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La ruleta de la fortuna y la fantasía (Guzen to sozo – Wheel of Fortune and Fantasy) (****)

4 noviembre 2021
La ruleta de la fortuna y la fantasía

Amores perdidos, conversaciones ganadas

Contada en tres movimientos, muestra una colección de historias protagonizadas por personajes femeninos que trazan las trayectorias entre sus elecciones y arrepentimientos. Un triángulo amoroso inesperado, una trampa de seducción fallida y un encuentro que resulta de un malentendido.

Afortunadamente, Ryûsuke Hamaguchi ha reducido sensiblemente la duración de sus propuestas desde las cinco horas de la potente Happy Hour. La anterior, Drive my Car, se iba a los 169 minutos para dejar en dos horas justas este último film, ganador del Oso de Plata en el Festival de Berlín. Se trata de una presentación intimista, enmarcada en un círculo en el que lo onírico y lo fantástico se entremezclan y difuminan. Una vez más, la película de este cineasta japonés daba para una mini serie televisiva, pero prefiere redondear su idea de tirón.

Son tres historias protagonizadas por mujeres con un estilo visual muy definido. Lo más normal es ver a dos personajes conversando. Los diálogos son brillantes y, aunque parezcan repetitivos en ocasiones, nunca molestan porque están perfectamente encajados y mantienen un alto nivel literario. Otro denominador común es el amante perdido y encontrado. En esto se separa de las tragedias de otros autores con lo que mantiene un invisible nexo de unión. Hablamos de Eric Rohmer o de Hong Sang-soo.

Del primero toma sobre todo la alteración de sus personajes debido a la propia interacción humana. La puesta en escena está más cerca del coreano, aunque sus secuencias albergan más planos, con las conversaciones cara a cara entre sus protagonistas. En esta ocasión, lo que se desarrolla en vehículos urbanos resultan fascinantes. Afecta a los dos primeros episodios, mientras que el tercero se entretiene en una estación de ferrocarril como principio y final de su desarrollo.

El capítulo que abre esta producción ofrece una conversación de dos mujeres en un taxi que no quisiéramos que terminase nunca. Una de ellas le dice a su mejor amiga que ha conocido a un hombre excepcional. Estuvo con él una noche, no necesitaron hacer el amor, pero se estableció entre ellos una química muy especial. Cuanto más profundiza en la descripción más convencimiento tiene su amiga de que se trata de su ex amante. Los títulos de crédito avanzan que cada uno de los apartados no interactúa con los demás.

El del medio es el más atrevido porque una profesora es tentada por el alumno con el que mantiene una relación para que seduzca y humille al maestro que le ridiculizó y que ahora triunfa con novelista. El último, magnífico desde cualquier punto de vista, reúne a dos mujeres en un mundo en el que un virus informático que ha puesto al mundo patas arriba ha obligado a regresar al correo postal y al telégrafo.

Una de ellas, que vive en Tokio, acude a su ciudad natal para celebrar una reunión con sus compañeras de colegio veinte años después. Al día siguiente se encuentra en la estación de tren con una persona a la que no había visto el día anterior, pero que reconoce como su gran amor de juventud, y el único verdadero. Ambas hablan y se dan cuenta de que sus interlocutoras no son quienes ellas creen. En todos los casos, la parte final es sorprendente y nos prepara y anima a ver el siguiente. Con el último, nos quedamos con las ganas.

Una película digna de un director eficiente que sorprende con cada una de sus propuestas. Siempre íntimas, estudiando a sus personajes y penetrando en su interior hasta el fondo. Exige a sus actrices y convierte escenarios normales en excepcionales. Sus diálogos son calculados y ayudan a entender mejor esos roles casi hieráticos, que parecen razonar profundamente sus palabras. Desde la modelo vengativa del primer episodio hasta la fragilidad de Nana y Moka en el final. Como los demás, están condenados a entenderse y a seguir adelante con su vida.

From → Cine

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