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Pinocho (Pinocchio) (**1/2)

16 septiembre 2020

¿Qué hay de nuevo, tronco?

Nueva versión del inmortal cuento de Carlo Collodi acerca del niño de madera construido por el carpintero Gepetto que quería ser de carne y hueso. A través de un mundo lleno de exageraciones se pasa revista a la narración original tomando como excusa una aventura suspendida en el tiempo.

Se ha levantado la veda de la obra cumbre de Carlo Collodi. El mexicano Guillermo del Toro está dirigiendo una propuesta animada para Netflix y Robert Zemeckis se encarga de una adaptación con personajes del clásico de Disney. Mientras, de Italia nos llega esta propuesta de Mateo Garrone, un cineasta muy particular que ha dejado su huella en diversos géneros.

Esta versión está mucho más cerca de El cuento de los cuentos que de Dogman, por citar dos filmes representativos de su obra. Apuesta por la exageración y el barroquismo para reproducir la historia de un niño travieso y desobediente. Se ha escrito mucho sobre Pinocho, incluso desde el punto de vista filosófico. Los chavales son inquietos por naturaleza y, probablemente, tienden a dejarse llevar siempre por lo desconocido, aunque sea pernicioso. A cambio, se les supone buen corazón y un férreo amor por sus padres.

Garrone dibuja un mundo árido, pero sobre todo atemporal. Uno de los mayores defectos de este largometraje es que parece compuesto a base de sketches. Una suma de capítulos que frena la acción. También se podría hablar de diferentes épocas, incluso siglos, en cada una de ellas. Desde la hostería hasta el palacio del hada, pasando por el pueblo en que nace, por llamarlo de algún modo, su protagonista.

La fotografía de Nicolao Brüel tiende a tonos marrones, descarnados, como sucede con la Tierra de los Juguetes a la que su protagonista va con un amigo de la escuela. Nunca entendí el interés del padre de Pinocho porque el chico vaya a la escuela cuando demuestra que sabe la cuatro reglas perfectamente. Esas cuestiones minimalistas nada tienen que ver con la exuberancia de otros momentos, representadas principalmente por los personajes, y de manera especial por Lumaca -Maria Pina Timo-, el caracol.

Donde se muestra más comedido el autor es en el guion, que se ajusta bastante al relato inicial de Collodi. Da la sensación de que muy a su pesar si tenemos en cuenta los compases iniciales en los que se representa a Gepetto como un carpintero en quiebra económica que se sustenta de dádivas. Toni Servillo iba a ser su intérprete, aunque finalmente el personaje recayó en Roberto Benigni, quien ya había dirigido y protagonizado su propia versión en 2002. Su presencia es uno de los alicientes de esta producción.

Las marionetas de Mangiafuoco/Strómboli -Gigi Proietti- marcan la separación de Gepetto y Pinocho, que inicia de esta manera una aventura iniciática mientras su padre lo busca. Lo había tallado en un tronco aparentemente mágico y el muñeco cobró vida de inmediato. Ya sabía hablar, correr y saltar. También los títeres, en los que su origen leñoso es evidente, cobran vida, al tiempo que la picaresca viene protagonizada por el Zorro -Massimo Ceccherini- y el Gato -Rocco Papaleo-. La sofisticación corre a cargo del Hada con el pelo turquesa -Marine Vacth-, el personaje menos conseguido por su hieratismo y frialdad. Ella es quien le prometerá ser humano si se porta bien.

Tiene menos protagonismo Pepito Grillo -David Marotta-, que aparece en dos secuencias casi como si se tratase de un cameo. La nariz creciente en relación directa a las mentiras parece incluida para recordar una de las características principales del protagonista, pero no ocupan un lugar trascendente en la película. Son aspectos para que se luzca el director, como el circo, el monstruo marino, el atún, el juez gorila y otros.

Desfilan por la pantalla toda una constelación de personajes a cuál más llamativo y de líneas más rebuscadas. Desde la aparición de Pinocho, con su uniforme creado por Gepetto a partir de una cortina y su rosto veteado de madera noble, hasta el último animal o humano que parece en escena, todo nos deslumbra. La apabullante generosidad visual es una de las características principales.

Entonces, es cuando se plantea la pregunta definitiva: ¿A quién va dirigida esta producción? Por mucho que los pasajes más siniestros hayan sido dulcificados, los más pequeños pueden sentirse desencantados con una propuesta poco infantil. Lo mismo les puede suceder a los mayores, que encontrarán la oferta más propia de los más pequeños que de sus gustos. Ese puede ser un hándicap para una versión honesta y llena de matices, aunque vaya a tirones. Hay respeto hacia el cuento original sin que por ello pensemos que no es ni de lejos la obra cinematográfica definitiva acerca de un personaje tan universalmente conocido

From → Cine

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