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El doble más quince (**)

26 febrero 2020

Casada insatisfecha

Ana es una doctora que camina hacia el medio siglo de vida. Quiere a su marido y a sus hijos, pero ha entrado en la rutina. A solas, navega por un chat de sexo. Eric es menor de edad y no sabe realmente qué hacer con su vida. Necesita dinero y pretende conseguirlo a base de citas gracias a Internet.

La relación entre una mujer adulta y un menor ha sido llevada al cine desde distintos puntos de vista. El espíritu de este nuevo film de Mikel Rueda enlaza directamente con títulos como Verano del 42, pero su desarrollo podría estar en consonancia con la trilogía Antes de…  de Richad Linklater. Los recovecos del guion no son tan interesantes y logrados como los del cineasta texano. Desde el punto de vista de la puerta en escena, los intentos del bilbaíno tampoco resultan tan efectivos como los logrados por Robert Mulligan.

Ana –Maribel Verdú- es una doctora casada y con dos hijos. La rutina se ha instalado en el matrimonio y ella navega por un chat de sexo en el que conoce a Eric –Germán Alcarazu-. No se ven las caras, aunque sabemos que ambos mienten sobre la edad. Ella camina hacia los cincuenta sin que por ello haya perdido atractivo, como lo demuestra que un paciente joven y musculoso –Mario Plágaro- diga que se trata de la médica más guapa con la que se ha topado.

Como quiera que el marido de Ana, que conoce el vicio secreto de su esposa, pasará un fin de semana de crucero con sus ex de la Universidad y los niños se quedarán con sus padres, ella tiene el camino libre. Se cita con Eric, quien le pide cien euros a cambio de compañía. Su padre falleció y su madre no tiene para llegar a fin de mes. Además, el chico se ha quedado sin trabajo. Aparentemente, el encuentro tiene pocas posibilidades de cuajar, pero la tarde y la noche son muy largas.

La propuesta no se detiene en cuestiones filosóficas sobre la vida, el paso de los años o la relación de pareja. Fuera del inevitable acercamiento, los dos personajes hablan como representantes de su generación. La mujer echa de menos sus deseos; el chico no cree en la familia y mucho menos en la frase para toda la vida. Son generaciones distintas y diferentes formas de ver la vida. Ana sostiene que si se le concediera un deseo pediría tiempo. Eric, por su parte, no sabe qué hacer ni cuál es el camino a escoger. Tampoco tiene a nadie cerca para orientarle. Entre ambos se producirá una ósmosis en la que uno retrocederá casi hasta su juventud y el otro se sentirá mayor a pasos agigantados.

La interpretación es coherente y ayuda al desarrollo. Maribel Verdú ya sabe lo que es relacionarse con muchachos más jóvenes en Y tu mamá también, compartiendo protagonismo con Gael García Bernal y Diego Luna. En el film de Alfonso Cuarón, el sexo era mucho más evidente y determinante que en la película de Mikel Rueda, aunque sirvió de experiencia a Maribel Verdú para enfrentarse con soltura y clarividencia a este nuevo personaje. Abusa de su capacidad como actriz para convencernos y demostrar que es la gran estrella de la función, si bien no le hacen ningún favor con el vestuario, que le obliga a vestir siempre con tonos granates.

La réplica de Alcarazu es suficiente. Antes el corto titulado Caminan a las órdenes del mismo director. Es el núcleo a partir del cual se ha desarrollado este largometraje. Un vehículo, una bicicleta y un par de personajes que buscan lo mismo. El doble más quince, que hace referencia a las edades de Ana y Eric, se ilustra con saltos temporales, escasos, para conocer más afondo la realidad de ambos.

Desde el punto de vista técnico, la planificación es arriesgada y, por momentos, discutible. La cámara se centra en los dos protagonistas hasta el punto de que difumina todo lo que sucede alrededor. Planos cortos para evidenciar que solo importan ellos. Implica planos desenfocados, probablemente de mayor duración que la necesaria, y otros imposibles. Por ejemplo, el reflejo en los retrovisores de un automóvil de cada uno de los protagonistas.

La tonalidad azul que impera en el desarrollo, a cargo de Kenneth Oribe, proporciona el aspecto de frialdad que inunda el film. Resulta coherente con el recorrido de los dos personajes centrales por las calles y la ría de Bilbao. Se desnudarán emocionalmente, aunque los diálogos, como sucede con el conjunto de la propuesta, sean irregulares y por momentos no demasiado convincentes.

From → Cine

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