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La Llorona (**1/2)

12 noviembre 2020

El fantasma que hace justicia

Los hijos de Alma fueron asesinados en las revueltas que diezmaron la población indígena de Guatemala. Treinta años después, a uno de los generales que tuvieron que ver en aquel conflicto se le juzga por genocidio, pero la causa es declarada nula. Alma reaparece para culminar su venganza.

En 2019 Jayro Bustamante dirigió Temblores y esta propuesta que aúna la conflictividad política de su país con una de las leyendas más extendidas en Centroamérica. El mito de La Llorona se basa en una mujer que ahogó a sus hijos y ahora vaga arrepentida como un alma en pena por cualquier lugar. El cineasta da una vuelta de tuerca a la historia para unirla a la masacre cometida contra el pueblo indígena que tuvo lugar tres décadas atrás.

Enrique Monteverde es un general ya retirado al que se acusa de genocidio. En el juicio es declarado culpable, aunque finalmente la causa es declarada nula. Se trata de un tipo de salud delicada que no hace ascos al tabaco y al alcohol. Su figura guarda paralelismo con el dictador Efraín Ríos Montt, que llegó a dirigir su país en 1982 a consecuencia de un golpe de estado. El pueblo llano no estaba de acuerdo con la decisión final que liberó a Monteverde y un importante gentío se agolpaba a las puertas de su mansión con gritos que hacían referencia a la libertad, la paz y la justicia.

Pocas veces se ve a la multitud, pero el eco de sus consignas está presente en buena parte de un film que eleva a muy altas cotas la eficiencia de su sonido. No solamente se evidencia en lo ya referido, sino también esos llantos nocturnos que escucha el militar y que su familia enmarca dentro de un deterioro cognitivo a causa del Alzhéimer. Poco a poco se van descubriendo enigmas del pasado, haciendo hincapié en la matanza y violación de indígenas mayas. Quien está al corriente de lo sucedido antaño es la altiva y clasista esposa del militar, Carmen -Margarita Kénefic-. Conoce de primera mano una serie de secretos que afectan a sus más allegados, y a la responsable del servicio.

Valeriana -María Telón- es quien informa a los dueños de la casa que sus subordinados, todos ellos indígenas, han decidido irse. En el ambiente flota el recuerdo de La Llorona, propiciado por los llantos que Enrique percibe por la noche. Así es como entra a formar parte de la servidumbre una mujer enigmática llamada Alma -María Mercedes Coroy-, que vio como sus hijos eran asesinados treinta años atrás. En su mano tiene la posibilidad de la venganza. Mientras, entre todos los componentes de la familia Monteverde solo su hija Natalia -Sabrina de la Hoz- parece alimentar dudas acerca del trato a los indígenas.

Jayro Bustamante toca diversos aspectos y no todos ellos están definidos de la forma más coherente. Se desparrama en algunos de ellos mientras que otros resultan demasiado crípticos para el público mayoritario. En todo caso, un film interesante, seleccionado por su país para la próxima edición de los Premios Goya y que se adjudicó el Premio Especial del Jurado en el festival de La Habana. Su mayor hallazgo es conjugar el genocidio con el terror, aunque este no abunda en demasía. Al fin y al cabo, son dos vertientes del horror, que combinados suman mucho más que restan.

From → Cine

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