Saltar al contenido

En busca de Summerland (Summerland (***)

8 septiembre 2020

Le ha tocado un niño

Una escritora solitaria y atormentada por un amor del pasado debe acoger en su casa a un niño londinense durante el período más crudo de la Segunda Guerra Mundial. Aunque se da una semana de plazo parea que el chaval esté a su recaudo, ambos parecen predestinados a unir sus vidas.

Durante el periplo más amenazante para Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial muchos niños londinenses eran enviados lejos de la capital para protegerlos de los bombardeos. Unos iban directos a la Campiña y otros, como en este caso, a la parte sur, próximo a Dover, en el condado de Kent. La debutante Jessica Swale, autora también del guion, ha tenido el acierto de contar para su personaje central con Gemma Arterton. Con ella aparece el veterano Tom Courtneay, junto al que había trabajado dos años antes en La sociedad literaria y el pastel de patata.

De nuevo la literatura se cruza en la trayectoria profesional de la actriz, que encarna a Alice, una escritora cautivada por la mitología de su país y las tradiciones populares. La encontramos a mediados de los setenta muy entrada en años escribiendo un relato autobiográfico que coincide con el título del film. Summerland es el paraíso pagano. Por eso se preguntará a qué cielo iban los seres humanos antes del cristianismo. Entre párrafo y párrafo recuerda sus vivencias porque la película es prácticamente un flashsback de principio a fin que se ve salpicado por otros recuerdos. Principalmente, su amor de juventud con Vera -Gugu Mbatha-Raw-, otra mujer a la que conoció durante un concierto.

 

Se trata de una persona huraña, que vive en una casa aislada cerca de los acantilados y de una playa pedregosa. Es arisca y malencarada. Podríamos añadir que borde, y es mejor no cruzársela por el camino. Trata con displicencia a los demás, y se ha granjeado fama de bruja por los alrededores. Un día llaman a su puerta para encargarle la custodia de un niño londinense cuyo padre es aviador y está en el frente, mientras que su madre trabaja para el Gobierno y su cometido es alto secreto.

Acepta la imposición a regañadientes por una semana en la que ambos comienzan a aproximarse. Frank -Toby Osmond- es un chico prudente y encantador que se hace amigo de otro personaje independiente que no cree necesario compartir algo con nadie. Se trata de Edie -Dixie Egericks-, una compañera de clase que asume en su rol, pese a su corta edad, una esencia feminista casi indestructible. Se advierte en ella una clara proyección de los postulados de la autora. Ambos son dos de los alumnos pertenecientes a la clase de un condescendiente maestro, Mr. Sullivan -TomCourtenay-.

Como era de esperar, porque la historia tiene muchas connotaciones bastante previsibles, Frank y Alice se muestran cada vez más unidos. Tanto que, al cabo de una semana, la escritora decide seguir albergándolo e incluso le dispone su propia habitación. Tiene mucho que ver la pasión que el crío demuestra por los aviones, como el protagonista de El imperio del sol. Ha subido a uno de ellos pilotado por su padre y es una experiencia que perdurará toda su vida. Al igual que su devoción por las patatas fritas.

Con unos paisajes naturales muy atractivos, el film es amable. El drama que conforma su núcleo y que se supedita a una historia de amor quebrado, se alterna con algunos toques de comedia, principalmente debidos a las contestaciones y al comportamiento de su protagonista. Su presencia no es admitida con generosidad por parte de sus convecinos. Ella se entrega a su trabajo y no les importa distanciarse de la gente. La obsesión por Summerland encontrará el eco necesario en Frank gracias a una secuencia que cambiará la forma en que ambos se comportan recíprocamente.

Por momentos, la historia se aproxima a un cuento en el que se prevé un final feliz. Con el giro correspondiente, mantiene la tónica al tiempo que evidencia una mayor profundidad en el relato, que Gemma Arterton lo hace más creíble a pesar de un maquillaje muy leve que para nada destaca las líneas de su rostro. El desenlace se aparte ligeramente de la línea principal por cuanto parece estirado al enroscarse sobre sí mismo. Pretende justificar esa imprevisión que se esboza al espectador, pero que no se resuelve hasta las postrimerías con una explicación demasiado prolija. Basta recordar, que Alice descubre que, en muchos casos, son los propios progenitores de los niños quienes eligen las familias o las personas que se harán cargo de ellos.

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: