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Aline (5,2/10)

13 abril 2022
Aline

Quebec, a finales de los 60. Sylvette y Anglomard reciben a su decimocuarto hijo: Aline. En la familia Dieu, la música reina y descubren que la niña tiene una voz prodigiosa. Al oírla, el productor musical Guy-Claude Kamar solo tiene una cosa en mente: convertirla en la mejor cantante del mundo. 

Se advierte al principio de la proyección que la película está basada en la vida de la cantante y actriz canadiense Cèline Dion, aunque se añade de inmediato que se trata de una obra de ficción. Me tranquiliza a medias, puesto que no han pasado muchos minutos cuando veo a una niña con el rostro de la directora, guionista y protagonista de esta historia, Valerie Lemercier. Por este trabajo se llevó el Premio Cesar a la mejor actriz acompañado de otras diez nominaciones.

No sabemos si el galardón fue para proteger esta coproducción francocanadiense en el plano internacional o si realmente los votantes miraron para otro lado sin darse cuenta del ridículo inicial de esta actriz, cantante, humorista y cantante francesa. Cuando se rodó el film tenía 56 años y, a pesar del bisturí digital, es muy complicado aceptarla como una niña de doce años. A esa edad uno de sus hermanos y su madre enviaron una cinta al productor Guy-Claude Kamar -Sylvain Marcel-. Así comenzó la carrera de una diva reconocida internacionalmente.

Las canciones son, sin duda, el punto álgido de esta ambiciosa producción que se queda en una reverencia de más de dos horas para con la ganadora de dos Oscar y del Festival de Eurovisión. Toda la película es una alabanza al personaje central a través de un relato edulcorado y lleno de amabilidad en el que únicamente su madre Sylvette -Danielle Fichaud- pone una nota algo discordante, mínima de todas formas. Apenas hay un solo conflicto y el drama o los vaivenes de cualquier existencia se queda en una balsa de aceite.

Con los nombres cambiados, la historia sigue a pies juntillas la biografía de quien convirtió My Heart Will Go On en un éxito mundial. Y eso que no le gustaba el tema principal de Titanic cuando se lo propusieron. Abarca desde su llegada al mundo, como el hijo número catorce del matrimonio Dieu. El apellido casi es onomatopéyicamente el mismo, pero tiene más fuerza convertir a Dion en una auténtica diosa, lo que encaja a la veneración que Lemercier tiene de la estrella canadiense. Su entrega es reseñable y cuando no ejerce de niña raya a gran altura.

También se ha variado el nombre de pila. Cèline Mariue Claudette dio paso al que da título a la película por el hecho de que cuando sus padres pensaban en ello vieron en televisión como Christophe cantaba Aline. De igual forma, René Angeill, quien fue su manager y esposo, se ha modificado por el de Guy-Claude Kamar. En la cinta podemos encontrar los momentos más importantes de la vida de la Dion, aunque desconocemos la extraña razón de que se nos hurte su actuación en Dublín cuando ganó Eurovisión para Suiza a la edad de veinte años.

El largometraje rezuma bondad por los cuatro costados y una admiración sin límite por la estrella. Sus hitos musicales más importantes resuenan en nuestros oídos para contarnos lo importante que es el Poder del amor y algunas letras adaptadas a sus vivencias que se nos antojan más atractivas que el propio biopic. Al menos, expresan algún sentimiento. Desde que se nos presenta a la enorme familia numerosa, la propuesta se abraza a un pasteleo que contiene mouse de chocolate, grandes dosis de nata y mucha crema pastelera.

Estreno: 13 de abril de 2022 (128 minutos)

From → Cine

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