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Salvaje (Unhinged) (*1/2)

4 enero 2021
Salvaje

Un día torcido

Un inocente percance del día a día se convertirá rápidamente en una cruel pesadilla cuando una mujer toca el claxon en el momento equivocado al tipo que no debía. Desde ese instante, el desconocido solo tiene una obsesión y es que ella pague en exceso haberse metido con él.

Cada vez más orondo, Russell Crowe se encuentra con un personaje brutal, lleno de ira y vengativo. Lo que debiera ser una anécdota se convierte en un conflicto que deja un rastro de sangre debido a que los nervios de la gente en una gran ciudad están a flor de piel. Se pierde mucho tiempo en los desplazamientos, se llega tarde y cualquier persona tranquila puede convertirse en iracunda casi con un parpadeo.

Salvaje viene a ser sobre el asfalto lo que un forofo deportivo en cualquier estadio. El largometraje dirigido por Derrick Borte parece caminar en esa dirección. Debiera, pero desde el comienzo va por libre sin que ofrezca más explicaciones. La causa que podría convertir en una fiera sin control a Michael Douglas en Día de furia brilla en este caso por su ausencia, a pesar de una primera secuencia inquietante que augura un devenir mucho más interesante de lo que en realidad es.

Un hombre -Russell Crowe- aparca ante una vivienda unifamiliar armado con un objeto contundente. Rompe la puerta, golpea a quien sale a su encuentro y vacía la lata de combustible que acarreaba en su otra mano. La casa salta por los aires y él se aleja. No hay nombres, puede ser cualquiera. Incluso nosotros. Ni siquiera ciudades, ni una ubicación concreta. En ningún momento sabremos que le llevó a esa decisión, pero sí que su rabia quedará patente a lo largo de toda la proyección.

Sobre los títulos de crédito se nos informa de un lunes para olvidar. Como todo inicio de semana, los atascos de tráfico son inmisericordes. La policía carece de unidades suficientes como para atender a todas las demandas y luego sabremos que tardará como mínimo una hora en presentarse cuando se requiere su presencia. Los atracadores de bancos podrían hacer su agosto, y sin embargo la historia va por los derroteros de la rabia provocada por la frustración del tiempo perdido.

Rachel -Caren Pistorius- ya sale tarde de casa para llevar al pequeño Kyle -Gabriel Bateman- al colegio. Más tarde, deberá acudir a su cita con una clienta y tener un encuentro con Andy -Jimmi Simpson-, su mejor amigo y el abogado que tramita su divorcio. Está retenida en un caos circulatorio que la desespera. Ante la desidia del conductor que la precede cuando el semáforo está verde, toca reiteradamente el claxon. Desconocía que quien estaba al volante era el hombre que había incendiado la casa. Ella se enfrenta a una jornada torcida, pero él le hará saber lo que es realmente tener un mal día.

Desde ese pasaje, tiene como único objetivo hacerle purgar a Rachel su actitud. Considera que sus disculpas no son sinceras y la persigue con su automóvil. Tiene rostro, al contrario de la propuesta de Steven Spielberg en El diablo sobre ruedas. El hombre es una amenaza constante, que muy pronto se convertirá en un criminal sin atisbo de conciencia. Una vez que se entiende agotada la persecución por el asfalto comienza la violencia en grado extremo. En un bar, elimina al abogado en una exposición dura, aunque no exenta de atractivo.

Debió de tomarle gusto Derrick Borte a esa secuencia, que opta desde entonces por un camino exagerado que deriva en una paliza a Rachel y a su hijo que no viene a cuento. Todo está exagerado por mor de insistir en que cualquier suceso nimio puede desencadenar en una ola de violencia exacerbada. Como si fuese la gota que desborda el vaso. Precisamente, llevar tan al límite las situaciones, resta potencial a un largometraje que no pasa de ser un ejemplo de serie B con más pretensiones y escasos resultados.

Russell Crowe es un actor sobrecualificado para este personaje. Máxime, por el hecho de que se busca la acción por la acción, sin otras prerrogativas. Desconocemos los antecedentes de ese hombre desquiciado dispuesto a resarcirse llevándose por delante a quien se cruce en su camino. Tampoco se nos informa de lo que pasa en realidad por su mente. Reacciona de manera descontrolada sin que se ofrezca explicación. No vale con decir que tengamos cuidado hasta con nuestro vecino porque es semejante a considerar que todos somos violentos, culpables y asesinos debido al estrés provocado por la gran ciudad.

From → Cine

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