Saltar al contenido

La familia perfecta (*1/2)

3 diciembre 2021
La familia perfecta

Lucía cree llevar una vida modélica y tenerlo todo bajo control. Desde que se casó, volcó sus esfuerzos en el cuidado de su familia ideal. Todo comienza a derrumbarse el día que aparece Sara, la novia de su hijo; una chica joven, libre y deslenguada y, con ella, una familia política muy diferente a la idea que siempre soñó para para su hijo.

No me explico cómo Lucía -Belén Rueda- puede vivir en un piso a todo lujo después de haber dejado muchos años atrás su puesto de directora de un colegio de alto standing y con el sueldo de su marido, un astrónomo llamado Ernesto -Gonzalo de Castro-. Además, viste modelos de alta costura, frecuenta lugares exclusivos y una amante de la cultura, como se demuestra con sus visitas a los museos y las obras pictórica que enseñorean su domicilio. Nada indica que su estatus provenga de familia.

Su vida es modélica y perfecta. Más bien lo era hasta que su hijo Pablo -Gonzalo Ramos-, flamante abogado, le presenta a la mujer con quien quiere casarse. Sara -Carolina Yuste-, monitora de gimnasio, vive en un barrio marginal con sus padres y su hermano. Amparo -Pepa Anorte- es una mujer sin clase y su esposo Miguel -José Coronado-, un ebanista que aparenta una cultura que no tiene. Toni -Lalo Tenorio-, sin oficio ni beneficio, viste ropa deportiva como su hermana y sus modales distan mucho de ser refinados.

El encuentro entre ambas familias es un exponente de la diferencia social. Unos y otros pertenecen a clases diferentes, como el colegio en el que trabajaba Lucía y la educación recibida por la familia de Sara. Esa dicotomía provoca la sonrisa, basada en el refinamiento de unos y el lenguaje y comportamiento de los otros. Hasta ahí, la comedia funciona y Arantxa Echeverría, responsable de Carmen y Lola, se desenvuelve con acierto en terreno conocido.

Todo cambia cuando los novios, Lucía y Miguel se van a Soria, tierra natal de la chica, para los preparativos del enlace. Su padre se enamora de su futura consuegra y parece que ella también siente que las hormonas se le revuelven. Es una atracción aparentemente sin sentido. Ver a Coronado convertido en una suerte de leñador no es lo que se podría esperar. Tampoco se justifica la actitud de Lucía por un beso negado a su esposo y después de que éste rehusara un cariño nocturno.

El caso es que el día de la boda se destapa la efervescencia de dos supuestos amantes con pocos puntos en común. El resto, se puede imaginar. Desavenencias conyugales, cambios de modos de vida, representados por el personaje de Belén Rueda, y algunos chistes facilones. La historia se vuelve predecible, con pasajes de aceptación comprometida y un desarrollo demasiado subrayado por las imágenes y el texto. La diatriba de que la protagonista dejó todo por su hijo y su casa funciona a medias porque el guion la diluye entre intentos más simplones.

El personaje de Lucía es al que más se presta atención. Pasa de mujer sofisticada a una persona más mundana y de clase trabajadora. El cambio de peinado y dejar un barrio pijo por otro de menor fuste no le hace perder su elegancia y su saber estar. El hábito no hace al monje y sigue destacando por encima de los demás. Realmente, desde aquel viaje a Soria todo se pierde en la mediocridad y el absurdo. Una secuencia en la que la Lucía y su esposo están en el aparcamiento tras el escándalo en la boda iba para referente y también se estropea al final.

From → Cine

Deja un comentario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: