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Estaba en casa, pero… (Ich war zuhause, aber – I Was at Home, But) (***)

3 septiembre 2020

Shakespeare sin emociones

Conmocionado a raíz de la muerte de su padre, un chico de trece años desaparece. Regresa al cabo de una semana y su relación tanto en el colegio como con su madre ha cambiado radicalmente. En los dos ámbitos se estudian los motivos de su comportamiento a lo largo de una puesta en escena surrealista.

No pasa nada si esta película no te gusta. Sus méritos siguen estando vivos, aunque se trata de uno de esos productos que no está hecho para contentar a todos los públicos. Hay que visionarla con una mentalidad muy abierta porque, de entrada, apenas se entiende. Se producen elipsis pronunciadas, saltos en el tiempo entre largos planos secuencia, con la cámara bien plantada, y otros más efímeros.

Hay situaciones en las que nadie habla y otras en las que el Let’s Dance de David Bowie provoca todo un tsunami en una propuesta en la que escasea la música. Todo es relativo, porque la ciclogénesis no adquiere proporciones dantescas, aunque lo parezca a tenor de las imágenes otoñales que nos muestra la alemana Angela Schanelec. Desde 1994, sus películas no te dejan indiferente. Son personales, crípticas e, incluso, buscando un símil pictórico, podríamos decir que resultan más cubistas que abstractas.

Astrid -Maren Eggert- se ve forzada a salir adelante con sus dos hijos preadolescentes tras la ausencia de su marido. Su ausencia resulta clave en el posterior comportamiento de los personajes, especialmente en el de Phillip -Jakob Lasalle-, un chaval de trece años que desaparece durante una semana para no volver a ser el mismo. Hay tirantez con su madre y el claustro de profesores se cuestiona, incluso, su continuidad en el centro.

Fluye el desamor, la tirantez para llegar a una consecuencia de los tiempos en que vivimos antes de la pandemia de la covid-19. Nuestra zona de confort ha cambiado como también la de los personajes de este film que se alzó con la Mejor Dirección en Berlín. Se desarrolla la incomunicación, y la propia existencia sin sobresaltos conduce a una vida vacía en la que terminamos retrayéndonos.  Ya no sabemos compartir y hemos perdido, incluso, la capacidad de amar. Todas esas cuestiones están presentes en la personalísima propuesta de Schanelec, pero a nosotros los espectadores nos compete armar el puzle que nos propone.

Es como si su autora se hubiese metido en un gran prado lleno de flores y fuera picando de aquí y de allá. Aunque no parezca que exista una solución de continuidad, finalmente se completa un ramo muy atractivo si previamente nos hemos dispuestos a ordenar nuestra selección de una forma coherente. Esto último es lo que tenemos que hace en nuestro cerebro tras asistir a una representación en la que flota en el ambiente el espíritu de Robert Bresson en lo que se refiere a la búsqueda de captar aquello que se nos escapa en nuestra mirada más conformista. Solo así se explican las imágenes recurrentes de animales que dan como resultado la convivencia pacífica entre un burro y un perro.

De la misma forma, Schanelec nos plantea ese mundo de paralelismos obligados. Coexistimos sin hablarnos, nos soportamos sin comunicarnos, pero nos mantenemos a flote sin entremezclarnos. Lo demuestra la representación colegial de Hamlet, apática y carente de emociones. Lo contrario de lo que requiere la obra de Shakespeare. Uno más de esos datos salpicados a lo largo de toda la proyección y que derivan en pistas para comprender mucho mejor la idea de su responsable.

Hay inclusiones en el absurdo que se refuerzan con un aspecto cómico que preside, mediante una línea muy delicada, todo el metraje. Especialmente, llama la atención los vaivenes de una excelente Maren Eggert con un hombre que le vende una bicicleta por ochenta euros. Sus idas y venidas nos harán sonreír mientras asistimos a situaciones que están muy lejos de lo que pudiéramos considerar como normales. La película, por la que ha apostado Numax en España, tampoco lo es. Se odia o se disfruta. Primero, con sus secuencias aparentemente inconexas, y después cuando ordenas los muchos inputs que has recibido y con los que debes de trabar para que todo tenga sentido.

From → Cine

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