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Planta permanente (***1/2)

29 junio 2021
planta permanente

Oportunidades mal entendidas

Lila y Marcela trabajan como limpiadoras en una dependencia estatal. Se han inventado una forma de subsistencia gestionando un comedor absolutamente irregular en un rincón abandonado del edificio. Todo cambia con la llegada de una nueva directora. Tras las promesas vacías llega el cierre del negocio y una ola de despidos.

Seis años después de Los dueños el tucumano Ezequiel Radusky se colocó nuevamente detrás de las cámaras para relatar otra historia en la que los trabajadores más humildes aspiran a una situación mejor por mucho que no se encuentren preparados para ello. La cinta se alzó con el premio a la mejor actriz en el Festival de Mar de Plata y con el Colón de Oro, la máxima distinción en el certamen de cine iberoamericano de Huelva. Una obra mayor a pesar de su escasa duración, 79 minutos, y de su minimalismo.

Nos encontramos en un edificio estatal en el que Lila –Liliana Juárez- y Marcela –Rosario Bléfali- trabajan como limpiadoras. Se ganan un sobresueldo porque han aprovechado una habitación abandonada de las dependencias que conocen tan a fondo, para montar una cantina. Por poco dinero proporcionan el almuerzo a los empleados. Ellos encantados porque se encuentran con una comida casera de calidad.

Los acontecimientos cambian al llegar una nueva directora –Verónica Perrota-, que ofrece buenas palabras y muchas esperanzas. Sin embargo, entre sus nuevas medidas contempla el cierre del comedor y despidos masivos que afectan a la hija de Marcela, ahijada de su amiga. Lo que hasta entonces era un compañerismo absoluto se transforma en distanciamiento. Marcela no tiene en cuenta los favores que Lila le hacía constantemente, incluso fichar por ella, y se deja llevar por el resentimiento puesto que suya fuela idea de dar comidas.

Para entonces, Lila se había ganado el favor de la directora cuando a horas intempestivas acudió a limpiar su despacho y la ejecutiva todavía se encontraba en él. Sin cargos en el personal de limpieza, Lila se transforma en una especie de responsable del mismo hasta que los consejeros de la recién llegada le animan a montar nuevamente la cantina y a dar ejemplo a nivel estatal. Lila pide un préstamo para hacer realidad su sueño, pero enseguida surge la competencia y la licitación pública. Para optar, debe renunciar a su puesto de trabajo.

La película nos muestra las habituales promesas vacías y las palabras cínicas que suelen acompañar a los nuevos responsables de una empresa, con mayor énfasis si es estatal. De inmediato pone el foco en la disolución de una buena amistad cuando existen intereses económicos de por medio. Otro aspecto importante tiene que ver con el hecho de pretender abarcar lo que no se puede. Lila es una limpiadora eficiente que quiere hacer realidad su anhelo de montar y dirigir un comedor. Su empeño solitario hace tambalear su existencia.

Ya no es ninguna niña, todo lo contrario. Cuando le pide a su esposo que venda los útiles de un taller que ofrece poco más de un encargo al mes, éste lo rechaza. Tiene que acudir a un préstamo para adquirir los utensilios suficientes para cocinar y servir las viandas. No contemplaba entonces la enemistad de quien fuera su compañera inseparable, y mucho menos con la actuación de superiores sin escrúpulos que no tienen en cuenta ni el empeño en el trabajo ni los méritos adquiridos a lo largo del tiempo.

Lila lleva más de treinta años trabajando con eficiencia, pero no deja de ser una empleada más, un número y no una persona. Un guion ácido que se sumerge en la relación entre patrón y subordinado hasta viajar casi a sus mismas esencias. Radusky, protegido por una cinematografía de calidad a cargo de Lucio Bonelli, saca brillo a la historia. Le concede el tempo justo y ha sabido encontrar en Lila Juárez la intérprete idónea.

En su tercer largometraje, aunque ya está entrada en años, ofrece todo un curso con sus miradas y su apocamiento. Transmite de manera sinigual como la procesión va por dentro y ni siquiera eleva la voz cuando intentan explotar o sacar beneficio de su personaje. Tanto ella como la película parecen pertenecer a una obra menor en la que ambas partes salen muy favorecidas.

From → Cine

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