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The Bee Gees: How Can You a Broken Heart (****)

20 diciembre 2020

The Bee Gees: How Can You a Broken Heart – Los hermanos que quisieron ser The Beatles

Documental que narra el ascenso de los hermanos Gibb, más conocidos como The Bee Gees. Su máxima eclosión llegó con la película Fiebre del sábado noche. La reacción contra la música disco los relegó al olvido, pero siguieron componiendo canciones, más de mil, para las mejores voces del momento.

En su casa de Miami, con una vista singular, Barry Gibb repasa la historia de The Bee Gees, uno de los grupos más importantes de la historia del pop. Junto a los mellizos Robin y Maurice dejaron Australia, el país donde crecieron, para regresar a su tierra natal, el Reino Unido. Originarios de la isla de Man, gozaron casi de inmediato de su primer número uno y alcanzaron las mayores cotas de popularidad bajo la batuta del empresario Roger Stigwood, productor de la película Fiebre del sábado noche.

Después de sus pinitos en el Novísimo Continente, los tres hermanos coincidieron en la idea de que The Beatles era su meta imposible. Soñaban con que algún día pudieran llenar un gran estudio y de que el público cantara sus canciones. Decidieron probar suerte en Europa. Aunque no se dice en el documental, pensaron incluso en España, debido a su sol, pero en Gran Bretaña estaba la meca que podría conducirles a lo más alto.

Con la aportación del batería Colin Andersen y del teclista Blue Weaver grabaron Mining Disaster New York 1941. Su segundo sencillo, Massachussets, alcanzó el número uno en las listas británicas. Le siguieron Words, World, First of May, I’ve Got a Message to you y muchas otras, incluyendo la que da título a este documental.

Después de un coqueteo con las drogas y el alcohol, así como desavenencias de los hermanos, que ya estaban casados, el grupo estuvo a punto de desaparecer. Casi de inmediato, y gracias a Roger Stigwood llegaron a su cénit. Cuando el empresario compró los derechos de un artículo periodístico que hablaba de los bailes que tenían lugar en los suburbios los fines de semana a los que acudían los jóvenes del centro, pensó en una película. John Travolta firmó uno de los contratos más lucrativos para el empresario: un millón de dólares por tres films. El primero dio a conocer a Tony Manero y la segunda nada menos que Grease.

Se iba a subrayar con temas de música disco, pero Stigwood encargó un par de canciones a los Gibb. La primera fue una balada cuyo éxito propició un estreno masivo en todo el país. Night Fever, inspirada por un rayo del sol matutino que entraba por una ventana del local de ensayo, dio paso a la banda sonora más vendida de la historia de la música. Once millones de dólares de recaudación solo en Estados Unidos y varios discos de oro. Cinco canciones del álbum llegaron al número uno y coincidieron entre las diez primeras de las más escuchadas durante semanas.

El ritmo que aportaban estaba por encima de la música disco, y el falsete proporcionaba una novedad inesperada. Sin embargo, las modas pasan y los detractores de aquel estilo musical pusieron la proa sobre The Bee Gees. A ese desprestigio hubo que sumar la pérdida de su hermano menor, Andy, a causa de su adicción, pocos meses después de que se uniera a la banda.

Desde entonces, dieron un paso atrás y se dedicaron a la composición. Firmaron más de mil canciones y proporcionaron hits a intérpretes de la talla de Barbra Streisand, Celine Dion, Kenny Rogers o Dolly Parton. Los hermanos que querían parecerse a The Beatles habían conseguido llenar estadios, conseguir una presencia en las listas que nadie más había logrado hasta entonces y escribir canciones inmortales. Hoy, solo sobrevive Barry, el mayor, aunque cambiaría todos sus éxitos porque sus hermanos estuviesen junto a él.

No puedo ser objetivo con este documental firmado por Frank Marshall, quien fuera productor de Steven Spielberg y que había apostado hasta ahora por títulos comerciales de ficción. The Bee Gees han ocupado desde su primer sencillo un hueco más que importante en mi colección discográfica. Este trabajo ya tenía mi admiración pero, además, no está exento de valores.

A las aportaciones de los tres hermanos, especialmente de Barry, se unen imágenes familiares y algunas actuaciones que dan un giro radical cuando llega el turno de Fiebre del sábado noche. Se ofrecen imágenes de ensayos, de la obtención del Oscar a la mejor BSO y fragmentos de conciertos. No solo de ellos, sino también de aquellos que interpretaban sus canciones. Alice Cooper, Cream o Mick Flettwood, son algunos otros nombres ilustres.

Además, hay aportaciones de Lulú, ex mujer de uno de los Gibb, y de sus viudas o esposas. En el apartado profesional destacan las de Eric Clapton, Justin Timberlake, Nick Jonas, Noel Gallagher y Chris Martin, de Coldplay. A ellos hay que añadir músicos de estudios, profesionales de la radio y acreditados productores. Todo un lujo.

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