los Menahem –Alban Ivanov-. Se centran demasiado en la línea principal, la de concienciarnos acerca de este tipo de organización y se dejan todos los flecos posibles, incluida la historia entre Dylan y Ludivine.

From → Cine

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