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Black Beach (**)

28 septiembre 2020

Librémonos de la cárcel

Un alto ejecutivo que aspira a convertirse en socio de una gran empresa debe viajara a un país africano para conseguir su anhelo. Conoce muy bien el entorno, ya que pasó allí varios años y su encargo pasa por mediar en el secuestro del ingeniero de una petrolera que pone en peligro los intereses de su corporación.

Antes de nada, vamos a justificar el título de esta nueva película de Esteban Crespo, el responsable de Amar, que con este título se interna en el género del thriller político. Black Beach es una cárcel de Malabo, en Guinea Ecuatorial, tristemente famosa por la crueldad que impera en su interior. Salir vivo de ella es casi imposible, y quien lo consigue queda marcado para siempre. A ese país será enviado Carlos -Raúl Arévalo- un ejecutivo español, experto en compraventa de empresas que por el momento desarrolla su trabajo en Bruselas.

Su deseo es convertirse en socio de la empresa e instalarse en Nueva York, donde su embarazada esposa Susan -Melina Matthews- tiene una oferta de trabajo. Alcanzar su propósito puede tener un precio muy caro, ya que le proponen desplazarse a África, donde el ingeniero jefe de una compañía petrolífera ha sido secuestrado, aparentemente, por un grupo rebelde. El presidente Ndong, que a base de dinero ha conseguido el reconocimiento internacional de su particular democracia, está dispuesto a intervenir militarmente, lo que no sería visto con buenos ojos fuera de su país.

Carlos deberá de ejercer como catalizador, ya que vivió algunos años en ese país debido que su madre -Paulina García- es un alto cargo de Naciones Unidas y sabe cómo desenvolverse sobre ese terreno, aunque no sea su especialidad. Su empresa tiene intereses en los pozos de petróleo recién descubiertos y quiere sacarles beneficio cuanto antes. En su destino, el español reclama la presencia de Ale -Candela Peña-, una vieja amiga, y se instala como huésped de honor de León Ndong -Emilio Buale-, hijo del presidente. La peor noticia es que se atribuye el secuestro a un grupo terrorista encabezado por Calixto -Emilio Buale-, viejo amigo del protagonista y que se casó con la antigua novia de Carlos aun a sabiendas de que estaba embarazada.

Cumplir con éxito la empresa no será fácil. No tarda en descubrirse la existencia de una carpeta con documentos comprometedores tanto para el país como las empresas implicadas en la explotación del crudo. El thriller político inicial se trasforma en un drama de acción que se combina con una trama amorosa. El guion no profundiza en ninguna de esas vertientes y se lía entremezclándolas. Afortunadamente para la película la puesta en escena de Esteban Crespo y un buen montaje logran diluir muchas de las deficiencias del conjunto.

La visita a Black Beach insinúa la crudeza que se esconde detrás de sus muros más que la muestra y ese detalle se convierte en constante en otras facetas del film. El triángulo amoroso Calixto, su mujer y Carlos queda pespunteado, y la corruptela política es suficiente para mostrar al estereotipado hijo de un dictador. También son manidas las maniobras en la oscuridad que manejan las empresas multinacionales cuando sus directivos, representados por el jefe directo del personaje central -John Flanders-, se empeñan en la falta de escrúpulos.

El resultado es una producción a la americana, resuelta con gran criterio, pero lastrada por demasiadas lagunas en el guion, que no apuesta definitivamente por ninguna línea. Deja casi todo a medias, incluida la parte necesaria para que se luzcan los actores principales más allá del hieratismo de Raúl Arévalo y la retahíla de palabras malsonantes que caen del lado de Candela Peña. Cuando los personajes son más interesantes, se perfilan sin completar; los demás parten de plantilla bien conocidas que apenas aportan nada.

Funcionan mucho mejor las imágenes y el ritmo que consigue proporcionarle su autor. Con creces, es lo mejor de una apuesta a caballo entre una propuesta televisiva venida a más y una oferta cinematográfica que no alcanza las cotas que se le auguraban. Se ve sin esfuerzo y se lamenta que no haya llegado a más.

From → Cine

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