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Parking (**)

20 mayo 2020

El poeta de los suicidas

Un poeta rumano se instala en Córdoba como vigilante de un parquin mientras escribe sus nuevas historias. Cuando aparece en su vida la componente de un grupo pop se establece una relación sentimental contracorriente entre dos personajes marginales. La historia se completa con una vertiente de thriller.

Esta coproducción entre Rumania, España y la República Checa está basada en una novela escrita por Marin Malaicu Hondrari, que colaboró en el guion junto al cineasta Tudor Giurgiu. Desfiló por el Festival de Sevilla y el de Valladolid para pasar directamente a Filmin como consecuencia de la pandemia del covid-19. Su protagonista es un poeta rumano llamado Adrián -Mihai Smarandache- que recala en la ciudad española de Córdoba. Se trata de un inmigrante sin papeles al que encontramos como vigilante nocturno de un parquin propiedad de un empresario llamado Rafael -Luis Bermejo-.

El entorno, situado en las afueras de la capital andaluza, es absolutamente marginal. La monotonía se rompe únicamente con la presencia de Mercedes -Ariadna Gil-, la nueva pareja de Rafael, quien se encuentra inmerso en los trámites de divorcio. Es una mujer de mediana edad, muy vital, que contrasta con el empresario, bastante hermético y, aparentemente, conectado con negocios sucios de poca monta. Ambos se han convertido en la familia del protagonista, que vive en una caravana dentro del recinto que vigila.

Una noche Adrián sorprende a unos ladrones, también rumanos, que operan fuera de su recinto. Para compensar que no les denuncie le entregan una caja que contiene grabaciones de un grupo musical. Cuando Rafael le pide que lleve un vehículo a la localidad asturiana de Candás, los hechos que afectan a los protagonistas se precipitan. La tarea encomendada al personaje central está fuera de las normas y él se muestra reacio a seguir con esos encargos. En la habitación contigua en su hotel se aloja la bajista del conjunto pop cuyos DVD ya conocía de antemano.

Con María -Belén Cuesta- inicia una relación inesperada, un amor fou incontrolado que los lleva a condiciones límite. El eje central es precisamente esa relación entre una muchacha desarraigada y un escritor que centra su trabajo en el suicidio en sus diversas facetas. Adrián tiene una esposa en Rumania llamada Cristina -Carmen Florescu-. Una maestra con la que no se entiende y que se supone que ha sido uno de los detonantes de que marchara de su país. De la misma forma, la historia de complementa con un acercamiento al thriller en el que cobra protagonismo un personaje -Manuel Bandera- que reclama cierta cantidad de dinero a Rafael como producto de la venta de un automóvil.

Tudor Giurgiu relata bien el ambiente en el que se desenvuelven sus protagonistas. Opta por incluir grabaciones, aparentemente en súper 8, que ilustran la vida de Adrián en Rumania, y también la de sus vivencias con María. Pueden despistar algunas de ellas puesto que no mantiene una unidad de tiempo. Tan pronto alterna la familia del protagonista masculino en el hotel donde trabajaba su padre que se ven imágenes de Candás con idéntico cromatismo y misma idea de antigüedad.

La historia, descrita visualmente a ritmo lento, va perdiendo fuerza a medida que avanza y dejando ciertas estrías por el camino. Hay situaciones que no llegan a concretarse de una forma fehaciente, incluido un final precipitado y bastante torpe. Más por su elipsis que por su puesta en escena, aspecto en el que no hay demasiada discusión. Sucede algo parecido con los actores que encabezan el elenco. Tanto Mihai Smarandache como los intérpretes españoles refuerzan sus roles, especialmente Ariadna Gil, quien lo saca adelante con una naturalidad asombrosa.

Se referencia la inmigración ilegal y los problemas de una persona en un entorno que le resulta extraño y ante el que permanece a la defensiva. Piensa que si dos personas se ríen cerca de él lo están haciendo a su costa. Sin embargo, esa mirada es sencilla y poco comprometida. Los hechos fluyen, sin más, hasta que se agolpan de repente. La verosimilitud y atractivo de la propuesta se va debilitando hasta olvidarnos del desarraigo. La poesía queda únicamente en los textos de Adrián, y ninguno de los caracteres soportan un peso que vaya más allá de una mochila con escaso contenido.

From → Cine

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