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Gernika (*)

9 septiembre 2016

En plena Guerra Civil española, una editora de la oficina de prensa republicana ubicada en Bilbao vive una historia de amor con un periodista norteamericano en horas baja.- Mientras, en Burgos, la aviación alemana se prepara para un bombardeo masivo, que concentraría en un día lo que normalmente se llevaría a cabo en tres jornadas.

La ciudad de Guernika simboliza el epicentro de la patria vasca, ya que en torno a su legendario roble se han dictado las leyes más importantes de su patria, y también el horror de la guerra, en buena parte, gracias al cuadro que Picasso pintó para la Exposición de París de 1937 por encargo del gobierno republicano. Aunque en principio, se atribuyó la destrucción de la ciudad a las fuerzas  asesoradas por la URSS, las publicaciones de algunos periodistas, en especial el artículo de George Steer en The Times sirvieron para demostrar al mundo la realidad de unos hechos a los que se debe responsabilizar a la Legión Cóndor germana y la Aviación Legionaria italiana.

En ese contexto, el  Koldo Serra nos muestra una historia de amor entre Teresa –María Valderde-, una editora de la oficina de prensa instalada en Bilbao, y Henry –Jack Davenport-, un prestigioso periodista norteamericano que, harto de episodios vividos, se ha entregado a la bebida y recrea la guerra según su realidad. Ella intenta  que el reporteo regrese a su estado de lucidez literaria mientras es asediada sentimentalmente por su jefe, Vasyl –Jack Davenport-, asesor soviético del gobierno republicano.

Es de suponer que el cine le debía una película al bombardeo de Gernika, pero tal vez no sea ésta. La primera vez en la historia que una ciudad de la retaguardia fue salvajemente bombardeada precisa de una revisión más profunda, de unos personajes más certeros y de una explicación más exacta que la aportada por este film. Bien es cierto que sus autores no quieren tomar partido y pretenden ser lo más asépticos posible desde el noticiario inicial, narrado por Hugo Silva que apoya una animación que no le hace ningún favor a una producción que se disparó hasta los seis millones de dólares.

No hay pudor en relatar el horror en los dos bandos. Lo mismo el cónsul soviético –Burn Gorman- dispara en la nuca a un periodista en una cuneta que, en una conversación con el coronel Wolfram von Richthofen, primo del aviador conocido como Barón Rojo, le dice un fascista que Franco quiere ir matando enemigos casa por casa. Lo que sí se pone de evidencia es que los dos bandos parecían auténticos títeres a merced de designios más altos.

No vamos a entrar en consideraciones históricas, aunque se aprecian algunas lagunas en la exposición, como que el lunes 27 de septiembre de 1937 no hubo mercado, como todos los lunes, ya que el alcalde, lo canceló ante la posibilidad de la retirada de las fuerzas para proteger Bilbao. Tampoco parece muy acertada la historia de amor, o el triángulo que conforman los protagonistas con el asesor soviético. No centran demasiado la atención del espectador, que espera una intervención armada que se hace esperar demasiado. El intento de Pearl Harbor a la española no ha obtenido los réditos necesarios.

Hay otros aspectos por los que destaca mucho más. En especial, la labor de postproducción, que hacen del bombardeo y sus consecuencias secuencias muy creíbles. También es loable el homenaje que se rinde a los periodistas que intervinieron en el conflicto. Se nombra a Ernst Hemingway y a Robert Capa, aunque el propio director aseguró que el personaje de María Valverde estaba inspirado en Constancia de la Mora, directora de la Oficina de Prensa Extranjera de la República, mientras que Ingrid García-Johnson interpreta a una fotógrafa que recuerda la participación de mujeres como Gerda Taro y Marta Gershon.

La cinta está rodada es castellano, inglés y euskera gracia a un reparto internacional, del que forman parte, entre otros,  Joachim Paul Assbök y los españoles Juan Villagrán, Ramón Barea, Alex García e Irene Escolar, que interpreta a Carmen, compañera de Teresa a la hora de proteger las informaciones de los corresponsales extranjeros. Sin embargo, la mayoría de sus personajes resultan contradictorios o poco elaborados. Hay reacciones y situaciones incomprensibles para la época, aunque la ambientación resulta cuidada y se ha conseguido obtener buenos planos de lugares reconocibles de Bilbao, como el ayuntamiento o el teatro Arriaga gracias a su buena conservación.

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From → Cine

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