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Norman, el hombre que lo conseguía todo (Norman: The Moderate Rise and Tragic Fall of a New York Fixer) (***)

2 junio 2017

Norman Oppenheimer es un neoyorquino vinculado a pequeños negocios que se hace amigo de un político israelí. Tres años más tarde, cuando éste llega a la presidencia de su país, la vida del protagonista cambiará y, de paso, le obligará a replantearse todos sus actos y a tomar distintas decisiones.

Interesante personaje el protagonista de esta nueva historia de Joseph Cedar, escritor y guionista israelí, aunque nacido en Nueva York. Norman Oppenheimer se considera un asesor, ya sea de personas, empresas o corporaciones. En cierto modo, no es más que un conseguidor que intenta abrir puentes entre sociedades e individuos. Un buen día, se le ve detrás de un ministro israelí. Tras acercarse a él, termina comprándole unos zapatos de más de mil dólares puesto que el político no está dispuesto a invertir cifras abusivas para no dar una imagen de despilfarro ante los suyos. Acto seguido, Norman le invita a una cena organizada por un financiero de Manhattan de la que espera sacar buenos beneficios. Las cosas no salen como esperaba, pero tres años después, el que se considera su amigo regresa a la Gran Manzana convertido en presidente de su país y dispuesto a finar un histórico convenio de paz.

En ese lapso de tiempo se supone que Norman ha llevado a cabo diversas operaciones para subsistir, siempre con su abierto beige claro, su gorra y hablando constantemente por teléfono con los auriculares en sus orejas. La presencia de su amigo Micha Eshel –Lior Ashkenazi- en Estados Unidos posibilitaría un buen negocio para cualquiera de los magnates de la ciudad, y también para él. Advierte de sus planes a su sobrino Philip Cohen –Michael Sheen- quien, ejerciendo de voz de su conciencia, le advierte de los peligros de picar tan alto. Pero él se centra fundamentalmente en dos empresarios, Jo Wilf y Arthur Taub –Harris Yulin y Josh Charles-, mientras que el líder religioso de su comunidad judía, el rabino Blumenthal –Steve Buscemi-, le insta a que encuentre un donante de catorce millones de dólares para comprar el edificio y no ser desalojados de la sinagoga.

El puzle está conformado. Solo resta que se unan las piezas. Si consigue que Micha se reúna con alguno de los dos financieros, Norman obtendría sus particulares beneficios y seguro que la donación para la sinagoga. De esta forma, el rabino accedería a desposar a su sobrino con su novia oriental. El problema es que las dos personas más cercanas al presidente israelí, especialmente su Duby –Jehuda Almagor- su hombre de confianza, le bloquea el paso. Durante el período de negociaciones aparecerán otras dos personas que serán capitales en el devenir de los acontecimientos, una funcionaria que pertenece al departamento que se encarga de la expatriación a Estados Unidos de personas buscadas en Israel y viceversa, Alex Green –Charlotte Gaingsbourg-; y un hombre con aspecto de vagabundo –Hank Azaria-, con una tarjeta de visita semejante a la del protagonista en la que él se ve reflejado.

Este último encuentro representa para el protagonista una conmoción, como la posterior entrevista con Alex Green, aunque será el espectador quien vaya atando cabos sobre la personalidad y la penetración de un Norman Oppenheimer gracias al cual Richard Gere compone uno de los papeles más creíbles de su carrera, siendo la punta de lanza de un reparto brillante. A su personaje le conoce casi todo al mundo, por lo menos han oído hablar de él. Sin embargo, nadie sabe nada acerca de su vida. Si está casado, si tiene hijos, donde vive, o la forma en que obtiene su sustento.

Le vemos caminar por las calles de Manhattan, tomar algún que otro taxi y asistir a conferencias de las que puede extraer un rédito futuro. No queda claro de si su interés es puramente crematístico o ciertamente se encuentra a gusto y hasta necesitado de ayudar a los demás. Se ofrece siempre, aunque la resolución sea casi siempre imposible. Su sobrino le dice que es como un náufrago pidiendo ayuda a un trasatlántico, pero Norman insiste a lo largo de la película que él sabe nadar muy bien y únicamente le basta con sacar la cabeza a la superficie.

La cinta va ganando en interés después de un comienzo algo farragoso al que prosigue una continuación plana. Justamente en el momento en el que parece precipitarse comienza a elevarse para terminar con un buen sabor de boca. La partitura de Jun Miyake aproxima la historia a la comedia, pero no es ese el género definitivo de esta propuesta, que tiende al drama y conjuga, en su segunda hora de proyección la intensidad emanada de los intereses económicos con el thriller político y la aventura personal de un de un hombre al que la decepción puede llegar a derribar sus ilusiones. Joseph Cedar, según cada pasaje, alterna una puesta en escena pausada con momentos vertiginosos y propuestas arriesgadas con efectos visuales que, en general, no siempre logran el objetico propuesto.

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From → Cine

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