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Una chica fácil (Une fille facile) (**1/2)

16 agosto 2020

Pasión perdida, sexo encontrado

Naïma, que vive en Cannes con su madre, afronta el verano con la intención de decidir buena parte de su futuro. Sin anunciarse, su prima Sofía llega de París con una forma de ser muy diferente. Es desinhibida y hedonista, pero conoce muy bien las reglas lo que provoca en su pariente una sensación desconocida de libertad.

Un escándalo sexual afectó a dos de los componentes de la selección francesa de fútbol, Karim Benzema y Franck Ribéry. El asunto está ya olvidado por la vorágine de la actualidad, pero se ha recordado por la aparición en este film de la escort que había provocado aquel escándalo, Zahia Dehar. Gracias a la popularidad conseguida cambió su estatus de trabajadora sexual por el de modelo, y ahora también dice ser actriz. Su cuerpo es uno de los reclamos de esta propuesta galardonada en Cannes con un premio menor que afortunadamente posee muchos más méritos que el cuerpo de esta muchacha.

Aparece de sopetón, con los pechos al aire en la casa donde vive su prima Naïma -Mina Farid- con su madre, que trabaja en un exclusivo establecimiento hotelero contiguo situado en la parte más elevada de la ciudad de Cannes. Sofía viene de París y conoce perfectamente la vida. Para ella, el sexo es placer, pero sabe perfectamente a quien se aproxima porque una de sus habilidades es sacarles partido a los hombres maduros, propietarios de yates, que frecuentan restaurantes lujosos y que disfrutan de cuentas personales en dependencias de firmas de alta gama. Adiós a la pasión.

Se baña luciendo su anatomía y despreciando a pescadores de erizos cuando sabe que tiene a tiro una pieza de caza mayor, el millonario brasileño Andrés -Nuno Lopes-, propietario del Wiining Steak y que especula con obras de arte. Disfruta de la Costa Azul mientras hace negocios gracias a Philippe -Benoît Magimel-, quien le acompaña para presentarle a posibles clientes, como Calipso -Clotilde Courau-. Es provocativa y no le importa que la llamen prostituta. Sabe lo que quiere y que sus relaciones son temporales. Se siente libre y su actitud abre los ojos a su prima, especialmente cuando le regala por su dieciséis cumpleaños un bolso auténtico de Chanel.

Hasta entonces disfrutaba de la compañía de Dodo –Riley Lakdhar Dridi-, un muchacho gay aspirante a actor. Ahora ha descubierto otro mundo. Pasó toda su vida en Cannes y nunca había salido del puerto en un yate. El lujo abre sus ojos de la misma forma que le impresiona las relaciones entre Sofía y Andrés, quien se define como anarquista, porque es fácil despreciar el dinero cuando uno lo tiene. En un verano en el que tenía que planificar su futuro, presumiblemente para convertirse en un chef, descubre un mundo que estaba a la vuelta de la esquina, aunque resultaba perfectamente desconocido para ella, cuyo plan de vacaciones inicial era playa y discoteca.

La película tiene otros encantos más allá del cuerpo de Zahia Dehar y del buen hacer interpretativo de Mina Farid. Es un relato sencillo, sin complicaciones aparentes, que encaja directamente con la línea de los admirables cuentos y proverbios de Eric Rohmer. El placer y el sexo pasan a primer plano, pero su responsable, Rebecca Zlotowski consigue que por momentos las imágenes desprendan magnetismo. La historia fluye con naturalidad y no desprecia el erotismo gracias a la provocación que emana el personaje de Sofía. Hasta su llegada Naïma era más bien retraída y parca en palabras. Después de aquellos días no será la misma. Incluso Dodo afirma que ha cambiado y que prácticamente le resulta una desconocida.

Como en las cintas de Rohmer, la película no abusa del entorno, pero se aprovecha de él. Hasta el punto de que forma parte del conjunto de manera indisociable por mucho que apenas lo notemos. Eso es mérito de su autora, que ha bebido en las fuentes más clásicas del cine francés, que últimamente había derivado ese tipo de propuestas en historia más sofisticadas y corales. Esta producción, sin ser una obra de arte, nos devuelve a esas propuestas sencillas, plenas de sensualidad y encanto que, paulatinamente, provocaba un cambio o un despertar en uno o más protagonistas. En esta oportunidad se centra en la adolescencia y se aprovecha de la luminosidad del entorno y de una puesta en escena que nunca le da la espalda.

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