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El brindis (Le discours) (**1/2)

31 enero 2022
El brindis

Adrien tiene 35 años, es neurótico e hipocondríaco y está estancado en una crisis de madurez. Durante una cena con su familia más cercana, su novia no contesta sus mensajes y su estúpido cuñado le pide que se encargue de hacer el discurso de su boda. ¿Qué podría ir peor? 

Hagas lo que hagas, nunca tienes el control. Ese es el axioma principal de la novela escrita por Fabrice Caro, publicada en 2018. Laurent Tirard, un especialista en comedia la adaptó para el celuloide concediéndole el protagonismo a Benjamin Lavernhe. La función depende de él, porque el conjunto no se puede sustraer a la idea de que nos encontramos ante un monologuista que asume el papel de Adrien. Incluso, en ocasiones rompe la cuarta pared para apuntalar esa idea.

La moraleja inicial, que escribíamos al principio, la refuerza con un suceso. En 1980, Darby Crash, cantante de The Germs, decidió suicidarse para que su nombre figurara con letras mayúsculas en la historia del rock. El destino quiso que aquel mismo día asesinaran a John Lennon y su nombre cayó en el olvido. Un hecho que marca la existencia del personaje central, consciente de que por mucho que lo intente, el azar tendrá unas cartas más poderosas para ganar la partida.

La situación se le complica al protagonista, un tipo que alimenta una potente crisis existencial a sus treinta y cinco años. Su máxima preocupación es que Sonia -Sara Giraudeau-, su última novia, con la que parecía tener una relación para toda la vida, decidió dar un descanso a su relación. Un descanso no es un parón. Se aprieta el botón de pausa y se puede volver a reactivar en cualquier momento. Lo malo es que ella lleva un mes sin contestar a su último correo.

Aunque su relación iba muy en serio, ningún miembro de los allegados de Adrien la conoce personalmente. Ni a ella ni a ninguna de las que le precedieron. Una señal más de la degradación personal del protagonista, que no tiene el valor suficiente para contravenir rutinas o situaciones preestablecidas entre sus allegados. Desconocemos como se comporta en su trabajo, pero asumimos que lo hará de forma parecida.

Durante una cena familiar se asfixia todavía más al enterarse por boca de su cuñado que su hermana desea que haga el brindis oficial en su boda. Pensarlo, le trae por a calle de la amargura, y se pasa casi toda la película pensando las opciones, unas brillantes y otras decepcionantes, sin que aparentemente ninguna de ellas vaya con su personalidad. Lo cierto es que, al margen de esa aparición en público, su problema principal sigue siendo Sonia y su tardanza en contestar. ¿Se habrá enamorado de otro?, ¿habrá tenido un accidente…?

Laurent Tirard se esfuerza en la puesta en escena y consigue que la apariencia teatral del relato no importe demasiado. Sabemos que estamos en una ensoñación, y resulta suficiente para aceptar lo que pudiera ser un monólogo de hora y media salpicado con algunos diálogos. Su apuesta se basa en recuerdos y premoniciones. De su flirteo y posterior romance con Sonia a lo que puede pasar con su intervención durante la boda de su hermana. Benjamin Lavernhe se encarga con su actuación de hacer creíble todo lo que desfila en la pantalla.

From → Cine

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