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Un blues para Teherán (**1/2)

3 julio 2021

Un país y su música

Diferentes rostros nos muestran un Irán donde tradición y modernidad conviven y se confrontan. Erfan Shafei nos invita a descubrir un país tan misterioso como culto a través de la música y sus gentes. Él es un joven kurdo, divertido e irónico, que quiere convertirse en director de cine. Canta, escribe poesía, vive con sus padres.

Después de una larga trayectoria en Radio 3 el comunicador Javier Tolentino muestra su amor por el séptimo arte con un primer largometraje sorprendente. Ha viajado a Irán para mostrarnos unas interpretaciones musicales que comienzan con el traslado de Erfan Shafei al centro musical de Rasht, la ciudad más grande en la costa del mar Caspio. Lo vemos primero en su hábitat, viviendo con sus padres y su loro, al tiempo que nos demuestra su intención de convertirse en director de cine.

Hacia su destino, un plano fijo dentro de su automóvil que se extiende más allá de seis minutos, se acompaña con una canción popular. Será la más pegadiza de todo un muestrario que abarca modernidad y composiciones tradicionales interpretadas en su mayoría por juglares e intérpretes desplazados al borde del océano. También se llevan a cabo incursiones durante las tareas agrícolas, o simplemente aparecen músicos que hacen más llevaderos los trabajos.

Todos los intervinientes en este documental son kurdos o iraníes y hablan en farsi. Se recurre siempre a temas populares o a otros derivados de la inspiración de acreditados compositores en el país. Apenas hay palabras, salvo un par de secuencias en las que se muestran detalles de la vida cotidiana o a la presencia ante las cámaras de un pescador que se lamenta porque entre sus hijos hay un varón. Las féminas van acompañadas de dotes, lo que aliviaría una situación económica difícil.

El contenido es irregular en cuanto a las imágenes se refiere. El autor potencia la música, pero en ningún momento hay explicaciones acerca de las diferencias de estilos o sobre los instrumentos. Algunos de ellos extravagantes en el mundo occidental. La presencia ante la cámara de Erfan Shafei, al que esperábamos como narrador, es absorbente, aunque en ningún momento llegue a cumplir una función explicativa o didáctica.

El título responde a una última composición de Walter Geromet, responsable junto a Tere Núñez de la banda sonora. El blues implica tristeza, pero también trabajo. Con sus notas, los esfuerzos en el campo parecían más llevaderos. La contraposición de modernidad con tradición y los ecos que transmite un pueblo castigado desde hace décadas se alivian con las distintas interpretaciones. Desde es punto de vista, nada que objetar. Todo lo contrario a lo que sucede con el minimalismo textual.

Se agradece que el autor no tome partido, ni que profundice en otras cuestiones. Mucho menos que sea tan poco explícito en una cultura que nos pilla tan lejana. La música es atractiva y los temas están bien intercalados. La mayoría hablan del amor y dan gracias a Dios por los logros obtenidos. Una constante entre sus gentes. Con un cartel atractivo y una fotografía en ocasiones brillante de Juan López, el desarrollo se nos antoja discontinuo. De todas formas, apreciamos la entrega y el mérito de un primer trabajo con una idea tan original y hasta arriesgada.

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From → Cine

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