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Greenland: El último refugio (Greenland) (**1/2)

24 septiembre 2020

El cometa y el arca de Noé

Cuando se prevé que un cometa cause un descalabro mayor que el que provocó en su día la extinción de los dinosaurios, los gobiernos de todo el mundo seleccionan a un número indeterminado de personas. Su intención es que, al término de la catástrofe, intenten reconstruir el planeta tal y como lo conocemos.

Una nueva película de catástrofes está servida. En este caso, el survival se centra en un matrimonio y su hijo, mientras que la amenaza procede del cielo. Un cometa del exoespacio, que en condiciones normales debería pasar relativamente cerca de nuestro planea, se dirige con su núcleo hacia Europa. Su onda expansiva, no obstante, provocará tsunamis de consecuencias imprevisibles.

Esta vez la amenaza principal no se cierne sobre el mundo anglosajón, pero en realidad hay para todos. La cola del cometa es tan inmensa que los científicos no pueden precisar su longitud. Diversos fragmentos logran sobrepasar la atmósfera creando el caos y la confusión en casi todo el mundo. Las principales ciudades son destruidas y el reguero de muertes se extiende sobre la Tierra. El resultado final será una devastación general en la catástrofe más inmensa desde la extinción de los dinosaurios.

Por eso, los Gobiernos han decidido poner a salvo a personas destacadas en distintas profesiones para preservarlas en distintos búnkeres junto a sus familias. La idea es que una vez que se superen los daños colaterales se pueda reconstruir el planeta. Uno de los elegidos es John Garrity -Gerard Butler-, experto en construcción de grandes estructuras. No sabemos para que quieren construir rascacielos una vez que se supere esa especie de holocausto. El caso es que tanto él como su esposa Allison -Baccarin- y su hijo Lucas -Joshua Mikel- deben viajar desde Atlanta hasta una base militar para embarcar en un avión que les conducirá al correspondiente refugio.

Ya sabemos perfectamente como es esto. Habrá un padre coraje, aunque en este caso también una madre coraje. El matrimonio está a punto de romperse por un desliz del marido. Un detalle que siempre aporta por el lado emotivo. Mucho más si el hijo es diabético y tienen que encontrar insulina más que preocuparse de su propia supervivencia que, al ser los protagonistas, Dios proveerá.

Se desata el caos y la confusión. El pillaje está a la orden día y la multitud se agolpa en la entrada del centro militar con la intención de sobrevivir a toda costa. La pareja protagonista se ve separada, incluso el niño se encuentra alejado de ambos y los teléfonos funcionan a ratos y mal. El punto de encuentro será en la casa del abuelo materno -Scott Glenn-, y en su complicado desplazamiento hasta allí, John se entera gracias a otro animoso personaje -Andrew Bachelor- que hay una posibilidad de subir a un avión en la frontera canadiense para ser llevados a Groenlandia -Greenland-, donde se encuentra uno de los lugares a salvo cuya ubicación se guardaba con excesivo celo. Tienen 48 horas para desplazarse hasta allí.

El cineasta Ric Roman Waugh vuelve a trabajar con Butler después de Objetivo: Washington DC. Se aprovecha de unos efectos visuales no demasiado grandilocuentes. La catástrofe que se avecina y el modo de exponerla se nos antoja más realista que la mayoría de este tipo de producciones, aunque su inversión en F/X sea mucho menor. También los personajes están mejor construidos que la media, si bien podemos avanzar desde el principio diversas resoluciones. No todas, porque el film contiene subtramas que lo enriquecen. Un hecho que permite a sus responsables no concentrarse casi exclusivamente en la catástrofe que se avecina.

Afortunadamente no se han incluido inventos espectaculares ni se proponen resoluciones por descubrir. Todo es comprensible, principalmente en la primera hora de película. Queda otro tanto, y es cuando aparecen ciertas incongruencias que la acción, trepidante casi siempre, pretende disimular. Un automóvil inmerso en el corazón de un atasco sale milagrosamente de él, y mientras en unos lugares el ejército protege que solo tengan acceso los que, como en un hotel de lujo, muestren la pulsera correspondiente, en otros parajes hay entrada libre.

La duración está justificada por las subhistorias que adornan la línea principal. Se pretende ser lo más coherente posible, aunque en producciones de este tipo siempre hay alguna licencia que aceptar. No obstante, se han pasado por alto algunas cuestiones que podrían haber fortalecido a sus protagonistas. Allison tiene que enfrentarse a situaciones que no podía soñar ni por lo más remoto y John ha de enfrentarse a vida o muerte con quien le pretende robar la pulsera que ejerce de salvoconducto. Son hechos que dejan secuelas, pero que en el largometraje únicamente resultan pasajeras.

From → Cine

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