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Chicuarotes (**)

18 abril 2022

México profundo

Dos chicos intentan salir de la ruina de su pueblo natal, una pequeña barriada mexicana. Tras enterarse que, por medio de una mordida, pueden conseguir un puesto fijo para toda la vida se afanan por juntar el dinero. De esta forma comienzan una carrera delictiva de consecuencias trágicas e imprevisibles.

Llama la atención el título. Corresponde a un apodo que tienen los habitantes de San Gregorio de Atlapulco, situado en el barrio obrero de Xochimilco, al sur de la capital mexicana. Cuenta su director, el también actor Gael García Bernal, que Augusto Mendoza escribió el guion hace más de una década, pero su contenido sigue vigente porque no han cambiando las circunstancias en su país. Especialmente, por lo que se refiere a las posibilidades de salir adelante de los chicos que habitan zonas marginales. La mayoría de ellos termina abrazando la delincuencia.

Eso es lo que les sucederá a Cagalera -Benny Emmanuel- y su amigo Moloteco -Gabriel Carbajal-. Se disfrazan de payasos para entretener a los ocupantes de los colectivos, y hartos de no conseguir dinero, terminan asaltando a sus ocupantes. Cuando se enteran que el tío de un colega, perteneciente a un sindicato pueden colocarlos en un trabajo sin grandes exigencias para toda la vida se ponen en marcha para conseguir esa suma cada uno. Por medio de Planchado -Ricardo Abarca- perpetran un golpe que no sale como habían planeado, razón por la que se aprestan a secuestrar al hijo de un comerciante del barrio que goza de una posición más acomodada.

El relato próximo al costumbrismo, que tiene varios puntos en común con el cine quinqui hecho en España durante el siglo pasado, se entremezcla con otros géneros. El melodrama y la violencia doméstica acompañan a las vivencias de los dos personajes principales, aunque solo el entorno de Cagalera parece interesar a sus responsables. El joven protagonista tiene un hermano mayor, Víctor -Pedro Joaquín-, que se auto margina por sus inclinaciones homosexuales. Su hermana pequeña -Esmeralda Ortiz- comienza a sentir los deseos propios de la adolescencia.

Los tres son testigos de la brutalidad de Baturro -Enoc Leaño-, la pareja de su madre -Dolores Heredia-. Trae el dinero a casa, pero también es jugador y alcohólico. No duda en levantar la mano a la mujer y, cuando lo considera necesario, también a los chicos. Sin duda, el ambiente no es el más propicio para buscarse una vida digna. Por eso Cagalera sueña ganar un dinero fijo de forma decente y establecerse junto con Sugheili -Leidi Gutiérrez-, la muchacha con la que comparte los momentos más románticos.

Esa mezcla de estilos, y la definición que acompaña al guion y a la puesta en escena a la hora de decantarse por uno de ellos hace que la película narre un postulado interesante, pero que se pierda entre las ramas. Gel García Bernal aboga por una luz tenue y una fotografía casi granulada que ofrece un cierto aire de documental. Sin embargo, el conjunto se pierde en el localismo. Había muchas posibilidades para ilustrar con mayor acierto esta propuesta. Se ha optado por un ofrecer un aspecto más descarnado, quitando casi todos los aditivos y pecando de ausencia de ambición.

Xochimilco es famoso por su vegetación y también por los canales. Posee un vasto sistema para el transporte de agua construido por los aztecas y se puede navegar por ellos en barcas parecidas a las góndolas venecianas. En el film hay una presencia ínfima de esas zonas acuíferas prácticamente al inicio. También se habla del cerro, desde donde se ven las abigarradas luces de la inmensa Ciudad de México. No conocemos como se desenvuelven los habitantes de ese lugar y las razones de su enfrentamiento con los chicuarotes, palabra con la que también se identifica a las personas de carácter complicado.

El abuso y la pobreza marcan el entorno en el que se desarrolla este largometraje, que se nutre también de la violencia doméstica y, sobre todo, de la inseguridad en la que viven los jóvenes del país. No es necesario que aparezcan los cárteles de la droga para atemorizar a sus convecinos. Hay suficiente marginalidad como para no hincharla. Funciona muy bien el elenco, en el que figura Daniel Giménez Cacho como el actor más popular. Sorprende la capacidad que tienen los protagonistas para interpretar unos personajes que, seguramente, distan mucho de lo que son en la vida real. Ese es el mayor logro de García Bernal en una producción con mucha fuerza en su contenido pero que se pierde por su indefinición.

From → Cine

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