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El juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7) (***1/2)

1 octubre 2020

La Administración quiere dar ejemplo

Siete individuos fueron juzgados en Estados Unidos a raíz de unos altercados en Chicago durante la convención demócrata para elegir el candidato a las presidenciales. Se convirtió en una de las vistas más populares de la historia del país y puso de manifiesto la revancha política y el escarmiento promovido por la Administración.

En 1968 los dos grandes partidos políticos estadounidenses se preparaban para elegir sus candidatos a las presidenciales. Lindon B. Johnson agotaba su mandato y los demócratas elegían a su posible sucesor en Chicago. Eran los días de la guerra de Vietnam y distintas organizaciones querían aprovechar la ocasión para visibilizar su protesta. Sabían que si llegaban a las puertas del hotel donde tenía lugar el acto todas las cámaras de televisión captarían su presencia.

Finalmente, se desataron los enfrentamientos y al año siguiente, con Richard Nixon en la Casa Blanca, el nuevo fiscal general, John Mitchell -John Doman- quería vengarse de su antecesor en el cargo, Ramsey Clark -Michael Keaton-. Para ello, ordenó que se eligiera a un hombre que pudiera acusar con éxito a los cabecillas de la revuelta arguyendo una ley federal jamás aplicada y que había sido pensada para otros menesteres. Se basaba en que no se podía pasar de un Estado a otro con la intención de provocar actos de violencia deliberadamente. Había que mostrar que no fue la policía la que inició la lucha, aunque los testigos y el jurado tuvieran que controlarse.

Los estudiantes estaban encabezados por Tom Hayden -Eddie Redmayne- y Renni Davis -Alex Sharp-. Los yippies, que mostraban un enfoque caótico para sus reivindicaciones contaban con la presencia de Abbie Hoffman -Sacha Baron Cohen- y Jerry Rubin -Jeremy Strong-. Había otros dos acusados que debieran significar la parte benévola y por ello no se esperaba una sentencia condenatoria, así como otros dos individuos que viajaron a la Ciudad del Viento para estar únicamente unas cuantas horas. Lo justo para soltar su discurso y regresar. Eran David Dellinger -John Carroll Lynch-, un padre de familia y Bobby Seale -Abdul-Mateen II-, el líder de los Panteras Negras. El abogado principal de la defensa resultó ser William Kunstler -Mark Rylance-.

Para conseguir una decisión de culpabilidad por parte del jurado, el fiscal general encargó a su representante en Illinois, Thomas Foran -JC MacKenzie- que escogiera un acusador efectivo. Esa responsabilidad recayó en Richard Schultz -Joseph Gordon-Levitt-, un joven brillante que, inicialmente, no estaba de acuerdo en los cargos que pesaban sobre los siete acusados. Sin embargo, su trabajo requería demostrar que eran culpables y se aplicó concienzudamente a ello aun a pesar de lo que distaba su conciencia.

Un caso realmente llamativo y un reparto de lujo en el que, durante poco más de dos horas hay tiempo para que se luzcan todos ellos. Incluido, y de forma especial, Frank Langella en el papel del juez Julius Hoffman, que comienza en una vertiente cómica y termina demostrando como la incapacidad de ciertas personas a la hora de ocupar un cargo puede derivar en resultados impredecibles. Netflix ha presentado esta película en un reducido ramillete de salas comerciales antes de ofrecerla a sus abonados. En un año tan atípico, un film de estas características puede conseguir nominaciones al Oscar y el guion de El juicio de los 7 de Chicago y el propio Langella pueden estar por derecho propio entre los candidatos. También Rylance, que siempre luce sus personajes y que, en este caso, parece que es el mismísimo letrado del caso.

El texto del cineasta Aaron Sorkin es impecable. El autor de Molly’s Game se luce con un desarrollo magnífico, perfectamente digerible y pleno de posibilidades para sus actores, desde la comicidad, muy contenida esta vez, de Sacha Baron Cohen hasta el buen hacer al que nos tiene acostumbrados Eddie Redmayne. Hay lugar para todos y para demostrar como desde la Administración, utilizando piezas afines, se pueden manipular juicios y decisiones trascendentales.

Un drama judicial lleno de tensión, dulcificado por pasajes de comedia realmente brillantes por lo poco condescendientes. Se incluyen flashbacks de los enfrentamientos, entremezclando color y blanco y negro, que sirven de ilustración a los acontecido. No obstante, el film no llega a ser todo lo perfecto que esperábamos. Si a Sorkin hay que atribuirle el mérito de un guion que simplifica y hace legible la historia, también hay que atribuirle la excesiva pulcritud de su puesta en escena. Todos los personajes parecen académicos, hasta los pasotas yippies, o componentes del Partido Internacional de la Juventud. Se incluyen las sedes de las distintas organizaciones. Todas ellas parecen ordenadas y listas para revista.

From → Cine

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