Saltar al contenido

El palacio ideal (L’incroyable histoire du facteur Cheval) (**1/2)

3 noviembre 2020

¿Visionario o loco?

A finales del siglo XIX un cartero rural se desposa en segundas nupcias con una mujer que le da una hija a quien amará por encima de todo. Tanto es así que durante 33 años se aplicó en la construcción de un palacio para ella sin tener conocimientos de arte ni de arquitectura. La obra fue declarada monumento nacional.

En esta producción se narra la aventura de un cartero rural que durante más de tres décadas, 93.000 horas en total, hasta su muerte a los 88 años, construyó un palacio en honor a su hija. Tachado de loco, como aquel que cerca de Madrid dedicó su vida a levantar una catedral, el edificio fue considerado el 9 de noviembre de 1968 monumento histórico por el entonces Ministro de Cultura de Francia, André Malraux. Justificó que su país alberga la única arquitectura naíf del Mundo. Esa declaración tuvo lugar 44 años después del fallecimiento de Joseph Ferdinand Cheval, el artista en cuestión.

El monumento, al pie de Los Alpes es visitado como una atracción turística desde hace decenios. A simple vista, presenta una conjunción de estilos inclasificable. Cheval, que leía a duras penas, se empapaba de revistas y postales cuyo destinatario era ilegible con el beneplácito de Auguste -Bernard Le Coq- su jefe en el Departamento de Drôme. De esta forma fue adquiriendo una cultura inesperada, tanto en lo referente a la historia como en los estilos arquitectónicos. Los templos orientales fueron para él un referente.

Su historia, marcada por la tragedia, la cuenta Nils Tavernier. Cuando suponíamos que a duras penas tendría material para un mediometraje, el cineasta nos sorprende con una propuesta que alcanza la hora y tres cuartos de duración sin que se produzcan demasiadas reiteraciones y contando siempre con alguna novedad para el espectador. A través de una fotografía con colores pálidos que ocultan la belleza del entorno, se narra la biografía de un hombre cuya personalidad y estilo de vida encajan a la perfección con esa imagen.

El cartero Cheval -Jacques Gamblin- se mostraba siempre poco comunicativo. De ahí que algunos de sus vecinos, como Félicienne -Florence Thomassin- preferían acudir en persona a la estafeta de Correos antes de hablar con él. Sin embargo, el protagonista era fiel cumplidor de su trabajo. Tanto, que andando el tiempo, fue condecorado porque debido a sus caminatas a las que le obligaba su trabajo llegó a cubrir la distancia equivalente a dar cinco veces la vuelta a la circunferencia terrestre, y aún seguía en activo.

La muerte de su primera esposa, y la entrega de su hijo de diez años a unos parientes, fue un duro golpe para él. Más adelante, cuando Auguste le amplió la cobertura de sus entregas, conoció a Philomene -Laetitia Casta-, quien pronto le dio una hija. La nueva descendencia representó una nueva zozobra. No sabía como responder ante el bebé, pero debido a determinadas circunstancias no le quedó más remedio que estrechar el vínculo con ella. Tanto, que decidió construirle el palacio ideal y a ello consagró los años venideros.

Alice -Zélie Rixhon- creció viendo como su padre construía un edificio de difícil catalogación. En vano su esposa intentó disuadirle poniendo en duda sus conocimientos arquitectónicos, pero el cartero le dijo que había sido oficial en una panadería y que mezclar cal con agua no iba a ser más difícil que hacer una masa para hornear. A su habitual retraimiento se unía una testarudez elevada, por lo que siguió adelante con su empresa ante la mirada de su esposa, de su hija y de Garance -Natacha Lindinger-, la mujer de su jefe.

Cuando comenzó a correrse la voz, llegaron periodistas para hablar de aquella empresa extraordinaria, inquiriendo a su autor cómo compaginaba su trabajo con aquella dedicación. Diez horas desempeñando su oficio de cartero y otras tantas a su empeño. Indudablemente, su vida y su perseverancia son admirables. Mucho más por la tragedia que acompañó su existencia, marcada siempre por el dolor. Aparte del amor paternal que sentía por Alice, el reencuentro con Cyrill -Louka Petit Tavorelli-, su primogénito, le revitalizó y asentó sus convicciones.

Con un valor por encima de lo imaginado, esta sencilla película hace justicia a una empresa que solo puede ser obra de un visionario o de un loco. Probablemente, Joseph Ferdinand Cheval hubiera tenido un poco de ambos, pero sobre todo destacó su testarudez y su empeño por conseguir su propósito aun a pesar de las dificultades que encontró en su camino. Sin pretenderlo, ha pasado a la historia. Con él también sobrevive el recuerdo de su hija Alice, a quien dedicó su magna obra.

From → Cine

Deja un comentario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: