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Los Olchis (The Ogglies) (**)

4 septiembre 2021
Los Olchis

La basura es agradable

Los Olchis buscan un nuevo hogar, pero nunca se sienten bienvenidos en ningún sitio. Apestan, y la mayoría de los humanos no los quieren. Cuando Firebottom, el dragón de la familia, aterriza en el vertedero de una ciudad, los componentes de la pequeña tribu se sienten como en casa. Y es aquí donde quieren quedarse.

Los personajes creados por Erhard Dietl han llegado finalmente a la pantalla grande. Se trata de unos seres verdes, con tres protuberancias que salen de su cabeza y que buscan, ante todo, espacios que la mayoría los demás mortales detestamos. Son felices bañándose en la basura de los vertederos y uno de sus platos preferidos es la sopa de calcetín añejo. En esta propuesta, dirigida por Toby Genkel y Jens Moller, dos expertos cineastas en el género de animación, los Olchis se entremezclan por primera vez con los seres humanos.

Las aventuras de esta singular familia convertida en una pequeña tribu suelen desarrollarse en Pestilandia, pero en este caso buscan un nuevo lugar en el que asentar sus reales. Esa inercia da como resultado una secuencia humorística entre una madre y su hija que se repetirá al final en sentido contrario. Mientras, el dragón de los Olchis, con ellos a bordo, lleva a cabo un recorrido kamikaze que afecta a viandantes y automóviles, tanto en las calles de la ciudad como en la carretera.

Finalmente aterrizan, por llamarlo de alguna forma, en el vertedero de una ciudad. Da la sensación de que aquello apesta y debe de exhalar un olor fétido si tenemos en cuenta que Smellville no figura actualmente en ningún guía de viaje. Los negocios van a pique por falta de clientes y sus habitantes se quejan constantemente del aire nauseabundo que respiran. A cambio, los recién llegados son felices entre la basura y los desperdicios que se acumulan en una zona que todos rehúyen.

Hasta ahí, la propuesta es curiosa. Los extraños personajes que la protagonizan son afables, aunque no podamos disimular un rictus de rechazo al comprobar su hábitat preferido. La fidelidad a la creación de Dietl podría calificarse de fidedigna, pero no dura mucho tiempo. Cuando los Olchis y los seres humanos se relacionan se vuelve muy convencional, y da la sensación de haber sido vista antes varias veces en el celuloide. A cambio, se mantiene una paleta de colores no demasiado forzada, sin estridencias y un diseño de personajes atractivo.

El cuento infantil no daba para un largometraje, razón por la que nos encontramos con Max, un niño con ansias de investigación, que tiene en Lotta a su mejor amiga y nada menos que a la alcaldesa como madre. Ella le tiene toda la jornada programada, sin apenas momentos de asueto. Desde su cargo, y con la ayuda del mafioso de turno, la regidora pretende cambiar el vertedero por un negocio urbanístico. Para entonces, los Olchis ya han decidido que ese es el hogar de sus sueños y por nada del mundo desearían abandonarlo.

Se recurre a la clásica lucha por la felicidad de unos pocos que hallan en mentes entregadas defensores a ultranza. De paso, toca la especulación y los avances del progreso que, muchas veces, sacrifica sentimientos y arraigos profundos. Los chavales pueden obtener una buena lección de un largometraje destinado casi únicamente a ellos. En la apresurada parte final se incluye una especie de moraleja demagógica y constructiva: la basura puede ser muy útil si se recicla adecuadamente. Una paráfrasis de la arruga es bella del modisto Adolfo Domínguez.

From → Cine

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