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Negro Púpura (***)

23 septiembre 2021
Negro púrpura

Negro púrpura – Del centeno al LSD

El cornezuelo, que brota en los cereales, abre las puertas a una historia tan curiosa, sorprendente y desconocida como importante en el devenir de la cultura y la economía de Galicia a lo largo del siglo XX. Desde esos campos gallegos llegan historias desperdigadas que dejan un regusto amargo a pan de centeno, historias que repercuten traspasados los océanos. Una corteza que guarda una miga delirante.

Cuando yo estudiaba, se asimilaba el cornezuelo del centeno con una plaga o un veneno. Gracias a este documental creado por Sabela Iglesias y Adriana P. Villanueva, no tenemos más remedio que echar por tierra aquel aprendizaje. Tanto es así, que ese hongo llegó a sacar de la pobreza a muchos gallegos del interior puesto que en 1951 se llegó a pagar más mil pesetas -6 euros- por un kilo. Aproximadamente, el valor de un ternero por entonces. Para conseguir esa cantidad apenas se necesitaba un día de trabajo.

Desde finales de los años veinte del siglo pasado ya se daba valor al cornezuelo. Se exportaba desde Estados Unidos y preferían el producto gallego por encima del de otras latitudes, principalmente, el que llegaba de Polonia. Más adelante, se llegó incluso a inocularlo para obtener ese oro negro que tenía su punto álgido en el norte de Portugal y en el interior galaico. Sobre todo, en localidades como Escairón, muy cerca de Monforte de Lemos. En realidad, era un potente alucinógeno que fue utilizado en farmacología.

Desde épocas ancestrales ya se sabía en el Noroeste de la Península Ibérica que ese hongo tenía unas propiedades especiales. Se usaba en tisana para las parturientas. Favorecía los nacimientos, pero había que conocer la cantidad justa, porque también podría ser mortal. Las matronas la utilizaban antes de que se llegase a la conclusión de que el claviceps purpurea, su nombre científico, era el origen para obtener la dietilamida del ácido lisérgico, o LSD. No es de extrañar, por tanto, el revuelo que causó en los mercados.

A partir de 1952 el interés por el cornezuelo fue bajando y su valor decreció notablemente. A pesar de ello siguió empleándose, aunque a menos medida debido a los productos sintéticos. Partiendo de aquellos momentos de euforia, Iglesias y Villanueva han creado un documental cuando menos curioso. Está salpicados de vivencias y términos de la época en un presente afectado por la crisis y la despoblación rural. De esta manera, todos los relatos en primera persona se deben a gentes de la tercera edad que recuerdan aquellos pasajes con nostalgia.

El cornezuelo tiene que ver con la economía, pero también con la tradición. Hay momentos tiernos, en los que uno de los supervivientes recuerda cómo se hacían con ejemplares del hongo para dárselo a su maestro a cambio de unas monedas. Todos contentos con aquella operación. Mucho más, los que vivieron una eclosión que ya es histórica y prácticamente desconocida a pesar de que es un parásito que se encuentra en la mayoría de cereales, aunque el del centeno es el más grande y valioso.

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