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Pleasure (***)

16 octubre 2021
Pleasure

El coste de la fama

La joven Jessica deja atrás su vida en un pueblo sueco para ir a Los Ángeles con la intención de convertirse en la próxima gran estrella porno. El camino hacia su objetivo será mucho más escabroso de lo que había imaginado, hasta el punto de que se plantea la necesidad de seguir adelante para alcanzar su objetivo.

La cineasta sueca Ninja Thyberg ha trasladado a Los Ángeles el desarrollo de un cortometraje que había rodado en 2013. La historia nos remite a una animosa joven, que apenas ha superado la mayoría de edad, que deja atrás su vida en una localidad sueca para triunfar como estrella del porno. Una historia de superación en la que su protagonista se plantea hasta qué punto merece la pena su ansia de éxito a tenor del esfuerzo y la degradación que debe superar. Sucede algo parecido en muchos órdenes de la vida

Linnéa -Sofia Kappel- llega al control de pasaportes del aeropuerto angelino y duda antes de contestar si ha viajado por trabajo o por placer. Una declaración de intenciones. Se decanta por el placer y se instala junto a otras compañeras de profesión. No tardan en advertirle que cualquiera de las que considera su amiga puede engañarla para conseguir un papel o ascender en su profesión. Con el psuedónimo de Bella Cherry, es consciente de que le gusta el sexo y disfruta con él aunque, de momento, no va más allá de sesiones chico-chica o chica-chica.

Encontramos un paralelismo evidente con Showgirls, la injustamente denigrada cinta de Paul Verhoeven que, en su día, se negó a protagonizar Madonna. En Las Vegas, Nomi Malone también buscaba hacer realidad su sueño de triunfar en un musical, aunque tuvo que iniciar su periplo como bailarina de striptease. De igual forma, Bella es consciente de que para triunfar ha de alcanzar límites impensables y, por supuesto llegar a donde nadie se había mostrado hasta entonces.

Ahí surge la figura de Mark Spiegler, interpretado por él mismo en la pantalla. Es un magnate del porno, una evolución suponemos que lógica de aquel Florence Ziegfeld que nos mostró Robert Z. Leonard en el celuloide. Si no estabas en su escudería era muy difícil que triunfaras en Broadway. Si Spiegler no te acoge bajo su manto será imposible que llegues a ser considerada como una estrella del prono. Los tiempos han cambiado y ese personaje baboso, muy alejado de la elegancia de Hugh Hefner, exige para representar a sus chicas muchos seguidores en Internet y una total ausencia de prejuicios.

Entre conversaciones subidas de tono y algunas imágenes explícitas, Bella acepta el sadomasoquismo, el sexo interracial e, incluso, la doble penetración anal. Las vejaciones son constantes y llega un momento en que no disfruta de unas relaciones que antes le resultaban satisfactorias. Además, vive en primera persona el hecho de salvaguardar su estatus a costa de sus mejores amigas. Ninja Thyberg lo cuenta con tal crudeza que, a excepción de algún que otro sadomasoquista, la película duele más que excita.

Se muestra un mundo machista en el que las mujeres son floreros de lujo de las que se aprovechan en busca del más difícil todavía. El peaje de la fama resulta abusivo y puede que no merezca la pena. Bella/Linnéa llega a planteárselo, e incluso telefonea a su madre para un posible regreso a casa. De momento, puede más su ambición mientras recorre Los Ángeles entre colores mínimamente recargados, poses y deseos libidinosos, exageraciones y alguna que otra vista que intenta ser diferente pero que no llega a impactar.

Presentado en el Festival de Cannes, antes de su paso por Sundance, el film destaca por su rigor fundamental. La industria del porno se presenta de forma cruda y hasta perturbadora. Todavía más por encima, hay que señalar el impactante debut de Sofia Kappel. Puede ser un primer peldaño que le catapulte directamente al estrellato, o que su propio personaje la fagocite, como ha pasado tantas y tantas veces en la historia del séptimo arte.

El coste de la fama

La joven Jessica deja atrás su vida en un pueblo sueco para ir a Los Ángeles con la intención de convertirse en la próxima gran estrella porno. El camino hacia su objetivo será mucho más escabroso de lo que había imaginado, hasta el punto de que se plantea la necesidad de seguir adelante para alcanzar su objetivo.

La cineasta sueca Ninja Thyberg ha trasladado a Los Ángeles el desarrollo de un cortometraje que había rodado en 2013. La historia nos remite a una animosa joven, que apenas ha superado la mayoría de edad, que deja atrás su vida en una localidad sueca para triunfar como estrella del porno. Una historia de superación en la que su protagonista se plantea hasta qué punto merece la pena su ansia de éxito a tenor del esfuerzo y la degradación que debe superar. Sucede algo parecido en muchos órdenes de la vida

Linnéa -Sofia Kappel- llega al control de pasaportes del aeropuerto angelino y duda antes de contestar si ha viajado por trabajo o por placer. Una declaración de intenciones. Se decanta por el placer y se instala junto a otras compañeras de profesión. No tardan en advertirle que cualquiera de las que considera su amiga puede engañarla para conseguir un papel o ascender en su profesión. Con el psuedónimo de Bella Cherry, es consciente de que le gusta el sexo y disfruta con él aunque, de momento, no va más allá de sesiones chico-chica o chica-chica.

Encontramos un paralelismo evidente con Showgirls, la injustamente denigrada cinta de Paul Verhoeven que, en su día, se negó a protagonizar Madonna. En Las Vegas, Nomi Malone también buscaba hacer realidad su sueño de triunfar en un musical, aunque tuvo que iniciar su periplo como bailarina de striptease. De igual forma, Bella es consciente de que para triunfar ha de alcanzar límites impensables y, por supuesto llegar a donde nadie se había mostrado hasta entonces.

Ahí surge la figura de Mark Spiegler, interpretado por él mismo en la pantalla. Es un magnate del porno, una evolución suponemos que lógica de aquel Florence Ziegfeld que nos mostró Robert Z. Leonard en el celuloide. Si no estabas en su escudería era muy difícil que triunfaras en Broadway. Si Spiegler no te acoge bajo su manto será imposible que llegues a ser considerada como una estrella del prono. Los tiempos han cambiado y ese personaje baboso, muy alejado de la elegancia de Hugh Hefner, exige para representar a sus chicas muchos seguidores en Internet y una total ausencia de prejuicios.

Entre conversaciones subidas de tono y algunas imágenes explícitas, Bella acepta el sadomasoquismo, el sexo interracial e, incluso, la doble penetración anal. Las vejaciones son constantes y llega un momento en que no disfruta de unas relaciones que antes le resultaban satisfactorias. Además, vive en primera persona el hecho de salvaguardar su estatus a costa de sus mejores amigas. Ninja Thyberg lo cuenta con tal crudeza que, a excepción de algún que otro sadomasoquista, la película duele más que excita.

Se muestra un mundo machista en el que las mujeres son floreros de lujo de las que se aprovechan en busca del más difícil todavía. El peaje de la fama resulta abusivo y puede que no merezca la pena. Bella/Linnéa llega a planteárselo, e incluso telefonea a su madre para un posible regreso a casa. De momento, puede más su ambición mientras recorre Los Ángeles entre colores mínimamente recargados, poses y deseos libidinosos, exageraciones y alguna que otra vista que intenta ser diferente pero que no llega a impactar.

Presentado en el Festival de Cannes, antes de su paso por Sundance, el film destaca por su rigor fundamental. La industria del porno se presenta de forma cruda y hasta perturbadora. Todavía más por encima, hay que señalar el impactante debut de Sofia Kappel. Puede ser un primer peldaño que le catapulte directamente al estrellato, o que su propio personaje la fagocite, como ha pasado tantas y tantas veces en la historia del séptimo arte.

From → Cine

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