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Ondina. Un amor para siempre (Undine) (***)

19 noviembre 2020

Sentimientos que matan

Ella es una historiadora que da conferencias cobre los estilos arquitectónicos berlineses. Cuando su novio la abandona, Ondina recupera el mito, o bien es el mito el que se la apropia. Según la creencia popular, debe de matar al hombre que la ha engañado y regresar al fondo de las aguas.

Las revisiones fílmicas de mitos panhelénicos o germánicos son tan antiguas como el propio cine. El alemán Christian Petzold, que en la mayoría de sus obras combina el drama, incluido el policiaco, con elementos mágicos, ha recurrido esta vez a la leyenda de Ondina, la ninfa acuática que sale de su medio para enamorarse de un humano, pero que lo mata si sabe que en algún momento le es infiel.

La protagonista, una espléndida y subyugante Paula Beer, sustituta de Nina Hoss como actriz fetiche del cineasta, trabaja en un museo para explicar a los turistas la diversidad de la arquitectura berlinesa. Es la parte que se reserva el proio Petzold para su habitual exposición socio-histórica. Al mismo tiempo, le permite unos encuadres muy atractivos y una belleza formal subyugante. Combina con acierto maquetas y decorados naturales en medio de tonalidades pasteles y colores vivos que hacen un deleite de casi cualquier fotograma.

Ondina Wibeau está furiosa. Su novio ha decidido dejarla por otra y ella la amenaza. O regresa a sus brazos o le matará. Hay que creerla, porque su mirada no es de ida y vuelta. Si no estuviera en la ventana de un inmueble y Johannes -Jacob Matschenz- en la plaza, seguro que llevaría a cabo su ultimátum de la manera más fría. Pero él no vuelve, lo que favorece el clásico chico encuentra a chica. Por un accidente Christoph -Franz Rogowski- entra en la vida de la protagonista.

Se trata de un buzo afable, apasionado y servicial. Casi es imposible no enamorarse de él y Ondina cae rendida a sus encantos. El mito va tomando cuerpo, aunque salvando el mar por agua dulce, un río, una presa y un pez, el Gran Gunther, que se transforma en otra especie de icono mitológico. La cámara va de la superficie al interior de los cauces y Petzold sigue luciéndose en el aspecto formal porque la historia comienza a dar tumbos y la exposición se vuelve perezosa.

Las imágenes se centran en Ondina y sus veleidades, hasta que en la parte final es Christoph quien toma el protagonismo. Cualquiera de ellos es el personaje central, e incluso hay lugar para el ex amante hundido ahora en la desesperación. No se sabe si el mito se apodera de la mujer, o es al revés. El caso es que la película se hace larga, aunque solo dure hora y media, porque el guion está prendido con alfileres y en pocos momentos consigue un amarre consistente.

Hay secuencias atractivas, como aquella en la que suena el Staryin’ Alive de Bee Gees, pero otras son crípticas, aparentemente incongruentes, que no terminan de ajustarse en el conjunto. Hay un interés evidente hacia el lado femenino. Ondina pasa de ser la criatura adorable a su reverso de mujer fatal. Sin embargo, la historia cae en la manida lucha por ver quien se queda con el chico guapo cuando aparece en escena Monika -Maryam Zaree-, la compañera de trabajo y amiga de Christophe.

También podríamos esperar algo más de él, pero alimenta dudas sobre su novia y se dedica a espiarla por las esquinas. El feminismo da paso al machismo y el mito de Ondina no llega a materializarse totalmente. Incluso, se sugiera una revisión libérrima del mismo. En ese momento, sentimos que los detalles sobre la arquitectura de Berlín, especialmente de esas dos ciudades que conforman su urbe, no se haya integrado como merecía en la propuesta.

Sin duda, Christian Petzold seguirá acumulando éxitos en los festivales. Sus películas gustan en esos ambientes y Ondina no se queda atrás con respecto a títulos como Phenix o Barbara. Podríamos decir que está más trabajada, que es más madura y tiene mayor consistencia. Pero queda el resquemor de lo que podría haber sido si el texto hubiera sido más consecuente con las imágenes y con la idea que se pretende plasmar. Otra cosa es la presencia de Paula Beer. Su trabajo es casi perfecto, bien secundada por quienes la rodean.

From → Cine

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