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El arte de volver (**1/2)

11 diciembre 2020
El arte de volver

El arte de volver – El significado de un regreso

Noemí regresa a Madrid tras seis años en Nueva York intentado abrirse camino como actriz. Se presenta a un castin que puede definir su futuro, aunque ahora se replantea su lugar en el mundo después de diversos encuentros con familiares y amigos que le enseñan a apreciar los vaivenes de la vida.

Después de media docena de cortos, el primer largometraje de Pedro Collantes fue uno de los cuatro trabajos que cada año selecciona la Biennale College de Venecia. Sus responsables vieron las virtudes que atesora El arte de volver. Méritos que están por encima de sus defectos y que se apoyan en un personaje que bien pudiera haber surgido de cualquier momento de inspiración de Eric Rohmer.

Noemí -Macarena García- regresa a Madrid después de haber pasado casi seis años en Nueva York intentado labrarse un camino como actriz. No pasó de un par de anuncios sin demasiada penetración popular y ahora se presenta a otro castin que esta vez sí puede modificar su futuro. Pese a todo, no se muestra demasiado optimista. Se ha presentado a tantos que está curada de espanto. Al contrario que Sara -Lucía Juárez-, que a sus veinticuatro años mantiene intactas sus ilusiones.

¿Qué hacía la protagonista a esa edad? La respuesta queda en suspenso porque, después de una escueta presentación del personaje, iremos desgranando su naturaleza por medio de distintos encuentros con familiares, amigos, e incluso desconocidos que completarán su radiografía. Gracias a todo ello, se dará cuenta que el mundo ha seguido su curso durante su ausencia y que ya nada es como era, por muy sutiles que sean los cambios. Así tendrá que plantearse su lugar en el mundo.

La cámara sigue a Noemí durante veinticuatro horas en las que se producen los mencionados encuentros. Primero, con su abuelo Marcos -Celso Bugallo-, ingresado en una residencia donde pasará el final de sus días. Más adelante, su hermana, un amigo con derecho a roce, una amiga… y hasta un taxista de lágrima fácil -Luka Peros- que proporciona uno de los momentos más distendidos de una propuesta dramática en la que Macarena García cumple con un trabajo muy destacable, situándose por encima de sus compañeros de reparto, Nacho Sánchez, Ingrid García-Jonsson y Mireia Oriol.

La personalidad de la protagonista se va desgranando por capas, merced a unas conversaciones que funcionan en su aspecto general, pero que muestran los principales defectos de la película. Se trata de encuentros por parejas, a modo de las primeras tragedias griegas, que no admitían más de dos personajes sobre el escenario al mismo tiempo. También se nos antojan alargados y, en determinados momentos, con profusión de frases rimbombantes, como si se tratase de huir de la vulgaridad.

Sin embargo, lo que realmente funciona en El arte de volver es todo lo referente a las situaciones con que se encuentra Noemí y, de forma primordial, con el resultado de unas conversaciones que no tienen porque ser trascendentes en cada línea. Su relación con quienes se encuentra es, de por sí, suficientemente interesante, por mucho que Collantes se aplique en alargarlas. Apuesta por cocinar su propuesta a fuego lento, aspecto que así lo demanda su historia, aunque no por ello deba verse obligado a prolongar cada secuencia. Casi siempre coincide con la parte más débil de los diálogos, puesto que ya está contado todo lo que deberíamos saber.

From → Cine

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