Saltar al contenido

Chicas perdidas (Lost Girls) (*1/2)

31 marzo 2020

Hasta aquí hemos llegado

Mari Gilbert inicia una búsqueda desesperada tras la desaparición de su hija mayor. Se trata de una prostituta que ha pedido auxilio a la policía tras visitar a un cliente en una zona residencial. Los agentes tardaron más de una hora en llegar y la obstinación de su madre puso al descubierto la existencia de un asesino en serie.

Este guion de Michael Werwie se basa en una novela original de Robert Kolker, quien a su vez se inspiró en el caso real de una de tantas muchachas desaparecidas cuyo paradero no se ha encontrado jamás. El suceso real fue más dramático, puesto que la madre que insistió en continuar la investigación hasta las últimas consecuencias fue posteriormente apuñalada por su hija pequeña, una joven bipolar, con graves problemas. Este es un hecho que no se refleja en esta producción de Netflix.

Sí que asistimos a la obstinación de Mari Gilbert -Amy Ryan-, una madre soltera con dos adolescentes a su cargo. Se trata de Sherre -Thomasin McKenzie- y Sarra -Oona Laurence-. Por sacarlas adelante se ve obligada a doblar turnos en lo posible, a la vez que recibe dinero por parte de su primogénita, Shannan -Sarah Wiser-, de veinticuatro años. Cuando ésta última desaparece comienza una búsqueda incesante para saber lo que ha ocurrido.

Vamos descubriendo detalles paulatinamente. Nos situamos en 2010 y conocemos que Shannan era una prostituta, con un chófer que la llevaba a casa de sus clientes. Tras una visita a una urbanización cerrada del norte de Long Island, la muchacha solicitó ayuda policial, pero los agentes de la ley tardaron más de una hora en llegar. Sí que hubo una llamada a la casa de Mari por parte del doctor Peter Hackett -Reed Birney-, quien se convirtió con el tiempo en el principal sospechoso.

La protagonista vivía en Ellenville, a más cien kilómetros de Oak Beach, donde sucedieron los hechos. Los responsables apuntan directamente a las fuerzas policiales. Más en el caso de Dean Bostick -Dean Winters- que en lo referente a Richard Dormer -Gabriel Byrne-, responsable máximo de la investigación. Aquel, pone toda serie de trabas para las pesquisas, y el segundo lo hace a regañadientes. Ni siquiera cuando se encuentran una serie de restos humanos que referencian un asesino en serie deciden emplearse a fondo.

Mari Gilbert, apoyada por sus dos hijas pequeñas insiste hasta el límite de sus fuerzas. Sobre todo, cuando aparecen otros dos personajes que sirven para completar la historia, aunque no ayudan a mejorar la nota del film. Kim -Lola Kirke- es una joven que intenta salir de la prostitución y con quien el personaje central se vuelca de manera desinteresada. Ya que no puede recuperar a Shannan, la acoge como si de su propia hija se tratase. Junto a ella nos encontramos con Joe Scalise -Kevin Corrigan-, un personaje diseñado con alfileres y con el que nunca llegamos a empatizar, aunque quisiera erigirse como el principal denunciante de la culpabilidad del doctor Hackett.

La cineasta Liz Garbus proviene del mundo del documental, con más de una decena de títulos a sus espaldas. Realmente se nota, porque si bien esta producción parece una serie B destinada a la pequeña pantalla un domingo lluvioso por la tarde, la notable fotografía y la puesta en escena persigue miras más altas. De todas formas, es más importante lo que se denuncia que como se cuenta. No solo llama la atención la inacción policial. Es muy significativo el silencio de la urbanización donde desparece Shannan. Es como si los vecinos no quisieran ser protagonistas de un hecho que pudiera comprometerlos. Nada debe de perturbar su estado de bienestar. Ni siquiera las cámaras de vigilancia guardan copia de lo sucedido.

Una rabia, la de Mari, que le lleva a rebelarse. Se convertiría tras este suceso en una significada activista. Tras la aparición del cuerpo de su hija, el dictamen oficial fue muerte por ahogamiento, aunque ella, a través de una autopsia no oficial, manifestaba que se produjo por asfixia. Garbus encuentra en este personaje, y en la interpretación de Amy Ryan, un referente más para llamar la atención sobre crímenes deleznables o mujeres significadas. Lo hace con convicción y creando una atmósfera plausible, si bien no terminamos de sufrir con su protagonista en el grado que merece. La narración es desangelada, mínimamente efervescente, abrazándose a demasiados clichés como para resultar convincente.

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: