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El jardín secreto (The Secret Garden) (**)

17 agosto 2020

Regresa la magia

Una niña pierde a sus padres en India y es enviada a la residencia de su tío en Inglaterra. Recibida por un ama de llaves despótica pronto se hace amigo del hijo de una sirvienta y después de su primo, impedido en cama. Juntos penetrarán en un jardín secreto de la propiedad capaz de sanar heridas.

En 1993 fue Agnieszka Holland quien llevó a la pantalla la novela más famosa de Frances Hodgson Burnett, todo un clásico de la literatura juvenil. Incluso vivió una secuela ocho años más tarde en la que una crecidita protagonista vive ahora en Nueva York y regresa a Inglaterra porque su jardín se está muriendo por falta de cuidado. Otros dos filmes de corto recorrido datan de 1949 y 2017, respectivamente, a lo que se debe unir una producción televisiva e incluso una versión muda de 1919 que se cree perdida. Una nueva adaptación del original llega ahora dirigida a una nueva generación, más preocupada por las propuestas audiovisuales que por las bibliográficas.

La esencia se repite, con la huérfana Mary Lennox -Dixie Egerickx- apareciendo en la mansión de su tío, Lord Archibald Craven -Colin Firth-, a quienes describen como un jorobado miserable. Perdón, no es un casoplón, es una finca. Siempre que hay referencias victorianas, aunque la época no se corresponda, hay un personaje que nos resulta abusivo, como el ama de llaves Mrs. Medlock -Julie Walters-. El inicio nos sitúa en el norte de la Península del Indostán en 1947, cuando se independizaron India y Pakistán. Durante las revueltas, que no se explican convenientemente, los padres de Mary son asesinados y la niña llevada a Gran Bretaña junto con otros huérfanos británicos. El cólera tuvo la culpa, según la novela.

Los lujos y favores de que disfrutaba la pequeña de diez años en las colonias no los tiene en su nueva residencia, y mucho menos exquisiteces en la comida. Afortunadamente, encuentra el apoyo de una sirvienta, Martha -Isis Davis-, que proporciona un toque diferente y más actual a la historia al contemplar un reparto multirracial. También es de color su sobrino Dickon –Amir Wilson-, quien muy pronto se granjea la confianza y la amistad de la protagonista.

Hay un cierto toque de terror en la propuesta con los ruidos y quejidos que Mary escucha por las noches, incrementado con  la prohibición de penetrar en ciertos aposentos. Se trata de los lamentos de su primo Colin Craven –Edan Hayhurst-, postrado en la cama y privado de la posibilidad de caminar. Será el tercer visitante del jardín secreto una vez que la huérfana encuentra la llave y después de ver como un perro, al que da nombre de Jemine, se cura su pata herida en un estanque del frondoso lugar. Lo descubrió gracias a un atractivo petirrojo al que siguió de forma incondicional. Los efectos especiales son, en este apartado, más flojos que en el resto.

Hay muchas elipsis en esta propuesta con respecto a la novela, lo que elimina o pasa de soslayo diversas circunstancias que hicieron de una esta publicación un clásico literario. Mary mejora su salud gracias al jardín, ofreciendo la idea de que cuanto más cuidemos algo más florecerá. Esta idea se obvia en el film, al igual que un hecho significativo: Lord Archibald Craven fue quien cerró el lugar porque era allí donde más disfrutaba su fallecida esposa. En este caso se sorprende ante el lugar y resulta extraño su desconocimiento, toda vez que su finca está rodeado de un páramo bastante estéril en el que habitan ponis salvajes que no aparecen en ningún momento.

La confianza en la amistad sí que es uno de los puntos de referencia  en esta producción, así como el perdón y la reconciliación familiar. Mary estaban muy unida a su padre, pero no tenía una estrecha relación con su madre. Parecían dos personas demasiado distantes. Esta situación se pule definitivamente a raíz de unas visiones, sueños o imaginaciones de la protagonista, en la que su progenitora disfrutaba de los momentos que pasaba junto a su hermana a la sombra de un inmenso árbol.

Hemos de convenir que el jardín no está ahí por casualidad. Razón por la que esta propuesta no se concentra en los puntos más importantes de la novela. La dirección de Marc Munden, un veterano de la televisión, se detiene fundamentalmente en el buen diseño de producción, dejando a un lado las virtudes que atesora esa aventura iniciática. Los apartados técnicos están cuidados al máximo, desde el vestuario a la partitura de Dario Marianelli, pero al conjunto le falta esa magia que se rezumaba el relato original. Es demasiado correcto, poco imaginativo y nada arriesgado en su puesta en escena. Su esmero por no resultar inadecuado le priva de espontaneidad, de atractivo y, sobre todo, de un mayor encanto.

From → Cine

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