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Dos (***)

26 julio 2021
Dos

Unidos por el abdomen

Un hombre y una mujer se despiertan pegados por el abdomen. No se conocen, están desnudos y tras el susto inicial, tratan de mantener la calma. Descubren que estar pegados dificulta en extremo hasta las actividades más mundanas y se ven obligados a compartir sus secretos más íntimos y vergonzosos.

Hay películas muy personales, algunas de las cuales llegan a traspasar la barrera de lo comercial. No es frecuente porque, además, sus autores suelen mirarse demasiado al ombligo deseosos y convencidos de firmar su obra cumbre. La barcelonesa Mar Targarona no muestra una carrera prolífica como directora si nos atenemos a que es de la quinta de 1953, pero se ha hecho con un nombre en los últimos años. Tras presentar El fotógrafo de Mauthausen, esta nueva propuesta es, sin duda, su obra más íntima y diferenciadora.

Una pareja se despierta en una cama de un dormitorio desconocido. Están desnudos y no tardan en advertir que están unidos por el abdomen. Alguien los ha cosido y sus movimientos son limitados. Es una exposición hasta cierto punto macabra. Produce repelús hasta que te vas acostumbrando a lo que hay, paralelamente a la adaptación de los protagonistas a su nueva realidad. David -Pablo Derqui- y Sara -Marina Gatell- no entienden nada. El espectador está tan sorprendido como ellos.

Pasado una primera fase de desconcierto, aceptan la situación y elucubran acerca de como pueden revertirla. Son dos desconocidos condenados a entenderse. Para atar cabos deben de hablar sin tapujos y confesar sus acciones más íntimas. También tienen que aceptar sus necesidades fisiológicas y han de hacerlo como están, pegados.

Como quiera que se trata de un thriller, consideramos fundamental no adelantar muchos detalles. Todos vamos descubriendo detalles y motivos conforme lo hace también la pareja protagonista. A lo largo de poco menos de hora y cuarto no hay más trampas que un secreto que se desvela paulatinamente. Cobra especial importancia el dígito que da título al film, el primer número primo, la base del sistema binario y el único que sumado o multiplicado a sí mismo proporciona el mismo resultado.

Mar Tarangona dirige con mimo, colocando la cámara cuidadosamente. Utiliza con maestría los espejos que, aun formando parte del decorado, ofrecen valiosa información. Tampoco se recrea en su propuesta ni alarga las secuencias, lo que es de agradecer. No es óbice para ciertas reiteraciones y algunos movimientos demasiado liberados para esa especial unión que tienen David y Sara.

Conforme avanza la propuesta parece que gozan de mayores libertades hasta que se accede a un desenlace que vuelve a tornarse macabro, como al inicio. Una forma de cerrar el círculo, muestra del ying y el yang que se transforma en un dos y da paso a una serie de fotografías que terminan por redondear un guion original y que evita en lo posible la mayoría de las trampas en la que hubiera sido muy fácil caer.

From → Cine

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