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Urubú (*)

17 septiembre 2020

Urubú – Los niños de la selva perdida

Un fotógrafo y ornitólogo venido a menos pretende relanzar su carrera fotografiando un urubú albino en libertad, lo que nadie ha conseguido hasta el momento. Con su matrimonio al borde de la ruptura se desplaza hasta el Amazonas junto a su esposa y su hija, dependiente de las nuevas tecnologías.

El urubú es un ave rapaz, parecido al buitre, cuya longitud media es de aproximadamente sesenta centímetros y tiene una envergadura de un metro. El intento de fotografiar un ejemplar albino en libertad es el desencadénate de este thriller con muchos aspectos de survival, cuya identidad se pone de manifiesto antes de los títulos de crédito, cuando un personaje femenino ensangrentado huye a través de la selva.

Se trata de la ópera prima de Alejandro Ibáñez, hijo del malogrado Chico Ibáñez Serrador, todo un referente del terror y la intriga del mundo audiovisual. En 1969 tuvo el respaldo de crítica y público con La residencia y siete años después presentó ¿Quién puede matar a un niño?, con muchos más méritos cinematográficos que respaldo popular. Basada en la novela de Juan José Plans, tenemos la impresión de que el público no estaba preparado todavía para un argumento de esas características en el celuloide. Sus hijos, ya que la producción corre a cargo de la hermana del director, actor y coguionista la rescatan y le rinden homenaje en esta oportunidad, añadiendo incluso un  pequeño fragmento.

Tomás -Carlos Urutia- llega a Manaos en compañía de su esposa Eva y su hija para entrevistarse con el profesor Enrique Díaz -José Carabias-, quien le ha proporcionado un contacto en lo más profundo de la selva para que pueda obtener la instantánea deseada del urubú. El matrimonio está a punto de romperse debido al poco interés que muestra el marido aparte de sus cámaras y sus fotos. Tampoco se ocupa demasiado de la pequeña Andrea -Jullie D’Arrigo-, que se refugia en las nuevas tecnologías. Del papel de Eva se encarga la brasileña Clarice Alves, mujer del futbolista Marcelo Vieira.

El capitán Nauta -Alejandro Ibáñez- se encargará de llevarlos hasta el corazón de la selva, donde un nativo llamado Ceará los acompañará a los parajes donde se ha visto el exótico pájaro. Se abren en ese momento varios frentes. Se dice en los alrededores que han aparecido varios marineros muertos, lo que invita a Nauta a pedir más dinero por el transporte. De la misma forma, el desapego del matrimonio permite que ella se aproxime al capitán, mientras que Eva se encuentra con que tiene que reinventar su ocio al verse privada de Internet.

Todas esas cuestiones se despiertan cierto interés de la misma forma en que son cortadas de raíz. Como si se tratase de un automóvil que ha de frenar en seco ante la barrera de un paso a nivel. Con unos diálogos bastante mejorables, la propuesta crece gracias a la hermosa fotografía de Diego Barrero y Javier Úbeda, que sacan partido al desplazamiento del barco por el Amazonas, y los destellos del sol en una parte que abusa de los planes cenitales. Es muy sugerente la unión del río Negro con el Solimoes, cuyas aguas no se mezclan, aunque dan lugar al cauce fluvial más caudaloso del mundo.

Cuando llegan a su destino, por si no se nos había quedado claro, los homenajes y referencias a la película de Chicho resultan más evidentes. Incluso hay guiños que podrían provocar alguna que otra sonrisa de complicidad entre el público. Sin embargo, la cinta objeto de referencia data de 1974. Casi medio siglo después, y sin que pasase de ser un film de culto en algunos sectores, lo más lógico es que esos detalles se pierdan en el limbo.

El autor se maneja bien en la selva y tanto las persecuciones como otros detalles parecen bastante creíbles. No así la congruencia del relato. O repasamos el trabajo de su padre o se necesita un manual de instrucciones, ya que da por conocidas ciertas cuestiones que en realidad no lo son, incluida la presencia de Ceará y otra adulta nativa junto a los chavales sobre los que gira la segunda parte de la trama. Atrás queda un viaje culminado y la decepción de que el posible triángulo entre Carlos, Eva y Nauta se haya borrado como un nombre escrito en la arena al subir la marea, e incluso antes de que comenzase.

From → Cine

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