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Campanadas a muerto (*1/2)

18 noviembre 2020

La paz de los huesos

En los terrenos del caserío Garizmendi aparece el esqueleto de un ser humano. El hallazgo desempolvará viejos rencores familiares olvidados y cuerpos desaparecidos. A la investigación se incorporan dos inspectores de la sección criminal, uno de los cuales se muestra especialmente afectado por los sucesos.

Para su segundo largometraje en nueve años el pamplonica Imanol Rayo ha elegido la novela 33 campanadas de Miren Gorrotxategi considerada una de las grandes promesas de la novela negra en euskera. El argumento se centra en torno a un caserío del País Vasco donde aparece el esqueleto de un ser humano. Da pie a un paisaje singular y a una atmósfera opresiva facilitada por la climatología de la zona.

Fermín Araia -Íñigo Aramburu- descubre la osamenta en su caserío. Se lo dice a su mujer, Karmen -Itziar Ortuño-, con quien está distanciada desde hace tiempo, y a su hijo Néstor -Eneko Sagardoy-, que habita otro caserío próximo. Esa misma noche se apuntan algunos secretos que se irán desgranando en las jornadas sucesivas. Por ejemplo, que el joven tuvo un hermano gemelo, Aitor, fallecido violentamente en circunstancias nunca aclaradas.

Al día siguiente los huesos han desaparecido y también Fermín después de una importante borrachera. Aparecerá muerto en la iglesia y la policía interviene con la presencia de dos inspectores, Ezpeleta -Dorleta Urretabizkaia- y Kortázar -Yon González-, quien está especialmente implicado en el caso porque se trata del hermano menor de Adela -Claudia Chocarro-, una joven también desaparecida tiempo atrás.

Paulatinamente, y gracias a una serie de flashbacks, vamos conociendo más datos a Fermín le gustaba el juego y debía mucho dinero a su hermano Estanis -Asier Hernández-, a quien se relacionaba con la droga por lo alrededores. En cuanto a los dos gemelos, siempre había competencia entre ellos y Aitor solía salir victorioso. Néstor heredó el carácter apocado de su padre, y todo apunta a que los dos hermanos fuesen hijos biológicos de Estanislas.

Propietario de una gran mansión, cuenta con Abel -Josean Bengoetxea- como hombre de confianza. Son frecuentes las fiestas en su casa, donde corre el alcohol y la droga. Una de las invitadas era Adela, interés amoroso de Néstor pero que, por su carácter apocado vio como su propio hermano se iba con ella. Ni siquiera pudo retener a Berta -Itsaso Arana-, la joven con la que vivió una temporada en su caserío.

Este drama rural, que implica a la mayoría de sus personajes para rozar un estilo muy próximo al costumbrismo, está narrado con originalidad. Imanol Rayo muestra un estilo muy personal, apartado de los cánones. Repite planos, aunque la climatología los diferencia. Otras veces son las pisadas o el calzado los referentes, puesto que coloca la cámara fija y el enfoque se produce de cintura para abajo, remedando en parte algunas propuestas del cine negro francés del siglo pasado.

En ocasiones despista, como el hecho de abusar de planos estirados más de la cuenta. Lo poco agrada, pero lo mucho llega a molestar. Tiene a favor la espléndida fotografía de Javier Agirre Erauso, que consigue postales muy realistas del País Vasco, especialmente en lo que se refiere a los exteriores. Algunos primeros planos de los rostros de sus personajes contribuyen al ambiente opresivo que se propone desde los primeros minutos.

Los flashbacks, que no tienen solución de continuidad con respecto al tiempo actual, se distinguen por la presencia de personajes ya desaparecidos o que unos lleven barba y otros no. En ese aspecto el relato es confuso y hasta la explosión final cuesta ir atando cabos. Hay momentos de gran tensión, como cuando Néstor le pregunta a su madre si alguna vez amó a su marido y ella da la callada por respuesta. Los personajes solo encuentran solaz cuando mueren y son enterrados. Es la paz de los huesos. Y se debe de respetar.

El aspecto formal está muy por encima de un texto que deja muchas cuestiones en el aire. Desde la presencia de los gallos de corral hasta no profundizar en las muertes violentas o dar por hecho las relaciones de Estanis con la droga y que nadie intervenga. Por eso Karmen muestra sin pudor sus sentimientos ante la policía cuando dice que no quiere venganza, sino justicia.

From → Cine

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