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El asesinato de dos amantes (The Killing of Two Lovers) (***)

15 octubre 2021
El asesinato de dos amantes

Secuelas de una separación

David intenta desesperadamente mantener unida a su familia después de separarse de su esposa. Ambos acuerdan que pueden salir con otras personas, pero el protagonista lucha por asumir la nueva relación de pareja de su ex, mientras sus hijos aceptan de forma diferente la nueva situación.

Sueños inalcanzados y darse de bruces con una realidad inesperada son los cimientos de esta producción independiente dirigida por Robert Machoian. Sin duda, se eleva como una de las más impactantes del año en ese sentido y figura por derecho propio entre las más apetecibles de la temporada. La secuencia inicial es tremenda, con un hombre apuntando con una pistola a una pareja que yace dormida la cama. Un suido le aparta de sus intenciones y se marcha sin ser visto.

Hablamos de David -Clayne Crawford-, un tipo que vive en una pequeña localidad de Utah. Está en trámites de divorcio y ha acordado con Niki -Sepideh Moafi- que pueden salir con otras personas. Es un compromiso que exige madurez, pero muy pronto advertimos que el personaje central no quiere romper definitivamente su matrimonio y que el hecho de ver a Niki con otro hombre apenas puede soportarlo. Mucho más, por la actitud de su hija mayor, que no quiere ver roto su vínculo familiar y advierte que su madre sale con Derek -Chris Joy-.

Se trata del hombre que estaba en la cama con Niki cuando David apuntaba con su pistola. Machoian recurre a una serie de golpes sonoros, ruidos que mientras su personaje central deambula por el pueblo parecen remitir a disparos. Se repetirán a lo largo de una proyección de carácter introspectivo en el que el thriller que se apuntaba desemboca en un drama que pone de manifiesto las secuelas de una separación.

Nos detenemos en un anti héroe. No es preciso que le sintamos cercano. Tampoco su historia invita a la proximidad. Niki se ha quedado con la casa y David trampea con trabajos basura una vez instalado en el domicilio de su anciano padre. Lleva a sus hijos a diversas actividades, aunque la adolescente Jess -Avery Pizzuto- es la más problemática. Se muestra desintegrada y muy dolida por la decisión de los padres. Su sufrimiento es consecuencia directa del distanciamiento de sus progenitores. Sus hermanos todavía son lo suficientemente pequeños.

Con una corta duración, el film se aproxima al minimalismo, lo que no excluye que presente una radiografía cautivadora de la fragilidad de la pareja. Machoian coloca la cámara con sentido y originalidad, dejando que los personajes fluyan y retratando la severidad de un ambiente rural y casi deshabitado en el que hasta unos grandes almacenes anuncian liquidación por cierre. Se puede estar o no de acuerdo con las advertencias sonoras. Unos ruidos tan descarnados como la propia película y que a veces nos sacan de situación.

Un drama en toda la extensión de la palabra que, a través de planos fijos en su mayoría, se instala dentro del espectador y le obliga a recapacitar. Rodada con inteligencia y con una interpretación poderosa de Crawford, llega a la parrilla de Filmin para reinventar las consecuencias de una ruptura sentimental. Del dicho al hecho hay mucha diferencia y el protagonista consiente, pero no acepta la nueva situación. Ama a su esposa y quiere mantener intacta la cédula familiar. Las consecuencias que se derivan pueden ser trágicas.

El asesinato de dos amantes – Secuelas de una separación

David intenta desesperadamente mantener unida a su familia después de separarse de su esposa. Ambos acuerdan que pueden salir con otras personas, pero el protagonista lucha por asumir la nueva relación de pareja de su ex, mientras sus hijos aceptan de forma diferente la nueva situación.

Sueños inalcanzados y darse de bruces con una realidad inesperada son los cimientos de esta producción independiente dirigida por Robert Machoian. Sin duda, se eleva como una de las más impactantes del año en ese sentido y figura por derecho propio entre las más apetecibles de la temporada. La secuencia inicial es tremenda, con un hombre apuntando con una pistola a una pareja que yace dormida la cama. Un suido le aparta de sus intenciones y se marcha sin ser visto.

Hablamos de David -Clayne Crawford-, un tipo que vive en una pequeña localidad de Utah. Está en trámites de divorcio y ha acordado con Niki -Sepideh Moafi- que pueden salir con otras personas. Es un compromiso que exige madurez, pero muy pronto advertimos que el personaje central no quiere romper definitivamente su matrimonio y que el hecho de ver a Niki con otro hombre apenas puede soportarlo. Mucho más, por la actitud de su hija mayor, que no quiere ver roto su vínculo familiar y advierte que su madre sale con Derek -Chris Joy-.

Se trata del hombre que estaba en la cama con Niki cuando David apuntaba con su pistola. Machoian recurre a una serie de golpes sonoros, ruidos que mientras su personaje central deambula por el pueblo parecen remitir a disparos. Se repetirán a lo largo de una proyección de carácter introspectivo en el que el thriller que se apuntaba desemboca en un drama que pone de manifiesto las secuelas de una separación.

Nos detenemos en un anti héroe. No es preciso que le sintamos cercano. Tampoco su historia invita a la proximidad. Niki se ha quedado con la casa y David trampea con trabajos basura una vez instalado en el domicilio de su anciano padre. Lleva a sus hijos a diversas actividades, aunque la adolescente Jess -Avery Pizzuto- es la más problemática. Se muestra desintegrada y muy dolida por la decisión de los padres. Su sufrimiento es consecuencia directa del distanciamiento de sus progenitores. Sus hermanos todavía son lo suficientemente pequeños.

Con una corta duración, el film se aproxima al minimalismo, lo que no excluye que presente una radiografía cautivadora de la fragilidad de la pareja. Machoian coloca la cámara con sentido y originalidad, dejando que los personajes fluyan y retratando la severidad de un ambiente rural y casi deshabitado en el que hasta unos grandes almacenes anuncian liquidación por cierre. Se puede estar o no de acuerdo con las advertencias sonoras. Unos ruidos tan descarnados como la propia película y que a veces nos sacan de situación.

Un drama en toda la extensión de la palabra que, a través de planos fijos en su mayoría, se instala dentro del espectador y le obliga a recapacitar. Rodada con inteligencia y con una interpretación poderosa de Crawford, llega a la parrilla de Filmin para reinventar las consecuencias de una ruptura sentimental. Del dicho al hecho hay mucha diferencia y el protagonista consiente, pero no acepta la nueva situación. Ama a su esposa y quiere mantener intacta la cédula familiar. Las consecuencias que se derivan pueden ser trágicas.

Secuelas de una separación

David intenta desesperadamente mantener unida a su familia después de separarse de su esposa. Ambos acuerdan que pueden salir con otras personas, pero el protagonista lucha por asumir la nueva relación de pareja de su ex, mientras sus hijos aceptan de forma diferente la nueva situación.

Sueños inalcanzados y darse de bruces con una realidad inesperada son los cimientos de esta producción independiente dirigida por Robert Machoian. Sin duda, se eleva como una de las más impactantes del año en ese sentido y figura por derecho propio entre las más apetecibles de la temporada. La secuencia inicial es tremenda, con un hombre apuntando con una pistola a una pareja que yace dormida la cama. Un suido le aparta de sus intenciones y se marcha sin ser visto.

Hablamos de David -Clayne Crawford-, un tipo que vive en una pequeña localidad de Utah. Está en trámites de divorcio y ha acordado con Niki -Sepideh Moafi- que pueden salir con otras personas. Es un compromiso que exige madurez, pero muy pronto advertimos que el personaje central no quiere romper definitivamente su matrimonio y que el hecho de ver a Niki con otro hombre apenas puede soportarlo. Mucho más, por la actitud de su hija mayor, que no quiere ver roto su vínculo familiar y advierte que su madre sale con Derek -Chris Joy-.

Se trata del hombre que estaba en la cama con Niki cuando David apuntaba con su pistola. Machoian recurre a una serie de golpes sonoros, ruidos que mientras su personaje central deambula por el pueblo parecen remitir a disparos. Se repetirán a lo largo de una proyección de carácter introspectivo en el que el thriller que se apuntaba desemboca en un drama que pone de manifiesto las secuelas de una separación.

Nos detenemos en un anti héroe. No es preciso que le sintamos cercano. Tampoco su historia invita a la proximidad. Niki se ha quedado con la casa y David trampea con trabajos basura una vez instalado en el domicilio de su anciano padre. Lleva a sus hijos a diversas actividades, aunque la adolescente Jess -Avery Pizzuto- es la más problemática. Se muestra desintegrada y muy dolida por la decisión de los padres. Su sufrimiento es consecuencia directa del distanciamiento de sus progenitores. Sus hermanos todavía son lo suficientemente pequeños.

Con una corta duración, el film se aproxima al minimalismo, lo que no excluye que presente una radiografía cautivadora de la fragilidad de la pareja. Machoian coloca la cámara con sentido y originalidad, dejando que los personajes fluyan y retratando la severidad de un ambiente rural y casi deshabitado en el que hasta unos grandes almacenes anuncian liquidación por cierre. Se puede estar o no de acuerdo con las advertencias sonoras. Unos ruidos tan descarnados como la propia película y que a veces nos sacan de situación.

Un drama en toda la extensión de la palabra que, a través de planos fijos en su mayoría, se instala dentro del espectador y le obliga a recapacitar. Rodada con inteligencia y con una interpretación poderosa de Crawford, llega a la parrilla de Filmin para reinventar las consecuencias de una ruptura sentimental. Del dicho al hecho hay mucha diferencia y el protagonista consiente, pero no acepta la nueva situación. Ama a su esposa y quiere mantener intacta la cédula familiar. Las consecuencias que se derivan pueden ser trágicas.

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