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Ola de crímenes (*1/2)

5 octubre 2018

Muerte en Bilbao

Una mujer acude a confesarse y le cuenta al sacerdote que es la responsable de la ola de crímenes que tuvo lugar pocas fechas atrás en Bilbao. Comenzó con la muerte violenta de su ex marido y, de repente, se vio rodeada de una serie de hechos delictivos que desembocaron en el fallecimiento de otras ocho personas.

Una confesión, dos actores populares, un avance de comedia negra y una música jazz en medio tiempo. Promete efervescencia. El sacerdote no es otro que Javier Cámara, uno de los varios intérpretes reputados que gozan de una colaboración especial. Ella, demacrada e inquieta es Maribel Verdú, que insiste en el género después de Sin rodeos. La partitura es original del bonaerense Juan Federico Jusid. Hay que añadir que el guion es de Luis Marías, uno de los más destacados del panorama español y la dirección corre a cargo de Gracia Querejeta.

El resultado es una comedia que tiene más pretensiones de las que muestra. Propone un enredo dentro del cine de altura, pero las risas, unidas a la intriga y al drama pasional no permiten elevarse lo suficiente a esta producción. Lo más probable, porque su directora es bastante más afín a otros géneros y no termina de encontrarle el punto a esta historia que, además, se ha dejado las carcajadas en el fondo del cajón.

Hay mimbres suficientes para el entretenimiento, y la cinta debe triunfar en taquilla, pero acusa falta de ritmo por esa indefinición de que hablábamos, lo que al final sirve para que el espectador diga no está mal cuando tendría que salir muchísimo más satisfecho de la proyección. Nadie puede quejarse de los escenarios porque Bilbao luce, especialmente el puente de Getxo. Mucho menos de los actores. El reparto está muy bien escogido, aunque la mayoría sobreactuados y con alguna que otra concesión a Mediaset, la cadena que respalda el film, y ese es un punto más a su favor.

Leyre confiesa ante el cura que es la responsable de la ola de crímenes acontecida en la capital vizcaína. Quiere la absolución acompañada de su correspondiente penitencia y comienza a relatar los hechos. Su ex marido, Cosme –Luis Tosar-, regresa para recoger sus últimas pertenencias y anuncia que venderá la casa, lo que dejará a ella y a su hijo Asier –Asier Rikarte- prácticamente en la calle. Tras quejarse del comportamiento del chaval, éste le clava unas tijeras en el cuello.

Comienza entonces el desmadre, pero de forma contenida. Un Blake Edwards a la española sin el talento del responsable de Desayuno con diamantes. Vanessa –Paula Echevarría-, la esposa actual de Cosme se extraña de que no pueda localizarlo. También su abogada Susana –Juana Acosta-. Los tres comparten un negocio fraudulento que les ha permitido ganar mucho dinero pero que no desean que salga a la luz. Entran en escena la madre de Leyre y Evelyn –Montse Pla-, la inmigrante que la atiende. También Julen, el único amigo de Asier que se ha acercado a él porque está absolutamente enamorado de Leyre y dispuesto a hacer por ella lo que haga falta. Lo encarna Miguel Bernardeau, hijo en la realidad de Ana Duato y que tiene mimbres para convertirse en figura.

Con la denuncia de la aparición de Cosme y el posterior hallazgo del cuerpo, la policía comienza a investigar. Lo hace por mediación de Andoni –Antonio Resines- y su compañero Juantxu –Raúl Peña-, lo que obliga a Leyre y Asier a buscar una coartada. La madre quiere, ante todo, proteger a su hijo y de esta forma compromete a un taxista con ínfulas de actor. Raúl Arévalo da forma a un personaje con tan pocas luces como determinante en el desarrollo de los acontecimientos.

El asesinato de Cosme abre la espita. Le seguirán media docena más de muertes violentas que no desvelamos para mantener la intriga. En una propuesta coral, Meribel Verdú asume el cometido central y afronta, con escotes constantes y hasta exagerados, un papel lleno de matices que le obliga a sacar de su fondo de armario experiencias anteriores, como Y tú mamá también si atendemos a sus escenas con un joven mucho menor que ella. Sale con el rostro desfigurado por las palizas físicas, pero también eleva el tono como mujer fatal.

Hay ejemplos de comedias negras en nuestra filmografía que, con mucho menor respaldo económico, consiguen mayor rédito. La alta comedia se queda muy baja; la comedia negra, tiene demasiados grises; el drama no llega a emocionarnos; y la intriga, que posiblemente sea la parte que mejor funciona, se ve asfixiada por el resto. Aun así, como la idea tiene una base sólida, el resultado final es menor de lo esperado pero siempre más agradable de lo que sufre a consecuencia de su discontinuidad.

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