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Llévame a casa (Nareul chajajwo – Bring me Home) (***)

10 agosto 2021
Llévame a casa

Todo por mi hijo

Una madre totalmente entregada a la búsqueda de su hijo desaparecido sigue una pista que le lleva hasta un pueblo pesquero. Un oficial de policía corrupto podría tener las respuestas a sus preguntas, puesto que el niño está al recaudo de un cacique local que le explota de manera inmisericorde.

Una mujer aparece en una playa nada turística con la tristeza acumulada en su rostro. De inmediato, un hombre entra en el hospital con parada cardíaca. Las primeras imágenes nos ponen en guardia acerca de lo que nos puede deparar la ópera prima del surcoreano Kim Seung—woo. Lo que sigue eleva todavía más el listón dramático. Es posible que cuando visionamos este film, estrenado directamente en Movistar +, estuviéramos especialmente sensibles. El caso es que nos pareció extremadamente doloroso.

No hay un terror como tal, pero sí un pánico psicológico que nos revuelve las tripas y nos acogota el corazón. Hay violencia física, aunque solo al final. Antes del desenlace mantenemos un nudo en la garganta por una historia tremenda, que afecta a una madre y a su hijo perdido durante seis años. De paso, el autor muestra los niveles de corrupción de su país, cuyos tentáculos alcanzan hasta la propia policía.

Yung Yeon -Le Yeong-ae- era feliz junto a su marido y su hijo cuando todo su mundo se vino abajo sin casi darse cuenta. El niño desaparece y su esposo muere a consecuencia de un accidente de tráfico. Seis años después todavía sigue repartiendo carteles con la foto del chaval ante la esperanza de encontrarlo. No ceja en su empeño, acuciada por la angustia de las dos ausencias que han golpeado su existencia.

En una isla apartada un policía novato cree advertir un parecido razonable entre un niño maltratado por los adultos y el muchacho desaparecido. Un cacique local es quien controla la zona y tiene compradas a las autoridades. Efectivamente, todo hace indicar que se trata del niño perdido, no solo por su aspecto físico sino también por las marcas de su cuerpo. Aunque tampoco rechaza la mordida, protagoniza una llamada anónima que advierte a la desesperada madre de que su lucha incesante puede ser recompensada.

La historia es angustiosa y Kim Seung—woo se recrea en ello. Pocas veces la explotación infantil se ha mostrado con mayor dureza en la pantalla. Posiblemente, porque todos los abusos recaen sobre un solo personaje, por lo que la situación alcanza un grado máximo de dolor. El responsable de esta puesta en escena quiere ser intimista, pero no puede conseguirlo siempre. El desarrollo impone una resolución diferente. Máxime, cuando se aproxima el final y la violencia física se impone. La resolución justifica la secuencia final y redondea el film.

Los contrastes son un activo, aunque también una rémora en el conjunto. Se apuesta por los giros de guion, como si Seung-woo no se fiase de mantener la atención con una historia más lineal. Le hubiera bastado, a la vista de su capacidad para mostrar unos actos impenitentes que a punto están de jugar en su contra. Afortunadamente, consigue mantenerse en una línea más que aceptable. Después de una carrera importante en su país como actor y protagonista de sit coms, el autor incide en la casuística de los niños desaparecidos en Corea, y lo lleva al límite.

From → Cine

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