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Salir del ropero (*1/2)

11 septiembre 2020

Con el apoyo del Papa

Una joven abogada española ve peligrar sus planes de boda con el heredero de una rica y ultraconservadora familia escocesa porque su abuela ha decidido casarse con su amiga de toda la vida. Los hijos de ambas mujeres intentan que no se produzca ese enlace, una situación que llega hasta el Vaticano.

Ejemplo de comedia ligera que cuenta con coproducción portuguesa debido a que algunas de las secuencias iniciales fueron rodadas en Oporto. La debutante Ángeles Reiné, coautora también del guion, ha contado con un elenco atractivo y una financiación importante, ya que ha sido suficiente para apoyarse en técnicos de calidad contrastada. José Luis Alcaine se ha responsabilizado de la fotografía, Teresa Font del montaje y la banda sonora cuenta con la colaboración de Mónica Naranjo.

Con esas aportaciones se consigue que una comedia ligera, prácticamente ultraligera, tenga una consistencia mayor. Alcaine saca lustre a la ciudad en la que desemboca el Duero, como lo hará también con los planos de Lanzarote. Las imágenes a vista de dron justifican la cofinanciación lusa. Sirve para que conozcamos a la pareja formada por Eva –Ingrid García Jonsson- y su prometido Stuart MacDonald –Leander Vyvey-. El muchacho es el heredero de una rica y ultraconservadora familia escocesa, y su madre Camila –Liz Lobato- vuelve la cara al cruzarse con dos familiares directos que no esconcen su homosexualidad.

La petición de mano será en Edimburgo, lugar donde trabaja Eva, una abogada que no conoció a su padre, fallecido cuando ella nació. Por eso pide a su madre, Natasha –Mónica López- una actriz devoradora de hombres, que le acompañe en esa fecha y que intente disimular. Al comunicar la buena nueva a su abuela Sofía –Verónica Forqué-, con quien pasó sus años de infancia y adolescencia, se entera de que la yaya también se va a casar, y lo hará con Celia –Rosa María Sardá, en su último trabajo ante las cámaras-, su amiga de siempre. Ya conviven juntas junto a Perla –Candela Peña-, sobrina de Sofía cuya deficiencia mental intenta aportar más sonrisas a la propuesta.

Ese enlace podría echar por tierra los planes de boda de la letrada, quien no duda en presentarse en Lanzarote, donde viven su abuela y su amiga. Allí coincide con Jorge –David Verdaguer-, el hijo de Celia, que se dedica al estudio de los primates en el Congo. Más tarde aparecerá su hermano Said –Pol Monen, que recientemente se ha convertido al islam para casarse con Salima –María Caballero-.  Esta última pareja está a favor de que tenga lugar la unión entre las dos mujeres, ya septuagenarias, lo que desaprueba el resto aludiendo también al escándalo que podría producirse en una localidad pequeña.

Naturalmente, piden la ayuda del Padre Bienvenido –Alex O’Dogerthy-, que también es concejal y entrenador de fútbol de los chavales. Cuando intenta revocar su deseo, Celia le dice que tiene la bendición del Papa Francisco, al que ella llama Paco. Sostiene que la ha recibido en audiencia y refuerza su tesis con los recortes de prensa en los que el Santo Padre se refiere a las uniones entre homosexuales.

La propuesta aporta la idea de llamar salir del ropero cuando una mujer afronta públicamente su homosexualidad. Ciertamente, aporta cuestiones atractivas. Nos podemos detener en las diferencias religiosas y sociales de las familias de Sofía y Celia. No olvidemos tampoco la coexistencia multirracial. Incluso, el nuevo novio de Natasha es Tom –Malcon Treviño-Sitté-, un hombre de color. La apuesta por la igualdad resulta evidente y asistimos a la contraposición de una madre intransigente y otra situada en el extremo de la indulgencia

También hay una crítica más que palpable a la prensa amarilla y su sensacionalismo. Es una periodista con ansias de consolidarse la que descubre la noticia del próximo enlace entre las dos mujeres. La televisión se hace eco antes de llegar al obispado. El propio Papa Bertoglio intervendrá a través del teléfono en una de esas situaciones irreales que se dan cita en la película.

Las transgresiones del guion aporta esa ligereza de que hablábamos al principio. Obligan a que el conjunto no mantenga la fuerza que aportan los diferentes apartados técnicos y la buena aportación de David Verdaguer, ganador de un Goya por Verano 1933. La puesta en escena se desarrolla con decoro, presentando acciones que se desarrollan en paralelo usualmente bien resueltas aunque la abundancia de fundidos a negro de corta duración, apenas un pestañeo, pueden resultar exagerados.

From → Cine

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