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Nación cautiva (Captive State) (*1/2)

8 octubre 2020

Al servicio de los alienígenas

Después de una década de dominio extraterrestre en el Planeta la insurrección está a punto de estallar en Chicago. Para ello, se aprovecha una demostración prevista para exaltar el nuevo régimen en el estadio más conocido de la ciudad. La policía sigue los pasos de los rebeldes y espera abortar su iniciativa.

Una película que necesite varias explicaciones para hacerla mas comprensible es que tiene problemas para llegar al gran público. El guionista y director cinematográfico Rupert Wyatt mezcla diversos estilos, desde el thriller al género fantástico, pero su historia es farragosa y la puesta en escena no consigue desatar los líos en los que mete el texto. El desarrollo está muy por debajo de la secuencia pre créditos, cuando el detective Drummond pretende huir con su familia de una zona acordonada de Chicago, presuntamente en guerra.

Tras pasar los controles e introducirse en un túnel, un destello acaba con la vida de los adultos. Quedan sus hijos, que miran con sorpresa la aparición de un extraño con el cuerpo cubierto de pelos que se transforman en púas. Vana esperanza de un divertimento mayor. Diversos textos y frases en off nos informan de una invasión extraterrestre. En este caso, no hay destrucción ni un enfrentamiento masivo. Los alienígenas han conseguido el armisticio de todos los gobiernos, antes de instaurar un pretendido régimen democrático. Utilizan a buena parte de los humanos para extraer los recursos subterráneos del planeta en una serie de túneles excavados en zonas cerradas de las ciudades. A ese submundo solo tienen acceso algunos dirigentes significados.

En un entorno donde no se permite que funcione Internet, pero que los responsables policiales poseen un sistema de seguimiento por satélite que tiene como cabeza visible a William Mulligan -John Goodman-, quien fuera compañero del fallecido Drummond. El hijo menor del finado, Gabriel -Ashton Sanders- trabaja analizando y destruyendo tarjetas sim, circunstancia que resultará clave al final para comprender una parte decisiva de la historia. El chico, hermano de Rafe -Jonathan Majors-, un héroe de la resistencia a quien se dio por muerto en una revuelta del pasado, pretende huir al otro lado del lago. Mulligan, que en sus ratos libres acude a casa de una prostituta, Jane Doe -Vera Farmiga-, está a las órdenes del jefe Eugene Igoe -Kevin Dunn-, y sigue los pasos de Gabriel esperando que le lleve hasta el Número Uno, el líder de los insurrectos.

El momento elegido para el ataque es una demostración al más puro estilo de una campaña de exaltación del régimen. Se desarrolla en el estadio Soldier Field, sede de los Chicago Bears y que fue uno de los que acogió el Mundial de fútbol de 1994. Ese aspecto de thriller al que tiende el film no consigue llevarnos a un estado de ánimo que nos tenga en vilo, aun a pesar de la partitura de Ron Simonsen, que intenta aportar lo que la puesta en escena no consigue. Tampoco los personajes están desarrollados. Lo que interesa es lo que sucede en el momento presente y no de donde vienen y casi, casi, tampoco se preocupan de donde van.

El cartel promocional, a primera vista nos evoca a Superman mirando una enorme roca. Pues aquí no hay súper héroes y esos grandes peñascos son naves extraterrestres que pueden transportar cazadores que encarcelarán fuera de la Tierra a todos aquellos que no cumplan con lo establecido por el régimen. La presencia de algún responsable de ellos se espera en el Soldier Field, pero tampoco se materializa. Esa es una de las decepciones más importantes. Lo que comienza realmente atractivo no cumple con las expectativas y si ves posible una revuelta a lo Matrix o una convivencia tipo Distrito 9 puedes esperar en sentado en el patio de butacas, incluso después de la secuencia post créditos. Quienes se la pierdan se quedarán sin resolver uno de los enigmas, quizá el más importante, de los planteados en la pantalla.

Las imágenes provocan muchas dudas. Se entiende poco y mal que cuatro gatos puedan conspirar contra una fuerza superior, capaz de conseguir la rendición de todos los gobiernos del planeta. ¿Qué pasa en otras ciudades al margen de Chicago? El barrio de Pilsen es donde se gesta la revuelta, y se comunica a los insurrectos por medio de una supuesta empresa llamada Phoenix y sus anuncios clasificados en los periódicos. No deja de ser curioso que se inicie en 2019 para vivir su núcleo central en 2027. Los avances tecnológicos, excepto los sistemas de seguimiento, parecen haber experimentado un retroceso importante.

Todo un galimatías, demasiado caos y unas perspectivas que nunca llegan a satisfacernos. Incluso hay actores que por momentos parecen perdidos dentro de sus personajes. Como si no supieran realmente lo que están haciendo allí o lo que están diciendo. Sí que funcionan los escasos efectos visuales de relieve porque Rupert Wyatt, responsable de El origen del planeta de los simios sabe cómo sacarles partido a esos recursos.

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