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La hija (***)

26 noviembre 2021
La hija

Adopción al límite

Irene, de quince años, vive en un centro para menores y se acaba de quedar embarazada. Uno de los educadores le ofrece vivir con él y su mujer en la casa que tienen en un paraje aislado para que pueda llevar a buen término su embarazo. La única condición es que acepte entregarles el bebé que lleva en sus entrañas.

Hay diferentes fases en el embarazo en lo que respecta a la mente de una madre. Para una muchacha de quince años, internada en un centro de menos infractores, la primera es opción en desprenderse del bebé. Irene -Irene Virgüez- encuentra una salida cuando Javier -Javier Gutiérrez-, un educador del centro, le ofrece instalarse en su casa junto con él y su esposa Adela -Patricia López Arnáiz-. Naturalmente, es una acción al margen de la ley, por lo que deben ser cuidadosos y extremar las precauciones.

Ayuda el hecho de que vivan en una casa asilada, situada en un paraje agreste. De esta forma pueden esquivar posibles sospechas. Inicialmente, Irene se encuentra deslumbrada. Nunca había tenido una habitación tan grande, pero en seguida quiere comunicarse con el padre del bebé, Osman -Sofian El Benaissati-, que está en la cárcel. No es una buena opción, aunque Javier trata de complacerla. El siguiente paso tiene que ver con la llamada de la sangre. Los futuros padres quieren formar una familia con su hijo.

La decisión es un contratiempo para quienes piensan quedarse la criatura. Máxime cuando la joven que albergan en su casa comienza a sentir el amor de madre y no quiere ceder a su hijo. La decisión obliga a una situación más drástica. Irene es alojada en una buhardilla camuflada, con las ventanas tapiadas. Es lo más parecido a un secuestro. Tiene la palabra de su cuidador de que cuando sea madre recibirá dinero para que pueda marcharse lejos con su pareja, pero ella siente la necesidad de tener el bebé entre sus brazos y darle el pecho.

Gracias a una buena localización, Manuel Martín Cuenca, que vuelve a rodar con Javier Gutiérrez después de El autor, consigue una atmósfera precisa, que va subiendo en intensidad. El cineasta almeriense ha demostrado ser todo un experto en este tipo de ambientes. Lo demostró en filmes como Caníbal, o el anteriormente citado, que le supuso el Premio Goya a su actor protagonista. El marco rural, aparte de su belleza, tiene un halo de misterio, mientras que según avanza la propuesta se aproxima al pánico.

Hay un cierto bache a mitad de la proyección, quizá debido a un desarrollo lento que desemboca en un metraje que se marcha a las dos horas Lo compensa con creces en la parte final. Se acerca al horror y a un cambio, por otra parte lógico, que está bien apoyado por un giro de guion coherente y bien encajado. Los actores ayudan a crear la envoltura deseada por Martín Cuenca que, como director, supera sus anteriores trabajos.

La cinta se vuelve perversa a partir de que el débil pacto de los tres protagonistas comienza a saltar por los aires. La vuelta atrás es imposible y solo cabe un desenlace a modo de tragedia. Llegar hasta ella era la parte más difícil y había que conseguirlo con estudiada sensibilidad. En ese aspecto, la prueba se solventa con notable.

From → Cine

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