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Josefina (***)

7 noviembre 2021
Josefina

Almas solitarias

Juan, funcionario de prisiones, observa en silencio las visitas de Berta, madre de uno de los presos. El día que por fin logra acercarse a ella, se hace pasar por otro padre y se inventa una hija dentro de la cárcel. La necesidad de llenar el vacío en el que viven ambos les llevará a seguir encontrándose.

La vida de Juan -Roberto Álamo- es rutinaria. Es un funcionario de prisiones que vive solo. Introspectivo y circunspecto, apenas se comunica con alguien a excepción de Rafael -Manolo Solo-, su compañero en la vigilancia del centro penitenciario. Fuera de su trabajo, saca a pasear el perro de su vecino -Simón Andreu- mientras observa a los chicos de la calle jugar al baloncesto en un parque próximo.

Por lo que respecta a Berta -Emma Suárez- es una mujer casada cuyo marido está postrado en la cama como un vegetal. Antes confeccionaba trajes de caballero y ahora se encarga de los arreglos que le ofrecen algunas empresas de confección. También es solitaria y su único contacto evidente con el exterior es una vecina que viene a cuidar a su esposo cuando ella no está. Los domingos acude a la cárcel donde está interno su hijo Sergio -Miguel Bernaudeau-, quien tampoco es de muchas palabras.

Con estos personajes, Belén Sánchez Árévalo, su pareja y habitual guionista, ha confeccionado una historia íntima y pausada que el alicantino Javier Marco narra con vigor. Después de un largo y una desena de cortometrajes, entre ellos A la cara, que le supuso un Goya, presenta lo que define como una historia de amor tardío. Ciertamente, sus protagonistas están a punto de abandonar la mediana edad. En ese momento de su vida, el enamoramiento es distintos Hay menos fogosidad a cambio de miradas cómplices, que en este caso están llenas de tristeza.

Un día en que se ve forzado a tomar el autobús para ir a su trabajo, Juan observa a Berta. Desde ese momento no pueda quitársela de su cabeza hasta que se produce el encuentro. Lejos de contarle la verdad, le dice que tiene a su hija interna en el módulo de mujeres. Se inventa a Josefina, quien terminará carteándose con Sergio lo que dará esperanzas a su madre de una mejor comunicación entre ellos. Como modelo, el funcionario de Alcalá-Meco tomará a una reclusa real, Josi -Olivia Delcán-.

El ambiente es grisáceo por los planos cortos, las pantallas de vigilancia y el interior de los autobuses. La alegría no existe o, quizá, no ha sido inventada. Los personajes de Javier Marco son almas solitarias, que necesitan de alguien a su lado y no lo tienen. Incluso, la verborrea de Rafael, el otro vigilante, augura que tampoco es una persona feliz o completa. A pesar de que la historia se ofrece masticada, las metáforas de la parta final desembocan en un final que puede resultar confuso.

La complicidad de Roberto Álamo y Emma Suárez se elevan por encima de la propuesta en ese momento. Sus miradas lánguidas resultan lo suficientemente explícitas para entenderlo todo. Soportan la carga de soledad presente en el film. También de comprensión y de la necesidad de tener a alguien a su lado. No hace falta que se abracen ni que dialoguen. Simplemente, tener la conciencia de que están ahí en todo momento. Una sensación que también podría aplicarse a los hijos de ambos, a Sergio y a Josi, cada vez más convertida en Josefina.

From → Cine

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